Búsqueda.
Después de treinta días de espera, Aleck Slavik y Grigori Zaítsev estaban por salir del Valle de los Lobos, pero no se sentían listos para emprender el viaje. No era porque no confiaran en sus capacidades como guerreros, era por todo aquello que dejaban en su hogar, su familia, sus amigos, su corazón. Saldrían acompañados de un grupo de treinta y seis Lobos, este grupo sería el que se encargaría de cazar Venántium hasta encontrar la Necrópolis.
El grupo fue escoltado por familiares y amigos, todos en silencio, sintiendo pesar en su corazón por lo que estaban por enfrentar. Entonces Grigori decidido revelar su plan, uno muy pensado y difícil.
—Hermanos míos, este día comenzaremos la caza del enemigo que nos ha perseguido, herido, atrapado, torturado, experimentado y matado por siglos. Salimos treinta y seis Lobos, fuertes y capaces, dejan hijos, esposas, esposos, amigos… en el trayecto a la Necrópolis se nos unirán algunos más, que nos acompañarán, pero conforme estemos acercándonos, deberán irse separando del grupo y volver a casa.
El alivio y la duda fueron generalizadas.
—¿No iremos todos a la Necrópolis? —interrogo alguien.
—No, les necesito para encontrar el camino a ella, para sacara esos bastardos del camino, pero mientras más cerca estemos menos de nosotros deberán seguir el camino, cuando la llegada al mundo de los Cazadores se inminente, solo el señor Slavik y yo estaremos allí.
—¿Qué ocurrirá una vez que ustedes entren a ese lugar? —interrogo Patricia Caballero.
—La conexión de la manada recaerá en Alekssandra, tanto Aleck como yo bloquearemos nuestras conexiones con los Lobos. Siempre que intenten contactarnos, verán un muro rojo.
—Del otro lado solo habrá oscuridad, la oscuridad de los Venántium —continúo explicando Aleck —La salvaguarda funcionara de una manera en específico… en cuanto el muro comience a teñirse de negro, es señal de que estamos… de que la oscuridad es más fuerte. Si el muro se vuelve negro…
—Desalojen los Vulpaks y los Dens, muevan a toda la jodiada manada a lugares a dónde no pueda alcanzarlos…. Sálvenlos, sálvense —dijo Grigori sintiendo terror de que eso fuese a pasar.
—No —respondió un Lobo, un guardián de elite de la casa de los Custos. Ethan, un Lobo que conoció la noche en que Isidro fue atacado.
—Tienen que mantener a salvo a la manada —le corrigió Grigori.
—Mi señor, con todo respeto. No existe lugar en el universo lo suficientemente oculto para que usted no pueda encontrarnos, el tiempo que usted este en ese lugar, intensificaremos nuestro aprendizaje de los Cazadores, desarrollaremos armas, lo que sea necesario. Quizá muchos caeremos tratando de detenerlo, pero al final lo aremos volver a su hogar.
Un nudo se atasco en la manada, esto era ellos, juntos eran invencibles.
—Además, usted es el Lobo Cazador, no hay nadie igual ni más poderoso, usted volverá a casa —le informo uno de sus Lobo muy seguro de sí.
Le habría gustado hablar sobre eso con Verona, pero ella le dijo que veía tantos futuros que no se atrevía a decir que uno de esos era el exacto.
—Agradezco la confianza… son seres maravillosos… entonces llegó el momento de partir… un Lobo es fuerte.
—La manada es invencible —le respondió la manada entera, en voz y telepáticamente.
Grigori se acercó a su mujer, ella sostenía a su cachorra en brazos. Esta lo seguía cautelosa con la mirada azul ártico, aún era un montón de pelos. En unos veinticuatro meses, quizá sufriría su primer cambio.
—Cuida a mi pulgosa —le dijo a Alekssandra tomando a su hija en brazos, esta comenzó a lamerle la cara.
—Cuídate Grigori, necesito que vuelvas pronto, yo no se controlar a esta bestiecilla tan bien como tú.
“¡Mami! —escucharon los dos por un canal telepático exclusivo de ellos tres.
—Obedece a tu madre Catherine, en todo.
“Si, papi”.
Abrazo a su pareja con su hija entre ambos, le agradaba esa ventaja de los cachorros, la comunicación telepática, el aprendizaje era casi desde la concepción, en el caso de Catherine, se dio en los últimos tres meses del embarazo. Peor no quería pensar en lo que se perdería nuevamente, quería hacer esto, de manera rápida para volver a casa.
El grupo saldría en varios convoys de camionetas y motocicletas, debido a que llevaban un laboratorio portátil, celdas y áreas de tortura, también portátiles. Esto era algo que ni Venántium, ni ellos mismos habían intentado jamás. No habían tenido motivos, ni siquiera el querer acabar unos con los otros habían sido tan fuertes.
Al final de la caravana en un todo terreno negro, iban Grigori, Meylan, Dimitri y Aleck. No permitió que nadie más de los que le rodeaban directamente vinieran, pues los necesitaba haciendo su trabajo a la cabeza de la manada con Alekssandra. Necesitaba que ella fuera fuerte por ambos, porque no tenía idea a que se enfrentaba o que tendría que soportar y ella era su todo.
—Gran jefe.
—¿Qué ocurre? —le respondió desde el asiento trasero, ella era la que conducía por el momento.
—¿Confías en la información de Jacob?