Nacidos entre las sombras -Dioses Ocultos, Libro 3

Capítulo dieciocho

Mensaje.

Dante Landeros estaba más que furioso, pero sentía que se había fallado a si mismo, sobre todo en el momento en que su amada esposa le había pedido a Grigori participar en la cacería de los perros del este. Pese que él había protestado, que había dado miles de argumentos razonables, de porque no debía participar y tenía que volver al Primer Den para su seguridad.

Grigori se había reído de él y lo había llamado, “viejo Lobo de mar”. Entonces solo le quedo aceptar que ella participara, si, él la había entrenado, le había enseñado todo lo que sabía… pero eso no era suficiente. Por esa razón se dirigían de nuevo a territorio ruso, específicamente a la antigua casa de Yurik Vladik. Necesitaban alguien con la experiencia en batalla, en muchos tipos de batallas.

Era increíble como un evento como este había “unido” a las manadas, aun que fuera de manera temporal. Pero, esperaba que esta tregua momentánea, se convirtiera en la razón por la que la manada volvería a ser una.

—¡Escupe ya ese hueso, Dante!

—No estoy de humor.

—Se que temes por mi, pero… necesito hacer esto, es por la manada —. Le sentencio tratando de que entendiera su punto.

—¿Qué crees que le pasara a la manada si te pasa algo?

—A la manada nada, pero tu eres otra historia… ¿Has pensado que va a pasar si algo te sucede y estas lejos de mi? —la voz de Iris salió algo estrangulada.

Ella se acomodo en el asiento del copiloto, recargando su cabeza en la ventana.

—Lo siento amor, es solo que…

—Se que soy como una cachorra, pero necesitamos todas las patas posibles trabajando en esto, de otro modo su venganza podrá ser devastadora.

Dante se percato de que no había tomado en cuenta esto, él solo querría a salvo a su mujer, sin importar que… hasta ahora. El resto del camino lo condujeron en silencio. Hicieron algunas paradas para descansar, comer y las necesidades básicas de Humano y bestia. tenían temor de adentrarse en la manada de Grigori, pero no tenían opción, además se suponía que él ya les había avisado y tenían un salvo conducto.

Como esperaron, atravesaron el territorio de la manada Cruz dorada sin contratiempos. Se dirigieron al norte a la casa de Yurik, esperando que este ya tuviera un plan. Eran cerca de las cuatro de la tarde cuando se adentraron en el territorio de Vladik, el bosque frondoso y aterrador les dio la bienvenida. Ninguno de ellos había estado antes aquí, así que todo este territorio era nuevo para ellos.

En las escaleras de la imponente mansión de la época de los Zares, allí se encontraban cuatro Lobos perfectamente vestidos y peinados. Era como si fueran a una elegante fiesta, en cuanto detuvo el todo terreno, estos se acercaron a ellos. Dos por el lado del piloto, dos del lado del copiloto. Uno de ellos golpeo la ventanilla ligeramente con los nudillos, para indicarles que la bajaran.

—Bienvenidos señores Landeros, mi señor Vladik los espera en el salón azul, ha organizado una pequeña fiesta de bienvenida.

—Gracias, pero no estamos vestidos para la ocasión y no considero que….

—Dante, no desaires a nuestro anfitrión —le interrumpió su esposa —Además, no sabemos cuándo tengamos la posibilidad de hacer una de estas… ¿Pueden prestarnos un cambio de ropa? —les interrogo a los hombres de Yurik.

—Fue una de las ordenes de mi señor, síganos.

Los llevaron al lado oeste de la propiedad, en dónde les habían preparado una habitación, dónde encontrarían la ropa para la fiesta. Les indicaron como llegar al salón azul y los dejaron solos, la pareja de Lobos se dio una ducha rápida, para vestirse y salir a ver a su anfitrión. Disfrutaron su camino por ese lugar tan antiguo, los colores en sus paredes, las pinturas, las esculturas.

Disfrutaron el ir y venir de otros Lobos, Latentes o Humanos que paseaban por el lugar, todos les daban la bienvenida, como si de viejos amigos se tratara. Le hicieron sentir que la manada no había sufrido una terrible separación los últimos años, Dante pensó en los miles de veces de desacato las ordenes de Grigori, solo porque sentía que podía hacerlo.

Lo respestaba como su amigo, su hermano y un líder por sí solo. Pero, siempre hubo algo que lo hizo desobedecerle después de que la manada se fracturo. tenía la certeza que era eso, la separación. Para muchos de los Lobos había sido como si sus padres se hubieran divorciado y su padre se hubiera ido de casa, llevándose a su hermano.

Estaban dolidos, sabían que ellos habían provocado eso, sabían que él era el menos culpable y aun así no dejaban de culparlo inconscientemente. Sin darse cuenta llegaron al salón azul, Iris estaba maravillada por todo lo que había en la casa, la música era suave, permitía a las personas hablar sin tener que gritar.

En la puerta, recibiendo a los invitados estaba Yurik Vladik la leyenda de su gente, quien había sido vencido solo por el Alfa Grigori Zaítsev en dos vergonzosas veces. Eso le daba a Grigori un aura de misterio y poderío extra y a Yurik la posibilidad nuevos enfrentamientos para perfeccionar sus técnicas.

—Iris, Dante sean bienvenidos a mi morada —les saludo con una genuina sonrisa, extendiendo una mano hacia ellos.

Dante fue el primero en estrechar su mano, seguido de Iris.




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