Nacidos entre las sombras -Dioses Ocultos, Libro 3

Capítulo nueve

Origen.

Después de capturar a los renegados y casi al grupo completo que les perseguía, tuvieron que apresurar la construcción de las celdas y del laboratorio, con especificaciones técnicas y mágicas que no todos entendían. Ponerlo en marcha fue sencillo con la ayuda de la manada Cruz Dorada, solo hubo que explicarles a otros científicos lo que se debía hacer. De amera que en menos de dos años ya tenían dos laboratorios de estudio Venántium, pocos eran los que estaban renuentes a esta locura, pues estaban temerosos de una represalia por parte de los Cazadores.

Grigori tuvo un par de crisis de baja escala, el tener cerca a Alekssandra le ayudaba como nada más en el mundo. Sin embargo, seguía sintiendo miedo que un día todo se saliera de control. Se mantenía tranquilo cuando estaba junto a Alekssandra y su cachorra, Aleck trato de acercarse un par de veces, pero solo bastaba con llamar a Meylan y este desaparecía.

En el laboratorio, a la Cazadora embarazada la mantenían en una cúpula especial, ella no estaba atada o sedada. La tenían monitorizada, pero Grigori no había querido que ningún Sanador se acercara a ella. No quería que se repitiera lo que a él le había pasado, y que de forma accidental o no mataran a alguien inocente, no pensaba arriesgar a nadie. Pero, tenía que saber como es que eso era posible. Según sabia, ellos perdían toda facultad Humana, eran cascarones vacíos sedientos de “algo”.

Cuando entró a la habitación dónde estaba la cúpula, encontró a la mujer sentada en el sofá con un libro en las manos. Su cabello era castaño claro, otra diferencia del cabello oscuro de los Cazadores. Su mejilla estaba sonrosada, su piel parecía que se había bronceado recientemente. Entonces, pensó en la posibilidad de una trampa. Pero a los otros Cazadores que encontró, realmente buscaban a este grupo.

—¿Hace cuánto te convirtieron?

La mujer casi salta de su propia piel, no lo escucho llegar y no lo sintió como con el resto de los Lobos.

—Hace más de 93 años.

—¿Tienes pareja sentimental?

—Si, es Jacob, el que hablo contigo antes.

—¿Cuándo comenzaste a sentir?

—Nunca deje de hacerlo, así que hacer todas esas cosas… me destruían.

Grigori se acerco a ella, la mujer tuvo el impulso de salir corriendo. Este era el Lobo más aterrador que había visto en su vida, había algo en el que le gritaba “Huye, salva tu vida”.

—¿Cómo te involucraste con ellos?

—Mi esposo… íbamos regularmente a la iglesia, allí se hizo amigo de un tipo. Al tiempo comenzó a portarse extraño, frio. Una tarde volvía del mercado… encontré a mis tres hijos muertos, recostados en un enorme circulo de fuego… —ella no pudo continuar.

—Le llaman “Porta inferni”, es la única forma de conectar con la Necrópolis… un portal por si decirlo, es un acto depravado y maldito que requiere sangre y carne inocente.

Él se sentó frente a la mujer, la observaba con sus gélidos ojos azules casi blancos.

—Mi amado esposo entrego a toda su familia, nunca se arrepintió…

—Él, ¿Dónde está?

—En el grupo que nos perseguía, ha tratado de darme muerte por años, Testarosa nos había separado, pero desde que la manada se dividió ella se ha vuelto un poco más loca. Esta trayendo a todos los Cazadores a la Necrópolis, no sé con qué fin.

—¿Dónde está la Necrópolis?

La respuesta a esa pregunta era crucial, esto les podría ahorrar meses de trabajo.

—No lo sé… no puedo ubicarme bien, desde que quede embarazada, es como si mi conexión con ellos se estuviera rompiendo.

Grigori frunció el entrecejo, esto si era algo nuevo, nunca encontró a un Cazador que pudiera cortar su conexión con la Necrópolis.

—¿Crees que alguno de ellos lo sepan?

—Jacob, él te lo dirá… Si consigues saberlo, entonces… ¡Mátalos a todos!

—Quedarían ustedes en pie.

—No dejes Cazador vivo —se limpio las lagrimas que comenzaban a salir con el dorso de su mano —Ninguno.

—Lo prometo, pero…

—¿Quieres echarme un ojo? —lo interrumpieron una socarrona sonrisa —¿A que soy un fenómeno?

—O la respuesta para salvar a los que no perdieron su alma.

Ella asintió, eso ultimo le gusto, mucho.

—Me llamo Henrriette.

—¿Es broma?

—No… la Cazadora que me creo me nombro así, llevo su nombre.

Tanto el Lobo como el hombre sintieron un vuelco en su corazón al recordar a su madre.

—¿Henrriette Zaítsev?

—¿La conoces?

—¡Por los Dioses! Ella, es mi madre.

—¿Tu qué?

—Ella no era un Cazador, ella era como yo. Mitad esto, mitad aquello.

—¿Es por eso que soy así? ¿Por eso puedo sentir? ¿Por es no perdí mi alma?

—¿De tu grupo hay alguien más que ella…

—¿Convirtiera? Si, a los 13 que veníamos… todos los de mi grupo… y a muchos cientos más, podría decir que miles.




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