Nacidos entre las sombras -Dioses Ocultos, Libro 3

Capítulo cuatro

Más oscuridad.

Grigori Zaítsev estaba sentado en la silla detrás de su oficina, sentía algo de calor. La oficina estaba ubicada en la montaña, aun no estaba terminada, pero ya era funcional. En su escritorio frente a él se encontraba el monitor de su computadora, a un lado enmarcados en plata la fotografía de Alekssandra, una fotografía de ellos juntos, y una cuando el círculo interno anterior cuando estaba unido y una del circulo actual. Su teléfono y un abrecartas que le había regalado un antiguo miembro de la manada, un montón de hojas y algunas carpetas importantes.

Comenzó a pensar en los errores del pasado, ya no veía como un error el haber perseguido a Alekssandra para hacerla suya. Pero si el permitir que otros decidieron por él, que lo manipulan a su antojo. Se suponía que él era el líder de la manada, debería ser el que diera las órdenes y no al revés. Permitió que metieran a los Cazadores hasta su cama, con Z. Lo que desembocó en todo este desastre, eso era algo que no podía perdonarse.

El zumbido comenzó detrás de su oído, como el incesante aleteo de un fastidioso mosco. Los latidos de su corazón comenzaron a aumentar, el aire se negaba a entrar en sus pulmones. El velo rojo característico de la Sed de Sangre comenzó a nublar su visión, sus colmillos frontales comenzaron a expandirse. Pero no estaba sufriendo el cambio de Lobo, esto era algo más, era algo que lo aterraba.

La última vez estuvo por saltar a la yugular de Meylan, afortunadamente ella tenía la habilidad de la fortaleza para someterlo. Aun cuando los de su círculo interno se encontraban en los alrededores, no quería llamarlos y ponerlos en peligro. ¿Qué ocurriría si la oscuridad esta vez lo tomaba con mayor fuerza y eliminaba su parte lobuna? ¿Qué pasaría si no podía detenerse y atacaba a la manada?

Haciendo uso de toda su fuerza se puso de pie, chocando con muebles y paredes logró salir de la casa. El aire del bosque le devolvió un poco la cordura, solo lo suficiente para transformarse en un Lobo. Salió corriendo el rápido como sus patas lo permitían, se dirigió al norte, a la cima de la montaña que ocultaba su casa. Ahí había descubierto una cueva, esta cueva descendía a través de una red de caverna al centró de la montaña misma.

La visión perfecta del Lobo fue suplantada por el rojo carmesí de la Sed de Sangre, aunque esto le era extraño, seguía teniendo el control perfecto de todo su ser. Quizá era su parte Cazadora la que activaba la Sed de Sangre o la oscuridad lo hacía funcionar de tal manera que pareciera estar enfermo. Corrió entre los árboles y las ramas, esquivo rocas y troncos caídos.

La cueva estaba solo a unos pasos, entonces sintió el peso de la oscuridad en su corazón, era algo que lo aterraba. Está lo llamaba el sentido contrario, le susurraba incesantemente que debía destruir a cada uno de los Lobos que estaban a su alrededor. Le gritaba que debía sacar de sus pechos del corazón latiente y devorarlo, entonces redobló su paso y se internó en la caverna.

Sus ojos no lograban ajustarse a la oscuridad, tropezón par de veces y percibió el olor de su propia sangre. Pero eso no lo detuvo, quería llegar a una de las charcas internas de la montaña. Sumergirse en el agua, dejar de escuchar eso susurros. Troto por quién sabe cuánto tiempo, hasta llegar al túnel que lo llevaría a la charca principal, una piscina de roca natural con agua caliente que emergía de las entrañas de la tierra.

Sin pensarlo dos veces y aun cuando sabía que la temperatura del agua sería elevada, se lanzó a ella. Lo caliente del agua y su calma, le regreso un poco de la cordura a su cabeza, su visión volví a ser normal, la Sed de Sangre había desaparecido. Pero había quedado un eco de sus incesantes susurros en su cabeza, pauta que le avisaba que el episodio aún no había terminado. De que si salía de ese lugar este se levantaría sobre él y nada le garantizaba volver a tener el control, así que opto por quedarse allí.

Un par de horas después salió de la charca aun transformado el Lobo, todo el pelo que cubría su cuerpo comenzó a caer dando le pasó a la tersa piel Humana. Sus fauces se contrajeron sus colmillos retomaron su lugar dentro de su paladar, sus garras comenzaron estirarse hasta formar los dedos, las uñas. Una vez que la transformación estuvo completa se dejó caer sobre el rico suelo de la tierra, la oscuridad era total en ese lugar, sin embargo, ahora con su visión de Lobo podía verlo todo.

Como humano nado un rato más, después se quedó sentado a la orilla del agua esperando a que las gotas que recorrían su cuerpo se secaran, entonces le surgió una idea. tenía que sumergirse en la oscuridad para poder emerger, tenía que dejar que el Cazador gobernara al Lobo para que éste le diera muerte o trabajarán en conjunto. Pero no podía permitírselo estando dentro de la manada, siendo aún el Alfa de la manada. Y, sin embargo, no podía abandonarlos, menos ahora que estaba tan cerca el parto de Alekssandra.

Si él tenía razón sería dentro de muy poco tiempo y tanto ella como su cachorra lo necesitarían. Entonces tenía que esperar, pero, ¿Si uno de estos episodios se presentaba cuando naciera su cachorra? Tan sólo pensar en la posibilidad de ponerla a peligro lo hacía sentir terror. Se suponía que él estaba para protegerla, para guiarla y amarla.

—¿Por qué demonios desapareciste?

—tenía que hacerlo, Meylan.

—¿Soy tu segundo al mando?

—Sí lo eres —no le sorprendió que la Loba lo hubiera encontrado, ella era una de las mejores rastreadoras de la manada.




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