Padres.
Enero, febrero y marzo se me escurrieron entre los dedos, en medio de un torbellino de batallas, de problemas, enfrentamientos, perdidas y conflictos, pero también de una inesperada paz, armonía y hermandad. Habíamos comenzado a ver las solicitudes de ingreso, las estudiantes, de los nuevos trabajadores, de los posibles nuevos negocios, en conclusión de todo. El trabajo era inmenso, más del que jamás se había hecho.
En las próximas vacaciones nos dirigiríamos al antiguo hogar de la manada, a plantear el Vulpak. Las conversaciones preliminares habían sido buenas, nos han aceptado de muy buena gana, no por ello confío ciegamente. Sigo teniendo miedo de que nos traicionen y se vuelvan en nuestra contra, de que tanta amabilidad tenga un alto costo para nosotros.
—¿Amor? ¿A dónde te fuiste? Ya no me estas poniendo atención.
—Perdóname anima mea, sólo pensaba en algunos menesteres.
—¿Qué ocurre, Frederick?
—Todo Alekss, todo... Esto es algo que jamás se había vivido y no tengo una maldita guía, me siento como un colonizador...
—Pues, de hecho, entre la manada he encontrado con expertos en logística, administración, plantación, tecnología.
—¿Qué sugieres?
—Arma tú propio equipo de profesionales, permite que se integren contigo, el Vulpak y la manada.
—¿Porque eso nunca se me ocurre a mí?
—Porque estás pensando en otras cosas amor, en cosas como: la seguridad de la manada, el Vulpak, los Cazadores, los Humanos y nosotros, ... Son muchas responsabilidades amor, debes delegar algo. Eso no te ara menos Alfa.
Sin duda ella tenía razón, ese sería el siguiente pasó. Buscar a los expertos, delegar cosas, concentrarme en otras. En ese instante una idea surgió cabeza, la creación de un hacia centro de control o algo similar. Ahora me emocionaba pensar en esa nueva posibilidad, regresar a mi tierra natal era otra cosa que me entusiasmaba, hacia siglos no estaba en mi tierra natal, hace siglos no veía sus valles nevados, sus ríos helados y a las manadas hermanas de Lobos que corren libres en su territorio.
—Alekss…
—¿Qué ocurre lobito?
—Ya estas con eso, esa influencia negativa de Adrik... voy a abrir un Vulpak en Siberia y lo voy a mandar allí, a él solo.
—Sé que en el fondo lo admiras.
—Muy en el fondo y no se lo digas, ¡he!
—Claro que no, pero, dime ¿Qué ocurre?
—¿Te quedaras siempre a mi lado, sin importar que pase?
—Solo mientras tú me quieras a tu lado.
Entonces la abrase y la bese, porque no podía decirle nada, no podía, no debía decir nada. Sus labios eran cálidos, húmedos… Pero estábamos en la oficina, así que tomo más del control que tenía en separarme un poco de ella.
—Bien… eso… ¿Cuándo irán al ayuntamiento?
—¿Qué?
—Alekss, el proyecto del consejo de Las Hijas de Lyra.
—Haaa!! Eso, si… aún no se. Pero, eso no era lo que ibas a decirme o ¿sí?
—No, quiero preguntarte ¿Vendrías conmigo a Rusia?
—¡Claro que sí! Pero, ¿Qué pasa con mis actividades?
—No te preocupes, será en las vacaciones largas.
—Y… ¿Será un viaje meramente de negocios?
—¡Alekss!
—¿Qué?
La sangre se agolpo en sus mejillas tiñéndolas de rojo, era una imagen inocentemente erótica. Dulcemente mía, solo mía. Estaba por besarla otra vez cuando mi celular sonó con un tono muy característico, y sí que era inoportuno. Me aleje un par de pasos de ella antes de corroborar de dónde provenía la llamada.
—¿Podrías ser más oportuna?
—Buen día solecito, ¿Te interrumpí?
—No Henrriette, claro que no.
—Deja ese tono sarcástico jovencito, soy tu madre.
—Cosa que me recuerdas a diario, ¿Qué se te ofrece esta vez?
—Es para que nunca lo olvides… Necesito verte en persona, tenemos que hablar.
No podía alejar mi vista de Alekssandra, sentada en el escritorio con su sonrisa en los labios, inclinando su cabeza ligeramente a la derecha.
—¿Dónde?
—En donde… en donde le di muerte… a tu padre.
—¿Por qué allí?
—Porque es necesario… hijo, yo…
—No digas nada Henrriette, te veré allí esta noche.
—Gracias.
Corte la llamada sintiendo un vacío en la boca de mi estómago, como si fuese a devolver la comida. Solo conocía esos detalles por Adrik y Aleck, no sabía si quería estar en ese lugar, pero estaba seguro que mi parametría se pondría como loca, debía concentrarme en no sentir nada del pasado, nada que me pudiera influenciar. Alekssandra se acercó a mí, colocando una de sus manos en mi pecho y acariciando mi cabello con la otra.
—¿Estas bien?
—No… Mi madre biológica es un Venántium, mato a mi padre biológico… Mi tío, a quien ame como un padre, me entrego a una amorosa pareja que él mismo mato… No sé, realmente de donde provengo. No tengo claro de dónde soy…
—Eres Frederick…
—Ese ni siquiera es mi nombre— La interrumpí en un susurro. —Me llamaron Grigori como el Lobo que me engendro.
—Mírame lobito.
Ella ya conocía esa historia, lo habíamos discutido un sin fin de veces. Tuve que hacer lo que me ordeno, centre mi mirada en ella.
—No me importa cómo te llames, puede ser caramelito, solecito o Grigori. Eres mío, eres mi Lobo, eres mi Alfa, eres mi pareja, eres mi amigo. Perteneces a la manada, eres parte de una familia que en si misma jamás te dejara solo, sin importar que. Nos perteneces, ¿Me escuchas? Me Perteneces.
Fue en este momento en que supe que había hecho lo correcto aquella noche, cuando pensé que estaba con alguien más, y por vez primera le dije que la amaba. Ella tenía razón, no importaba quien me había engendrado, criado o cuidado. Era parte de una familia, una manada.
—¿Te he dicho que te amo? — Le interrogue abrazándola.
—No en unos veinte minutos.
—¿Tanto?
—Si.
—Te amo Alekssandra Vasíliev.
—Te amo pulgoso.
Puntual como me gusta ser, esa misma noche salí del Vulpak, lamentablemente no solo. Me acompañaban los gemelos Slavik y el mismo Dimitri Ruso, este último era quien manejaba. El ambiente dentro de la camioneta era tenso, Dimitri no le quitaba los ojos de encima a su progenitor. Me estaba cuestionado si era buena idea meter a esos dos machos en un lugar tan cerrado, por un par de horas, quiza si, pero no estando yo presente.