Hermana.
Mikahil no era cómo debería ser un Lobo, su cuerpo casi decrepito, su rostro surcado de arrugas, su pelo gris y su barba tan larga que le llegaba al estómago. Además, se encontraba sentado en esa inmensa silla de ruedas, por otro lado, su esposa en el pasado debió ser muy, muy hermosa, hoy... La vida la abandonada, dejando tras de sí un cascaron marchito.
Por razones de salud, Mikahil no podía trasladarse a la casa de Adrik, así que nos vimos forzados a mover a Iris una vez más, dentro de la cámara e inducida en el coma psíquico. Su casa, un digno palacio de antiguos Zares, un auténtico museo de la vida de los Lobos. Arte, alfombras, estatuas, lámparas, muebles, todo hecho siglos atrás por manos licanas. Cuando entre por las enormes y pesadas puertas, fue un golpe, en el buen sentido, a todos mis sentidos. Hacía siglos que no me encontraba en un lugar así.
Fuimos conducidos a una habitación inmensa con una extravagante cama de dosel en medio de la habitación, las cortinas de la cama estaban cerradas, pero el aroma me indicó que una mujer descansaba allí. Mikahil nos esperaba sentado en su silla junto a la chimenea, cerca de él un par del Lobos que seguramente eran sus hijos.
—Bienvenido seas a mi morada— Nos saludó Mikahil en forma enteramente ritual.
—Agradezco tú hospitalidad.
Nos indicó que nos sentáramos en el sillón que estaba frente a él. Sólo Dante y yo aceptamos la oferta. Adrik y Aleck se acercaron a saludarlo de una forma más personal, pero Mikahil nunca apartó su mirada de mí.
—Es un honor tenerlo en mi casa, mi señor.
—El honor de conocer a un antiguo es mío, Mikahil, pero está no es una visita social.
—Ah, sí la joven Latente.
—¿En verdad puede hacerse? — Interrogo Dante con temor en su voz.
El Lobo sonrío de una forma que me dijo que estaba completamente seguro de lo que hablaba.
—Ellos, muchos de mis hijos... A lo largo de mis siglos tuve muchas compañeras Humanas y Lupinas. Pero, nunca pude soportar la pérdida de ninguno de ellos— Se giró un poco y señaló al Lobo a su derecha. —Este es mi hijo, hijo de Humanos, su padre murió a manos de los Cazadores, su madre y el vinieron a mi hace siglos...
—¿Un humano? — Interrogue en un hilo de voz, porque de pronto no podía enfrentar la enormidad de sus palabras. —¿Un humano?
—Sí mi señor, Sergey era humano, antes de que tú nacieras.
Mi corazón, mi mente y todo dentro de mí se quedó quieto. Sergey Iliev había sido humano, sin gota de sangre lupina en sus venas. Sí Mikahil había hecho semejante proesa en el pasado, entonces... Mi ánima mea....
—Antes de pasar al salón oscuro con nuestra hermanita, quiero que hagamos un trato.
—¿Qué? ¿De qué diablos estás hablando?
—La versión corta, una antigua Loba se hace llamar la reina de los Lobos, está en contra de los Taftian y se ha unido a la Alianza del Este, ahora amenaza a mi familia y a todos los que seamos fieles al Alfa. Tú me ayudas con mi problema, yo te ayudó con el problema de mi señora Vasilíev.
El aire en el lugar estaba enrareciéndose, porque me estaba costando trabajo respirar. Me levante en silencio, mostrando una fortaleza y una seguridad que en ese momento estaba muy lejos de sentir. Estreché mi mano con la de Mikahil para que nuestro trato quedará cerrado.
—Bien, ahora vamos a ayudar a nuestra hermana.
Yo solo podía pensar en un solo ser en todo el universo en, Alekssandra.
Los gemelos Slavik la despertaron a Iris del coma psíquico, pero continúo durmiendo. Sabíamos que sentía dolor en cada momento, pero esperábamos que está fuera la última noche de ese tormento. Cuando entre en la habitación ambas estaban dormidas, mire a Alekssandra, y entonces pensé en las palabras de Mikahil. ¿Qué pasaría sí está vez fuera yo quién perdiera esa batalla? No tengo la fuerza que tiene Dimitri o los Slavik, tampoco tengo sus conocimientos o su poder.
—Parece muy triste amor mío.
Alekssandra me miraba como si yo fuese el mayor tesoro del mundo.
—Estoy preocupado anima mea, una nueva amenaza surge sobre nuestras cabezas.
—¿Temes no salir avante?
—Temo perder más de lo que puedo afrontar.
Alekssandra levanto su mano para que la tomara con las mías, pero por un segundo no quise acercarme a ella. Cuando por fin tomé su mano, sentí sus dedos caídos, suaves y su sonrisa casi logro ponerme de rodillas.
—Está bien tener miedo mi lobito, está bien estar asustado y ser precavido, eso te mantendrá a salvo. Pero, debes confiar en que no te enfrentaras a ello tú sólo, siempre estaremos a tú lado.
Sentí un vuelco en el corazón, ella quería, era parte de nosotros, como manada, como amigos, como familia, como mi compañera.
—Tendré eso en mente anima mea.
—Sí un día lo olvidas, entonces sólo ven a mí para que te lo recuerde.
—Sí mi amor, así lo aré... Ahora quiero pedirte que te quedes aquí, debemos llevarnos a Iris a la sección con los médicos sanadores.
—¿Vas a dejarme sola?
—No, estarán algunas de las mujeres de Mikahil, estará Orlando y Dante.
—Pero, Dante tiene que estar con Iris.
—No amor, no es posible. Si algo pareciera ir mal, él querrá intervenir y eso podría poner más en riesgo a Iris.
¿Hubo algo que no dije?
Sí, mucho en realidad.
No le dije lo que los tres antiguos me habían revelado, aún frente a Dante. Sus voces volvieron a mi cabeza como un trueno...
"—Me quedaré con Alekssandra está noche...
—No puedes hacer eso lobito— Me interrumpió Adrik.
—¿Disculpa?
—¿No lo ha entendido aún mi señor?
—¿Entender que cosa, Mikahil?
—Todos estuvimos esa noche, la última de san Isidro donde las chicas participaron por vez primera.
—¿Insinúas que Alekss es quién debería estar allí?
—No lobito, nosotros tres ya habíamos visto un ritual donde lobas participaban en el ritual... Y jamás vimos algo como lo que pasó.