Nacidos entre las sombras, libro 1

Capítulo treinta y tres

Mía.

Alekssandra había aceptado muy bien el hecho que Iris permanecería con los sanadores hasta estar totalmente recuperada, por lo que se mantendría fuera de radar un par de meses… OK, si era una flagante mentira. Pero, ¿Qué podía decirle? ¿Qué era un Lobo ahora y tenía que aprender a serlo como lo hacían los cachorros de Ewha?

Por lo pronto había más cosas de las que debía encargarme, como el hecho de comenzar con los preparativos para el nuevo Vulpak, el cual debería tener especificaciones especiales y sobre todo secretas. Para ello mandamos traer a los Lobos que construyeron el Vulpak original, y los otros que habían existido por el mundo antes de que todo saliera a la luz.

Pero tenía la ligera idea de que estos no serían llamados Vulpaks, puesto que se le llamaba así al hogar del Alfa, entonces tendría que pensar en cómo llamarle para evitar confusiones. Quizá solo les llame Den, que en varios idiomas es Madriguera… si, me gusta dentro de los diferentes Valles de Lobos se encontrara un Den, todos estos servirán y rendirán cuentas al Vulpak Cruces y Rosas.

También había tomado una importante decisión que tenía que hablar con el consejo de los Lobos, quería cambiar las cosas para los Dens, pero eran cambios que serían radicales, aquí en Rusia sería el primero donde se implantarían escuelas fuera del Vulpak, posiblemente en los poblados cercanos al Valle para los más jóvenes tanto Lobos como Latentes y Humanos.

Mikahil nos había proporcionado el espacio donde trabajar libre de ojos curiosos y sobre todo que estuviéramos en paz para planear, su familia se mantenía al margen de lo que fuese que pasara dentro de la habitación que nos habían otorgado. Pero aun así me sentía incómodo, como si supiera que algo estaba por ir mal pero no sabía que.

Salí de la casa y me dirigí al lago que estaba solo a un par de kilómetros, estaba en la tierra en la que había nacidos, en donde habían nacido mis padres… en donde ellos habían sido traicionados y habían sido perdidos. Sentía una especie de paz el estar allí, siempre pensando ser de otro lugar, perteneciendo a otra familia, amaría y recordaría con el mismo amor esa tierra y a los amorosos padres que tuve siempre.

—No es bueno que se encuentre aquí solo, mi señor.

Volví mi cara y me encontré con un Lobo que me pareció familiar, pero no supe por qué.

—Me disculpo mi señor, soy Pavlov Román. De la antigua y primera casa Bellator, yo le cuide cuando usted era un cachorro antes de que fuese entregado a los Von der Rosen.

Solo lo observe como un estúpido sin decir palabra, me di cuenta que mientras más tiempo permaneciera en ese lugar más cerca me encontraría de mis orígenes y más lejos estaría de quien se supone era yo… un Von der Rosen. Pero también me pregunte una cosa… ¿Por qué mi padre odiaba a los Lobos procedentes de esta nación? Eso nunca me lo aclaro.

—Me pareces familiar vagamente, pero no te reconozco de mi pasado— Le respondí un par de minutos después.

—No tendría por qué hacerlo, era muy pequeño cuando Grigori…. Y fue llevado de nuestro lado.

—¿Por qué nadie detuvo a Isidro Taftian?

No quería sonar como me escuche, molesto, dolido. Pero estaba harto de que todo el mundo supiera “que” y no hicieran nada por detenerlo.

—Tratamos mi señor, la casa Bellator se levantó contra Isidro, pero eso nos llevó casi a nuestra extinción. Ninguno de los otros nos apoyó o siquiera emitieron queja acerca de la brutal masacre, solo volvieron su rostro al otro lado y dejaron que pasara.

—La manada en sí misma es la responsable de que ahora estemos al filo de nuestra extinción.

—Así es mi señor, pero aun sin la presencia de Isidro es peligroso que se encuentre solo con la reina de los Lobos libre para ir por aquí y por allá.

—¿Quién es ella? ¿De dónde surge?

El Lobo se acercó a mí, su cabello era gris casi en su totalidad, sus ojos alguna vez fueron dorados, hoy solo tenían un tenue vestigio de juventud.

—Ella era uno de los nuestros, estaba destinada a ser la esposa del cuarto Alfa de nuestra manada, cuando Isidro tuviese a su heredero, pero… Nuestros Lobos la traicionaron y la entregaron a los Humanos, ellos la torturaron y trataron de sacarle el “demonio” que la había poseído. Ella sobrevivió a cada tortura, a cada prueba a la que fue sometida en esa época tan oscura para los Humanos. Alguien con sus dones, sus extraños ojos… cuando los Humanos veían por doquier brujas y hechiceras del demonio…

—Forjaron a la mujer que hoy es.

—No solo es una mujer mi señor, aprendió las artes más oscuras de los Cazadores que trabajaron con los Humanos para destruirla. Es una de las criaturas más poderosas que han existido y tiene su mirada fija en usted y en nuestra señora Vasilíev.

—Tendré que destruirla entonces.

—Tiene que entender mi señor que el poder de esa mujer es muy grande, ha tenido siglos para perfeccionar su magia y…

—Odia sin medida a los de mi línea de sangre.

—Así es, y después de lo que usted ha hecho por su raza, mas.

—No será una adversaria sencilla de derrotar, eso lo admito, pero no estaré solo en esta dura batalla.

—No mi señor, no estará solo. En esta tierra aun quedamos muchos que somos fieles a su padre.

Sentí una extraña punzada al saber que no se refería a Isidro Taftian o a Von der Rosen. Pero era verdad, aun cuando lo negaba, el hombre que me engendro, Grigori, fue un gran Lobo.

—Dime una cosa Pavlov, ¿Qué piensa realmente la casa Bellator de mí?

—Yo puedo hablar por mi señor, pero para ello deberá reunirse con el resto, los Slavik saben dónde estamos. Procure no estar solo mi señor.

Sin decirme más dejo que su forma Bellator se asomara y corrió alejándose de mí con más velocidad de la que creí posible en uno de mi raza, los pasos sobre la nieve me indicaron por que Pavlov se había ido.

—No estoy escondiéndome o tratando de huir, solo estoy observando el lago helado.




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