Nacidos entre las sombras -Dioses Ocultos, Libro 3

Capítulo trece

Inesperado.

Para el momento en que los cuatro atravesaban el umbral de la puerta del hogar de los Alfas, Grigori se movió tan rápido que literalmente desapareció de su lado. Estaban asimilando ese hecho, cuando notaron algo peculiar, olor a sangre. Los tres se pusieron en guardia, Dimitri cambio a su forma de Custos. Al adentrarse en los pasillos el aroma se hacia más intenso, en la puerta del fondo, la puerta de la habitación principal estaba, Aleck, Meylan, Zaítsev.

—¿Qué ocurre? —interrogo en un gruñido Dimitri.

—Alekssandra ha entrado en labor, los Sanadores iban llegando cuando apareció Grigori, estaba por buscarle —respondió Zaítsev.

Los seis Lobos se quedaron en silencio.

—He ordenado a todos los de elite, antiguos o guerreros disponible se apostarse en zonas estratégicas, estar alerta hasta el alumbramiento, después apostaremos vigías y sombras —comento Zaítsev.

—Bien… bien, eso suena jodidamente bien —Murmuro Adrik.

El nacimiento de un cachorro siempre era un acontecimiento extraordinario en la manada, protegían a la madre y al cachorro con sus vidas, de ser necesario y se mantenía cerca en caso de necesidad. Por ello, en una ocasión en que Luna, la pareja de Ewha tenía problemas con su alumbramiento, Grigori acudió a ella, él era un experto partero, además de que su energía como Alfa aportaba algo que a los Sanadores, médicos o resto de parteros de la manada no.

En menos de tres minutos la casa de los Alfas se llenó y rodeo de un número considerable de Lobos, Latentes y algunos Humanos que los consideraban del circulo interno. Todos podían escuchar los gritos de dolor de Alekssandra, las palabras tiernas y calmadas de Grigori. podían escuchar a los Sanadores trabajando, para ayudarle a que su cachorro naciera.

Nacería una bola de pelos, como es normal en cualquier alumbramiento de un Lobo, atípico de un Humano. Alekssandra, en su forma de Lobo le daría la oportunidad de nacer a sus cachorros, después los cuidaría y amamantaría, hasta que el cachorro comenzara a convertirse en humano. Las cosas serian extrañas, pero interesantes para ellos.

En un momento de la noche, todos se tensaron al escuchar al Sanador en jefe que solicitaba la ayuda de Grigori, todos pensaban que había algo mal. Pero no fue así, segundos después de eso se escucho el llanto de la cachorrita, la manada entera estallo en jubilo. El alumbramiento había sido difícil, pero, había salido todo de forma correcta.

Para la mañana del tercer día, las puertas de la habitación de los Alfas se abrirían, los miembros de la manada podrían conocer a la cachorrita. A casi nadie le tomo por sorpresa que Grigori estuviera en lo correcto, que fuera solo un cachorro y que fuera hembra. Los primeros en entrar fueron Zaítsev, Adrik, Aleck, Patricia, Iris, Dante, Dimitri y Margarita.

La habitación estaba muy bien iluminada, los grandes ventanales tenían sus cortinas abiertas, en medio se encontraba la gran cama de dosel, dónde estaban recostadas Alekssandra y su cachorrita, Catherine. Una pequeña bola de pelos de color blanco, tenía los ojos cerrados y dormía con la panza al aire, muy cerca de su madre. Grigori acariciaba el pelaje de Alessandra, tumbado de medio lado con ellas.

—¡Soy abuelo! —murmuro Zaítsev acercándose a la cama.

Alekssandra abrió los ojos para observarlo, pero volvió a cerrarlos, disfrutando de a caricia de su pareja. Zaítsev con cuidado tomo a la bola de pelos que se retorció un poco en sus manos, sus ojos se abrirían hasta dentro de un par de días, al igual que sus oídos.

—Con cuidado papá, es un cachorrito.

—Es tan pequeña como tú eras, solo que más pelo blanco que el tuyo. ¡Gracias a los Dioses que todo salió bien!

—Gracias a los Dioses —repitieron todos acercándose a ver y sostener a la cachorra.

Aleck se mantuvo alejado, no entendía las emociones que estaban creciendo en él. Entendía el odio hacia Grigori, pero no la alegría y dicha de que su hija estuviera bien. El pensaba que en ese momento estaría frustrado, furiosos, subiéndose a las paredes para atacarlo. No sostuvo a Catherine, no se sentía correcto, no se sentía él mismo.

—Grigori, Alekssandra… quiero pedirles que me permitan se el custodi animam de Catherine.

La propuesta de parte de Aleck, tomo por sorpresa a todos, excepto a Grigori.

“¿Qué es eso?” —interrogo Alekssandra por el canal telepático común.

—Quiere ser su padrino —respondió Grigori, poniéndolo en términos simples.

“Oh, bien… Meylan será su madrina”.

La sonrisa de los Alfas contrasto con la confusión del resto y el color rojo en el rostro de Aleck, quien casi dejo de respirar.

—Si esa es su decisión mi Alfa Alekssandra, así será —respondió Aleck tratando de sonar normal.

“En la tradición Humana, los padrinos están casados… ¿Es igual con los Lobos? —interrogo Alekssandra.

Grigori casi suelta una carcajada al ver el rostro serio y casi blanco de Aleck.

—No anima mea, no es una tradición, ni siquiera tienen que conocerse.

“Oh, es una pena… harían una bonita pareja” —todos en la habitación rieron menos Aleck.




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