Nacidos entre las sombras -Dioses Ocultos, Libro 3

Capítulo veintidós

Preparativos.

Iris Martínez pareja de Landeros estaba sentada en el escritorio en la gran oficina de Yurik Vladik, estaba revisando los datos que recién habían llegado de las propiedades de la Alianza del este. Se había percatado que todas las propiedades habían sido compradas bajo un nombre, Isidro Taftian, estúpidamente la Alianza no había hecho algún cambio de propietario, lo que quería decir que todo eso pertenecía madamas ni menos a Grigori Zaítsev Taftian, el sobrino biológico.

Por ordenes del mismo heredero la manada podía tomar posesión de las propiedades y venderlas o desaparecerlas en trámites burocráticos tan enredados o engorrosos, que tardarían una eternidad en tratar de recuperarlas. Los recursos monetarios eran otra cosa, eran recursos grandes, los habían ubicado en algunos lugares que estaban en contra de Grigori. Pero no de Alekssandra o al revés. Recuperar esos recursos sería un poco más complicado, pero no imposible. Los Lobos tenían muchas armas debajo de la manga, lo último que usarían sería la compulsión.

Hubo instituciones bancarias que estuvieron de acuerdo en decomisar esos activos, siempre y cuando pudieran hacer tratos con la manada real. Aun si, había dos o tres países que no estaban de acuerdo con lo que la manada hacía, puesto que estaban con la Alianza. Pero sabían que ganarse a la manada como enemigos era peligroso, prefirieron mantenerse neutrales.

Muchos de los datos que habían adquirido, había sido mediante la ayuda de Yurik, incluso de Adrik. Sin duda el nombre de esos dos antiguos aun pesaba mucho, Cross también les enviaba toda la información que podía conseguir. Era un trabajo extenuante, pero la tecnología lo facilitaba en mucho, además que les recordaba que esto lo estaban haciendo para salvara la manada de una vez por todas.

—Es curioso.

—¿Qué es curioso niña? —le interrogo Yurik, que quien sabe cuanto tiempo llevaba en la oficina.

—¡Yurik! Por el amor a los dioses, casi me matas.

Iris se llevo una mano a su pecho, en realidad no le escucho llegar, sentarse, ni siquiera lo pudo pervivir.

—Perdona, pensé que te habías percatado de mi presencia, he estado aquí más de una hora.

—¿Una hora?

—Si.

—Debiste decirme algo.

—Lo hice.

—¿Sí?

—Si, pero, ¿Qué es curioso?

Iris trato de recordar si le dijo o no algo para llamar su atención, pero solo tenía los datos de la computadora en su mente.

—La Alianza del este ha movido recursos hacia México, al norte de ese país.

—Grigori esta en el centró, según se… ¿Tylor se encontrará allá?

—Pues siguiendo el patrón de gastos que hace y la forma en que lo hace, sí.

—Me molesta que oculten tan bien su rastro.

—Si, pero es un hombre de patrones. así fue como encontré su rastro, siguiendo esos patrones.

—¿Cometido un error?

—Pequeño, pero uno.

—¡Eres un genio!

—Gracias.

Adrik guardo silencio meditando la información que Iris le había proporcionado, después pensó en aquella época en dónde había sido amigo de Tylor. Fue un poco antes de que se comprometiera con aquella mujer, fue una tristeza que esa Humana muriera de tuberculosis. Tylor era como su hermano, un Lobo noble, con un corazón inmenso. Pero su padre, él era cruel. Tylor soporto castigos terribles con tal de que no tocara a sus hermanos, sobre todo a Dante.

Siguió los pasos de su padre con tal de alejarlo de sus hermanas, de alejarlo de su madre. Tomo la maldad y la oscuridad de su padre como propia, recordó la primera vez que ellos se enfrentaron. Su padre había secuestrado a un par de Lobas, en realidad cachorras de no más de trescientos años. Pretendía usarlas y después desaparecer la evidencia, una de las familias haba acudido a él para rastrear a las pequeñas.

Las encontró en una de las casas de seguridad, pero jamás espero encontrar a Tylor allí. La mirada de su amigo había cambiado, se veía vacía, como si hubiera muerto por dentro. El joven mismo le revelo que su padre le había obligado a violar a dos de ellas, si no lo hacia sus hermanas remplazarían a esas mujeres y se las entregaría a los Cazadores.

No podía permitirlo, trato de ser gentil, trato de que no recordaran ese dolor. Pero después de él vinieron otros, a ellos no les importo nada. Una de las chicas logro liberarse, mato a uno de sus agresores antes de que se quitara la vida. Yurik no podía creer lo que Tylor había hecho. Sabía que había otra manera de detener a su padre, sin embargo, prefirió no hacerlo y cumplir con las insidiosas ordenes de este.

Yurik tuvo que usar sus garras para sacar a las dos Lobas, para recuperar el cuerpo de la tercera. La marca de garras que le había dejado en el pectoral izquierdo a Tylor, solo había sido un recordatorio de que ahora eran enemigos. Extrañaba a ese chico de sonrisa fácil, de mirada honesta. Le costaba trabajo creer que se había convertido en un monstruo, que prefirió ese camino que acudir a él para desaparecer a su padre.

—¿Yurik?

—¿Si, niña?

—Solo que parecía que tu mente se fue lejos.




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