Legión
Grigori Zaítsev estaba arrodillado en la biblioteca con el cuerpo de su cachorra en sus manos, la voz que le culpaba era de él mismo, en la entrada de la biblioteca se encontraba su yo más joven. La imagen jovial del chico de cabello negro, de mirada triste, Frederick Von der Rosen.
—¿Qué dijiste?
—Todas las desgracias en tu vida han sido por tu propia culpa —. Con cuidado dejo a su cachorra en dónde la encontró, le dio un beso antes de alejarse de ella.
—Explícate —le ordeno ocultando por completo sus emociones.
—Gabriel… ella no habría muerto si tu no la hubieras arrastrado a nuestro mundo.
El bastardo tenía un punto, pero…
—Ella sabia quien era yo, sabia lo que era y aun así decidido que valía la pena arriesgarse.
—Bastardo… la muerte de nuestros padres, de no haber llegado a ellos estarían con vida —ese había sido un golpe bajo —Henrriette, nuestra madre… le permitiste seguir con vida solo para que la convirtieran en un monstruo y trabajara para ellos.
Grigori no pudo articular una réplica.
—¿Nada? Por ti, nuestra madre se vio obligada a matar a Isidro, quien fue un padre para nosotros —Grigori noto extraña esa referencia, pero no dijo nada —Atacaron a Iris, a Dante le arrebataste todo lo que tenía como si le odiaras y a Alekssandra, nuestra alma casi pierde la vida… perdió su memoria, la remplazaste por una zorra… pero no pudiste dejarla ir, tenías que sembrar tu semilla en ella. Y ahora, tú con tus garras la mataste, le diste muerte a la única persona que te dio luz en tu oscuridad —le grito Frederick furioso.
—No te equivocas, así son los hechos.
Su respuesta confundió a Frederick, Grigori no demostraba sentimiento alguno.
—¿Lo aceptaras así? ¿será todo? ¿Qué hay de nuestro padre?
—¿Nuestro padre?
—Los dioses lo enviaron a cuidarnos y le has dado muerte.
—Le di muerte a mi padre, un espectro enviado por los dioses…
Grigori comenzó a recordar cada evento de su vida, uno a uno. Si, había tomado malas decisiones, pero el resultado de estas no había sido solo su responsabilidad. Siempre hubo alguien allí, siempre hubo una mano meciendo la cuna. Isidro, la Alianza del este, los Venántium… Pero, Zaítsev era un espectro.
“No puedo morir, yo ya estoy muerto” —recordó que su padre alguna vez le dijo, él era un espectro un “fantasma”.
—¿Cómo matas un fantasma?
—¿Qué? —. había confusión real en todo el ser del joven, y algo más debajo de eso.
—Vamos Frederick, tú me culpas de todas esas muertes, cuando sabes que han sido muchas más. Pero, me llama la atención que me culpes de la muerte de alguien que no puede morir.
—¡¿De qué mierda hablas?!
—¿Esto es real? O ¿es producto de alguna droga que encontramos en el bunker?
—¿Cuál bunker?
Grigori abrió los ojos encontrándose con una mujer de rasgos fuertes frente a él, ella estaba tan cerca que podía notar las motas en el iris de sus ojos.
—¡¿Qué demonios?! —grito la mujer dando un paso atrás, realmente asustada.
—¿Quién eres tu? —gruño Grigori, dándose cuenta de que estaba sentado en la silla eléctrica del cuarto blanco.
Nunca había dejado el bunker, los habían drogado, seguramente con alguna neurotoxina que generara alucinaciones y sobre todo que sacara de ellos sus más oscuros temores. Reviso el lugar con la mirada, se vio obligado a hacer un barrido mental. Las cosas estaban así, la manada no estaba en el bunker, se encontraba solo y había más Cazadores que en ningún otro lado.
—¿Cómo te liberaste? —le interrogo la mujer.
“Aleck, ¿Dónde estás?” —interrogo por la muy exclusiva senda telepática.
“¿Grigori? ¿Dónde estás?”.
“¿Qué? En el bunker, hay una mujer aquí y muchos Cazadores”.
“Eso no es posible…” —la conexión telepática se cortó.
Grigori volvió a centrar la mirada en la mujer, había visto esos rasgos y esa mirada antes.
—Testarosa, la madre de los Cazadores.
La mujer estaba más allá de la sorpresa, por primera vez sintió miedo.
—¿Cómo te liberaste señor de los Lobos?
—Soy mitad esto, mitad aquello…. Tus trucos no funcionan en mi, ¿Dónde estamos? —usando la fuerza de su gente rompió las ataduras de la silla.
Analizando las cosas, había pasado algo así: cayeron en una trampa y por alguna razón su gente se largo del lugar dejándolo solo. Necesitaba saber que paso, y como era que estaba frente a la madre de los Cazadores. Necesitaba saber si su plan se había arruinado y si realmente la manada había caído, necesitaba saber muchas cosas y solo podía contactar con Aleck. Pero, dudaba que este le fuera de ayuda en este momento.
—Estamos en mi bunker, quiero saber ¿Dónde están mis cosas? ¿Por qué has ido por allí y robando mis cosas?
—¿Tus cosas? —Grigori se puso de pie, la mujer era un poco más alta de estatura que su mujer.