Enemigos.
Las cartas habían sido repartidas y el juego por el destino de la manada estaba por comenzar. Los golpes que Grigori y su equipo le habían dado a la Alianza del este o a los Venántium, estaban siendo notorios apenas para estos dos grupos enemigos. Que lo único que tenían en común, era su ferviente odio a la manada, sobre todo a Grigori. Sin embargo, estaban dispuestos a destrozarse el uno al otro, una vez que la manada desapareciera.
Aun cuando aún estaban lejos de encontrar la entrada a la Necrópolis, estaban en el camino correcto. El primero en notar que algo se estaba moviendo debajo de las sombras fue Tylor Landeros, la forma en que algunos miembros de la Alianza se habían desconectado de su red telepática, había sido poco común.
Pero no podía suponer nada, muchos Lobos habían sido asesinados a manos de sus propios socios, no era la primera vez que pasaba ni la última. En alguna ocasión considero utilizar a Lobos infectados con la Sed de sangre. Pero esos Lobos ya no eran controlables, no se podía establecer un vínculo telepático óptimo. Simplemente habían dejado de ser funcionales y, se habían convertido en bestias.
Él nunca había considerado traicionar a la manada, amaba a su familia, amaba su mundo. Pero, su padre lo involucro lentamente en el asunto de la Alianza. Incluso iban a reforzar esa Alianza con su vinculación y la de la primogénita de Ewha Zerrato, cosa con la que había estado en desacuerdo, pero… nunca pudo decirle que no a su padre.
Su padre quizá había sido la principal causa de sus problemas, un hombre con un carácter complicado, que no estaba conforme con nada. Sus hijos eran simplemente un constante recordatorio de las cosas que salían terriblemente mal. Les decía “Error 1, 2, 3…” nuca hubo un abrazo, una palabra de aliento. Ellos siempre buscaron ese cariño, como Lobos lo necesitaban.
Competían entre ellos para agradar a su padre, las competencias eran tales, que en ocasiones se lastimaban casi hasta la muerte para lograrlo. La peor parte de su vida, fue el día que su hermano menor se entero de todo, Dante había sido su cómplice, su roca. Ver la desilusión en sus ojos por las cosas tan terribles que estaba haciendo junto a su padre, fueron la muerte.
No pudo recuperarse, para cuando Grigori los expulso de la manada, se percato de el grave error que había cometido. No había nada que pudiera hacer para revertirlo o conseguir el perdón de la manada. No sabia el verdadero objetivo de la Alianza, ni su verdadero origen, hasta después de que fueron expulsados. Los siete líderes de la Alianza del este, se habían reunido en su casa, dónde estuvo presente.
La Alianza se había creado con el único fin de servir como perros de choque, la primera vez que Isidro Taftian los uso, fue para darle muerte a su propia hermana. Los agito como una jauría de perros y los lanzo sobre ella, después fue la captura y muerte la Humana Gabriel, quien vincularía su vida a Grigori, la tercera vez fue a muerte de los padres adoptivos de ese Lobo.
Al principio pensaba que Grigori se merecía todo lo que le había ocurrido, que tenía que pagar con creces el haber expulsado a su familia de la manada, obligándolos a ser unos parias. Sin embargo, nunca apoyo realmente a la Alianza. Unos años después, Grigori en coma, Alekssandra perdida y la puta Alianza no pudo aprovechar esa oportunidad de oro para hacerse del control absoluto de los bienes de la manada.
No, lo desaprovecharon como principiantes. Tuvieron una segunda oportunidad con Zirith Velikov, pero la muy puta tenía que infectarse de la Sed de sangre y buscar su propio beneficio. Estuvo bien que Alekssandra le diera muerte a la cosa esa que la perra trataba de crear, pero fue la salida completa para la Alianza o cualquiera de ellos.
Entonces se dio cuenta de que no tenía a dónde volver, ni oportunidad de hacerlo. Pero, él era un excelente estratega. Entonces, solo necesitaba deshacerse de los siete, incluido su padre. Una vez que tuviera el control de la Alianza del este. tenía una posibilidad de destruir a la manada entera, quizá dejar solo a su Alianza, entonces, solo entonces podría llenar ese vacío en su interior.
Un Cadillac negro se detuvo frente a las puertas de hierro forjado a mano de 1929, el chofer bajo el cristal de la ventanilla y pulso el intercomunicador.
—El señor Landeros está aquí.
Un timbre sonó y la reja de dos aguas se abrió automáticamente, ese lugar había sido su residencia personal hasta hacia unos cuatro años. Cuando decidido llevar a la Alianza a un nuevo nivel, pero, no fue el hecho de engañar a los estúpidos Humanos con su “Manada del este”, no, fue algo mucho más arriesgado.
El auto se estaciono un par de minutos después, la mansión era antigua, tanto como la reja. Sus escaleras en forma de herradura daban el acceso principal en la primera planta, toda la hermosa fachada elaborada de roca blanca, tallada a mano. Sus grandes ventanales, y su cúpula superior le daban un aire de distinción y algo del continente europeo.
El chofer le abrió la puerta, Tylor Landeros se apeó abotonando el botón superior de su saco de su traje Amosu negro, hecho a medida.
—Espera en el auto, no tardare.
—Como ordene mi Rex Regum.
Subió las escaleras con calma, más calma de la acostumbrada. La puerta central de madera antigua y cristal estaba abierta, lo que quería decir que ella lo estaba esperando. Odiaba esas reuniones, pero eran necesarias para mantener las cosas en calma. No importaba que al final, él saltaría a su yugular enviándola al Valle de la muerte.