Nacidos entre las sombras -Dioses Ocultos, Libro 3

Capítulo tres

Oscuridad.

Grigori regresó exhausto a casa, eso había sido una de las crisis más violentas que había sufrido Alekssandra. Entendía su furia, él la experimentaba a diario. Según Meylan, Aleck trato de interferir argumentando que ella era su Alfa, pero entre ella y Dimitri lo dejaron fuera de combate, de nuevo y lo enviaron a casa.

De haber estado en su territorio seguramente le habría cortado las pelotas de una mordida, pero le había prometido Alekssandra que no lo lastimaría. Entró a su oficina quitándose su chaqueta, a su espalda Meylan.

—Deja de masticarlo y dímelo.

—¿A qué demonios te refieres mujer?

—Me permites ir a tu lado sólo por qué puedo contener a Aleck... Pero no me dejas opinar ni intervenir.

—Sigo sin entender tu pregunta.

—Eso lo que siento, que quieres interponerme entre Alekssandra y él.

—¡No hay un Alekssandra y él! Y creo que si sientes eso es por otra razón, la misma razón por la que le salvaste la vida esa noche.

—No existe ninguna razón.

Meylan se veía un poco apenada, se sentía como si hubiera sido atrapada mintiendo.

—Entonces deja de comportarte como una estúpida, no te estoy interponiendo y no te estoy utilizando.

—Me disculpa mi señor.

—No, esa disculpa es vacía. Cuando averigües lo que está pasando, cuando me des una respuesta, entonces y sólo entonces aceptaré esa disculpa.

—Eres más terco que yo.

—Si, eso es lo que dice Alekssandra.

—Si no necesitas nada más de mí, me retiro.

—Descansa.

Exhausto se sentó en la silla detrás de su escritorio, le preocupaba que en alguna ocasión mientras te la estuvieras sumergido en una de esas crisis oscuras, Alekssandra experimentará una propia. Tomó su celular y marcó un número que se sabía de memoria, quizá no era la hora más oportuna, pero necesitaba escuchar algo.

Aguardo al segundo timbrazo.

—Dime por favor que tienes un reloj.

—Si.

—Entonces, ¿Por qué maldición marcas a las 4 de la mañana?

—Porque a esta hora todos duermen.

—Exacto Grigori, todos duermen... Me incluyo.

—Deja de ser tan testarudo—. Grigori le escucho decir un sin fin de palabrotas, antes de responder de nuevo.

—Bien, ¿Qué necesitas?

—Registros, todos los registros antiguos que puedas conseguir.

—Los que oculto Isidro... No he podido encontrar su ubicación.

—El lugar más obvio para buscarlo sería el único lugar en dónde nadie pensaría encontrarlos, mi padre amaba a alguien más que a sí mismo... Destrozo la manada por ello...

—La tumba de su padre, no lo amaba, pero...

—¿Qué?

—sería el único lugar dónde no buscarías, el último lugar en el que pensarías, la tumba de Henrriette… en su diario habla de un mausoleo que levanto en su nombre el después de que ella desapareció, dice que le habría gustado que sus restos estuvieran allí, pero que no había sido posible.

—¿Comó no lo pensé?

—Porque el genio soy yo, idiota.

—¡Ewha!

—Me reprendes, pero no lo niegas.

—Deja de morderme las pelotas, te veré ahí al amanecer.

—Está bien de todas maneras ya me despertaste, dulzura.

Faltaban sólo un par de horas para que amaneciera, tenía un largo camino que recorrer. Le envió un mensaje al círculo interno, ellos lo veían ahí un poco más tarde. La tumba del primer Zaítsev no se encontraba en la casa de los Bellator, se encontraba en un territorio más al norte, a varios kilómetros de distancia se encontraba el bello mausoleo que habían levantado en “honor” a su madre. Lamentablemente ni este, ni el que estaba en el Vulpak tenía restos de Henrriette, esperaba algún día recuperarlos.

Elaborado con una arquitectura de estilo gótico, inmerso en el ultimo bosque, la estructura principal era sostenida por las 7 columnas de los dioses, que cargan un techo abovedado, adornado con arcos y detalles que representan a la raza de los Lobos. Unas escaleras de piedra conducen a la entrada, que parece estar abierta, invitando a adentrarse en la oscuridad que hay en su interior.

Rodeado por árboles altos y desnudos, cuyas ramas se extienden como dedos retorcidos hacia el cielo sombrío. El suelo y todo a su alrededor está cubierto de nieve, lo que acentúa la apariencia lúgubre y la desolación. La luz es tenue, creando sombras profundas que envuelven el lugar, y la atmósfera general es de solemnidad y antigüedad. La estructura se alza como un monumento solitario y enigmático en medio de la naturaleza invernal

Grigori se vio obligado a dejar el auto en la casa de los Bellator, de allí el resto de camino lo recorrió a cuatro patas. En la base de la montaña se encontraba una puerta labrada en roca, en la parte más alta un Lobo, Ewha estaba perezosamente recargado en la puerta.




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