Iguales.
—Buenos días dormilón, ya estábamos preguntando cuando despertarías.
Aleck volvió su cabeza, en la cama contigua estaba Grigori.
—¿Cómo llegamos aquí?
—Después de salir del Valle de la muerte, la manada detuvo el circulo de los Dioses y estábamos tan agotados que nos trajeron cargando como si fuéramos cachorritos.
Con algo de trabajo se sentó en la cama, el lado derecho del rostro le ardía y sentía que su cuerpo había pasado por una licuadora.
—¿Se termino? ¿Ella no va a volver?
—Nunca… ¿Te diste cuenta de cuantos esbirros tenía a su merced?
—¿Te diste cuenta de que aquellos a los que les dimos muerte estaban allí esperando a cobrar venganza y esta puta fue a organizarlos?
—Pero, ¿Te diste cuenta de que les hicimos saber que también allí podemos ponerles un alto?
Aleck se tapó la cara exasperado.
—Grigori, eres…
—¿Un Lobo muy apuesto? ¿Vas a declararme tu amor?
—¡Insoportable! Grigori, insoportable.
Ambos rieron y sintieron que el peso que habían estado cargando se disipaba, entonces sus miradas se encontraron.
—¡Por los Dioses, Aleck!
—Se ven peor de lo que se sienten.
El rostro de Aleck estaba surcado por tres rasguños desde su frente, pasando por su ceja, su ojo y su pómulo derecho, terminando cerca de su oreja. Por fortuna su ojo estaba bien, no había sufrido daño.
—¿No pudiste ser más rápido?
—¡¿Rápido?! Tu dejaste que esa bruja me atacara, y te esperaste tirado en el suelo.
—Estaba tratando de controlar a los esbirros.
—¡Ya los tenías en tu control! Solo querías descansar, tienes una cola muy holgazana.
—¡No! Eso es mentira.
Ambos continuaron riendo, cuando la puerta de su habitación se abrió. Un grupo de cuatro Sanadores de los Lobos, venían dispuestos a corroborar que estuvieran bien. Ambos hombres se quedaron en silencio, solo observando. Cuando uno de ellos estaba por tocar el brazo de Grigori, este gruño.
—¡Largo!
—¡Pero mi señor! Solo venimos a asegurarnos que estén bien —le indico el Sanador.
—No… traigan a Gaütin o a un médico Humano.
—¿Señor?
—¡Hagan lo que les digo!
Los cuatro Sanadores salieron casi corriendo.
—¿Grigori?
había autentica preocupación en su voz.
—Cuando volví del coma… una antigua Sanadora, una que sabia de mi “otra personalidad” … cuando trato de sanarme, el Cazador rechazo su magia… la mate. No quiero más inocentes en mis patas.
—Bien, es bueno saberlo. Haré una nota mental a cerca de no dejar que los Sanadores se me acerquen...
Después de eso la puerta se abrió nuevamente, entró Alekssandra con su inmensa barriga y su difícil andar. Se movió lo más rápido posible a la cama dónde se encontraba su pareja. Este la ayudo a subir a la cama y la envolvió en sus brazos. Detrás de ella entró Meylan, quien no quito los ojos de Aleck para nada.
—Mi señor, ¿Se encuentra bien?
Alekssandra y Grigori la observaban divertidos, tanto ella como él tenían la mirada en el otro.
—¿Crees que se dirigió a mi? —le susurro Grigori a Alekssandra.
—Difícilmente diría lo contrario.
—Estoy bien Meylan, gracias.
Ella se giro para quedar de frente a Aleck.
—¿Cómo estás?
—Bien —le respondió desviando la mirada.
—¿Qué te ocurrió?
—Nada.
Grigori fue el único en darse cuenta de que el ambiente alrededor de Aleck había cambiado, ahora era más inestable, peligroso. Quizá enfrentaría una crisis similar a las que el enfrentaba, después de todo ese era el pecio por haber estado en el valle de la muerte, entonces solo le quedaba hacer una sola cosa.
“Entra por las mujeres ahora y que nadie se acerque a esta habitación” —le ordeno Grigori a Zaítsev.
Este se movió tan rápido como la habilidad de un espectro le permitía, saco a las Lobas y cerró la puerta. Grigori se puso de pie, con calma y sintiendo que su cuerpo había sido armado de nuevo despues de un violento paso por la licuadora, llegó hasta Aleck.
—Tienes que calmarte.
—Estoy tranquilo.
—No, no lo estas y estas por experimentar una crisis oscura.
—¿Qué? —Aleck estaba terriblemente sorprendido.
—Tienes que relajarte, estas reuniendo energía oscura, y pronto deberás liberarla.
—¿Qué? ¿Cómo hago eso?
—Solo sigue mis instrucciones, la crisis pasara rápido.
—Bien.
Grigori hizo que Aleck se sentara en medio de la habitación, le indico paso a paso lo que tenía que hacer. Sintió un poco de envidia, él no tuvo a nadie que le guiara, todo lo aprendió solo. La energía en la habitación comenzó a crepitar, los muebles vibraban, el viento se cargo de algo. Aleck sentía que su pecho estaba por estallar, entonces a la orden de Grigori libero todo eso que se había acumulado.