Nacidos entre las sombras, libro 1

Capítulo veintisiete

Corazones.

—Me duela o no, estoy de acuerdo.

—Mentiroso.

—¡No estoy mintiendo y lo sabes!

¡OH sí! Su aroma decía otra cosa, decía que cada palabra salida de su boca era una flamante mentira.

—Iras por mí en cuanto las cabezas de tu familia caigan, no serás más amigo del que sentenció y ejecutó a tu padre y hermanos.

—¿Por qué estas siendo tan cruel?

—¿Cruel? ¿A caso no me conoces?

—No entiendo que quieres decir Frederick, no tenemos nada que discutir en este momento.

—¿No, Dante? ¿Qué hay acerca de la muerte inminente de tu padre y hermanos?

Me di cuenta del dolor que mis palabras causaban a mi mejor amigo, tenso su mandíbula y apretó las manos en puño hasta que su piel se puso blanca. Sus ojos se llenaron de lagrimas, que se negó a derramar.

—Esa fue mi decisión y debes de respetarla, aun cuando soy cruel, tu eres mi hermano aun cuando no tengamos la misma sangre… solo estoy siendo realista. ¿Qué habrías echo tu en mi lugar?

Dante desvío la mirada al escritorio que estaba entre nosotros.

—No rompería….

Sabía que, si rompería nuestra amistad, también que trataría de vengar a su familia y se convertiría en un traidor. ¿Cruel? Si era cruel, era un hijo de puta. Pero… no tenía opción, eran ellos o mi familia, mi gente, mi pueblo. No, no iba a arriesgar a la manada, por nada ni por nadie.

—¿Cuánto tiempo tardara ese nudo en cortarte el flujo de oxígeno al cerebro, Dante? Sé que, si no saltas sobre mí y me arrancas la cabeza, iras por ella… y sabes bien que eso, no lo puedo permitir.

—¿Quién piensas que soy?

—Eres Dante Landeros, un Bellator tan poderoso como cualquier antiguo, y tan peligroso como cualquier depredador… y justo en este momento, estoy jalando tu cola en dirección contraria a donde deseas ir… ¿Qué supones que ocurrirá?

Sin previo aviso o señal de que fuese hacerlo, tomo una de las figuras de Lobo de platino que estaba en el escritorio y la lanzo directamente a mi cabeza, un solo segundo después salto sobre mí. Sentí como si mi cráneo se partiera en pedazos cuando la figurilla me golpeo, el aroma a sangre llego a mis fosas nasales de inmediato. Pero, cuando me arrollo… fue como ser estrellado contra un muro de carga por una locomotora.

El primero de sus golpes impacto en mi mandíbula, el gusto a sangre vino de inmediato. Solo pude girarme tomándolo por el cuello y entrelazando mi brazo con el suyo en una muy efectiva llave de yudo. Lo gire y lo estrelle en el escritorio, para someterlo. No quería herirlo físicamente, no había nada que pudiera hacer para revertir las cosas en su situación familiar.

—Termina esto Dante, ahora, antes de que tenga que hacerte más daño del que te he causado.

Forcejeo, gruño y pateo. Acerque mi boca a su oído, tratando de contenerlo y no dejar expuesto mi cuello.

—Termínalo, Dante…

—¿Cómo pudiste sentenciar a mi familia a muerte? Eres su Alfa, se supone que deberías guiarlos, tratar de… no de matarlos… no debes matarlos…

Sus gruñidos y gritos se convirtieron en lágrimas, en suplicas que me rompían el corazón.

—No sé qué hacer, Dante. Su muerte te causara dolor, pero de no hacerlo amenazaran a Iris, y seguramente…

—Ni lo digas— Me interrumpió ahogando sus sollozos. —Jamás Frederick, siquiera insinúes que la pondría en ese riesgo. Tienes razón, no…

Lo libere de a poco, sintiendo como su cuerpo se iba relajando, lo deje que se pusiera en pie.

—Ellos se convirtieron en una amenaza para la manada.

—No había visto lo que estaba poniendo en riesgo al pensar solo en mí. Me duele, pero no haré nada en tu contra. Aquí y ahora te reitero mi lealtad.

—Mi lealtad es para contigo, mi hermano.

Tendí mi mano y él la estrecho, me volví a ver a Dimitri.

—No voy a hablar mi Rabdos.

Sabia que si no metía mi garra en la situación de los Slavik, jamas tendría paz y estaba seguro que en algun momento el hijo mataría a su padre. Era demasiado el rencor que desprendía Dimitri cada vez que estaba cerca de Adrik. Podía entenderlo, ahora era la clase de repudio que sentía hacia aquel que considere mi padre por tantos siglos, pero era lo que teníamos ahora y tenia que asegurarme de que avanzara.

—No quiero que hables pulgoso, quiero que escuches— Dimitri solo se limitó a observarme en completo silencio. —Adrik se vinculó con tu madre y estaba dispuesto a unir su vida a ella, pero… ella no era mujer de un solo Lobo…

—¿Crees que no lo es? ¡Esa puta me crío!— Me interrumpió en un gruñido. —Dejo que sus hombres Lupinos o Humanos me golpearan, que me usaran como su chivo expiatorio, me golpeo y casi me mato. Mientas tanto ¿Qué hizo el señor Slavik?

—Sobrevivir, Dimitri.

—¿Qué demonios?

—Te are una pregunta, ¿Te has vinculado alguna vez?

Vi la forma en que su mandíbula se tensaba, su mirada nunca abandono la mía.

—No, hasta ella.

¡OH! Ella, Patricia Caballero.

—¿Podrías compartirla no con uno, sino con decenas? ¿Permitirías que Dante o yo tomáramos a tu mujer solo porque ella lo desea así?

Su respiración se aceleró, al igual que los latidos de su corazón.

—Jamás.

—¿Qué te hace pensar que Adrik hubiese respondido lo contrario?

—¿Qué hubo a cerca de mí?

Esto no me correspondía, pero alguien debía dejarle en claro una sola cosa. Si bien Adrik no había sido su padre en el sentido estricto de la palabra, había hecho mucho para sacarlo del abismo en que su madre lo había metido.

—¿Recuerdas el verano del 412?

—No entiendo que tiene que ver eso…

—¿Qué ocurrió ese verano, Dimitri?

—Mataron a Ela, mi madre.

—Adrik volvía de Siria, Grigori... mi padre lo acompañaba… llegaron al hogar de la manada en esos años, y te vieron, corriendo por la calle solo con un par de cientos de años en sima… un cachorro. Sangrabas y corrías pidiendo ayuda, pero nadie te prestaba atención. Detrás de ti Ela y un par de sus amantes, ebrios, con tu sangre en sus manos.




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