Nacidos entre las sobras - Sueños Oscuros, Libro 2

Capítulo cuarenta y dos

Espera.

En realidad, no tenía recuerdos de lo que había sucedido el día de la transformación, salvo esa escena de un lugar blanco. Temía lo que esas voces me dijeron, “Era tiempo de destruir la manada” se suponía que Grigori había terminado con los Cazadores que me torturaban, pero esto me hacía preguntarme si lo que habían estado haciéndome había tenido repercusiones. Pero esto no quería decírselo a nadie, me tomarían por loca. Así que decidí quedarme callada, y dejar que el tiempo fluyera.

Me sentía como en el castillo de los Bellator, el primer hogar de los originales. La historia de cómo surgieron las demás casas no me queda muy clara aun, seguramente algún día lo entendería. Había estado al pendiente de las cosas de la manada a través de videoconferencias y llamadas telefónicas, pero algo me decía que este periodo estaba por terminar. Yo era el Alfa de la manada, tenía que hacerme cargo de ella.

—La noto muy pensativa esta mañana —me dio Row cuando entro a la habitación.

Me encontraba sentada en la salita que estaba junto a la ventana.

—Temo que es momento de volver a casa.

—Sera peligroso con el señor Aleck en el estado en que se encuentra.

—Ahora puedo hacerle frente, y Tristán me aseguro una escolta permanente, además de mi guardián.

—¿Le informara a mi señor Grigori?

—Si… esta tarde.

Como de rutina Row mee reviso, aun no lograba ver al cachorro o cachorros. Según me había dicho yo podría hablarle de mente a mente, pero aún no lo había logrado. Es que esto de ser Lobo no venía con un manual exacto para hacer las cosas que ellos nacieron sabiendo. Esa tarde comí sola, Grigori tuvo que reunirse con su consejo.

Pero al anochecer regresó, yo lo estaba esperandolo en la biblioteca. Era un lugar acogedor con una chimenea gigantesca, más libros de los que había visto en mi vida. Así que me senté en el diván a leer un libro de Jean Austin.

—¿Cómo están mis mujeres?

—Descansando un poco.

Se acerco a mi dándome un beso.

—¿Ya cenaste?

—Si, Meylan preparo cordero. Estaba delicioso, ¡Mucho!

—Las cosas te saben distintas, en un par de semanas te llevare a tu primera caza.

Sentí una punzada en el corazón cuando dijo eso, le dejé que se sentara junto a mí.

—Grigori tenemos que hablar.

—Llego el momento ¿Verdad?

—¿Qué?

—Debes volver lo se, no me gusta la idea, no quiero dejarte ir. Pero hasta que abdiques, tienes que permanecer con tu manada.

No me gusto la tristeza que había en su voz.

—No quiero dejarte.

—Quiero pedirte la trasferencia de un miembro de tu manada a la mía, este tiene ciertas habilidades que me son necesarias en este momento.

—Claro ¿De quién se trata?

—De Aleck Slavik.

—Pero… el no querrá, está seguro de que debe estar conmigo.

—Lo sé, pero debe hacer lo que le ordenes, le guste o no. Tu eres su Alfa.

—Oh mi lobito bobito, eres un genio.

Entendí cuál era su plan, mantener alejado a Aleck de mi por lo menos durante el embarazo, una vez que naciera el bebé, ya no podría decir que era suyo y eso le daba tiempo a Gorigori de romper el vínculo que me unía a Aleck. Aunque no tenía idea de cómo iba hacerlo, además creía que era el vínculo lo que tenía trastornado al Lobo.

Me quede dos semanas más con él, el domingo de la última semana Aleck Slavik se presentó en territorio de la manada Cruz Dorada, por petición mía. Él creía que había ido por mí, que al fin podría regresarme a casa y estar a su lado jugando a la casita. Llego escoltado por su hermano y Dimitri, a ellos si les dije de que se trataba.

En un inicio no estuvieron muy convencidos de la idea de Grigori, pero en cuanto les recordé el acoso, lo agresivo que había estado y el embarazo, lo subieron al primer automóvil que encontraron y lo ataron para traerlo. Ahora me encontraba con ellos reunidos en el salón del trono, esperando el momento para decirle a Aleck de su transferencia.

—¿Cómo va el embarazo? —me interrogo Dimitri sentado a mi lado.

Aleck había permanecido distanciado desde que llego, el pretexto era que “tenía que estar alerta por que era territorio enemigo y no quería arriesgar a sus hijos”.

—Bien, dice Row que su energía de vida es muy fuerte.

—¿Aun no puede verlos?

—No Adrik, ni en un ultrasonido Humano aparece nada, solo se escucha el latido, pero no muy claro.

—Es hora de irnos no de estar cuchicheando —nos reprendió un muy molesto Aleck.

—Estamos esperando a Grigori, tengo que agradecer su hospitalidad, no soy una ladrona como para salir a escondidas.

De no haber sido porque en ese momento Grigori entro seguido de Meylan, Aleck se habría subido a las paredes.

—Disculpen por no recibirlos personalmente, estaba atareado con una solicitud de transferencia. Bienvenidos a mi morada —les explico Grigori recibiendo un sobre de manos de Meylan.




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