Percepciones.
El ruido de los cubiertos golpeando sobre platos, cortando carne o llevando sopa del plato a las bocas, no estaba haciendo otra cosa que provocarle el vomito Siempre estaba asqueado de ese mundo, de las personas a su alrededor, de lo que eran, de en quienes se habían convertido. Pero no podía ponerse de pie y salir del lugar, no podía correr kilómetros y perderlos.
Desde su puesto en la cabeza del gigantesco comedor, digno de los reyes de antaño, observaba a todos esos zánganos que vivían a costa de lo que le habían robado a la manada. Trabajando para llenar sus arcas, no por el bien común como lo haría un Lobo. Se sintió aun más asqueado cuando recordó que ahora era él el que los dirigía, eran sus pasos los que seguían.
En su plato, el cordero asado seguía intacto. El vino en su copa era lo único que pasaba por su garganta, quiso recordar una época diferente, una época en dónde realmente era él. Evoco a su memoria tierras lejanas, de la casa noble de los Bellator. Rostros vinieron a él, en especial de quien fuera su mejor amigo, Yurik Vladik. Se conocían desde cachorros, fueron hermanos de nodriza.
El chirrido de la puerta del comedor lo saco de sus pensamientos, un Lobo al que había estado esperando por fin se dignaba a aparecer. En silencio se puso de pie y se dirigió a este, quien lo siguió en silencio hasta su oficina. Una biblioteca hermosa, perfectamente diseñada, con dos niveles y miles de títulos en sus estanterías.
—¿Los encontraste? —le interrogo apenas serraron la puerta, para que nadie fuera pudiera escuchar.
—Solo dos, dos están en manos del perro ese.
—De manera que de los siete diarios corruptos, ¿Solo tengo dos? ¿No pudiste recuperarlos otros?
—Tres de los Prime, han desaparecido de la fas del mundo, quizá su retorcida enfermedad los mato.
—Esas son excusas Marcus, te envié por esos malditos diarios por una puta razón.
—Mi señor… se esta haciendo cada vez más difícil acercarse a territorio de la manada… ellos siempre están alerta… ese perro es astuto, ha encriptado todos los datos de la manada de una manera indescifrable.
—No tienes que decirme cosas que se… ¿Qué ocurrió con los dueños de los diarios corruptos?
Esto hizo que Taylor se sintiera más frustrado de lo que ya estaba.
—Fueron difíciles mi rey, pero al final murieron.
—¿Tenían idea de lo que significaba el sello?
—Jo Seung creía que era un conjuro de control, tan poderoso que podría someter a uno de nuestros dioses por un corto periodo de tiempo.
—¿Tenía pruebas?
—No, lo lamento mi señor.
—Bien, déjalos en el escritorio y retírate.
Marcus Marcial hizo lo que Tylor Landeros le ordeno, salió de la oficina dejándolo allí. Tylor se dirigió a la pequeña salita que tenía en medio del enorme lugar, había sabido de los siete diarios corruptos por su padre. Pero Jo Seung y Marcus se equivocaban, no era un hechizo o conjuro de control. Era una llave, una llave que le daría acceso a un poder ilimitado.
Isidro Taftian y seis de sus seguidores habían encontrado la manera de acceder a ese poder, pero este poder los había llevado directo ala enfermedad de la Sed de sangre. Sabia que Testarosa estaba buscándolos, ella misma le había dicho. Creía que si podía acceder a esa llave, el poder de los Cazadores ascendería a niveles inimaginables y tendrían el poder para destruir todo.
También sabia que Grigori los estaba buscando, sabia que tenía el de Isidro Taftian y el de la Reina de los Lobos. Pero no podía permitir que esos diarios cayeran en manos de sus enemigos, no podía permitir que ellos tuvieran esa clase de poder. Entonces tenía que encontrar los tres libros restantes y recuperar los que estaban en manos de ese charlatán.
—Nadie debe saber que los tengo —murmuro —“Eliminalo” —emitió la orden mental a uno de sus más leales Lobos, el único que se pondría delante de un tren en movimiento si se lo ordenaba.
Para el amanecer, no habría rastro de Marcus Marcial, se aflojo la corbata antes de dejarse caer en el diván. Una Loba entró a la oficina, ella era de estructura pequeña, cabello risado, piel bronceada. Siempre vestía de rojo, esa noche no era la excepción, solo que lucía un atuendo provocador.
—Mi señor, no ha cenado nada.
—No tengo hambre Adriela —le respondió recargándose en el respaldo y observándola con calma.
Ella se acerco y se sentó en el suelo a su lado, recargo su cabeza en la pierna de Tylor.
—¿Hace cuanto que no sale a cazar mi señor?
¿Cazar? Oh, si. Recordaba esa parte de su vida, esa actividad que amaba…
—Hace mucho, mi hermano Dante era un cachorro cuando fui de cacería por última vez.
—¿No lo extraña? Hace una vida no lo veo en su forma de Lobo.
Su Lobo, algo en lo que ya no podía convertirse. Pero, nadie debía saber eso, nadie debia saber el precio que estaba pagando por mantener la Alizna con los Venátium.
—Lo hago en privado, es todo.
—Mi amado señor, ¿Ha existido alguien que atrapo su corazón?