Nacidos entre las sombras, libro 1

Capítulo treinta y cinco

Fuerza.

Se me notificó que tenía que hacer tres simples pruebas, solo tres, para probar que era yo el líder de la manada o esta jauría de perros me arrancaría la cabeza. Me pareció que era más como una iniciación que una prueba de lealtad o de fuerza, pero no debía pensar que esas “pequeñas pruebas” no solo serían desestabilizadoras, frustrantes, desafiantes o peligrosas para mí.

Las pruebas eran las siguientes:

Primero tenía que pasar la prueba de sangre, que consistía en colocar mi mano sobre la afilada garra que había pertenecido a mi abuelo, y que casualmente había sido montada en su estatua hacía mucho tiempo. Aunque según me informaron, solo había una forma en que mi abuelo aceptara mi sangre… y era la marca de su linaje.

Esto representaba un puto problema… mi sangre era una mezcla triple.

Lo segundo era que tenía que resolver un acertijo o laberinto, uno que mi abuelo había diseñado de tal manera que casi nadie pudiese resolverlo. Si no lo lograba… bueno, literalmente mi mente quedaría en blanco y me arrancarían la cabeza.

Debo admitir que esto me estaba poniendo de mal humor.

La última cosa que tendría que hacer era pasar por el jodido círculo de la confianza, como si fuese un jodido quinceañero… pero, esto no era tan fácil, de eso estaba seguro. Tenía la fuerte impresión de que iban a colocar en el círculo a todos aquellos perros que quisieran arrancarme la cabeza, porque no esperaban que llegara hasta allí y de hacerlo… se aseguraría que no saliera del círculo.

Si, un jodido día de campo.

En la parte trasera de la propiedad había un pequeño lago, en medio de este una plataforma de roca que daba justamente a la estatua del Bellator original, el primero de la raza. Según me entere, él había nacido siendo un humano. Como cualquier “relato” humano, pesé a que fue mordido por un Lobo… NO, fue atacado por otros Humanos, Cazadores furtivos de Lobos.

¿Cómo llego a ser un Bellator? Me pregunté lo mismo, pero supe que Záitsev defendía apasionadamente a los Lobos de las montañas. Los defendía desde el momento en que pudo ponerse en pie y blandir un arma, contra quien y lo que fuera. Fue tanta su unión con estos hermanos salvajes que literalmente lo adopto una manada. Pero no todo fue miel sobre hojuelas, los malditos bastardos Cazadores tomaron a la manada de mi abuelo.

La descripción de lo que les hicieron a esos pobres animales fue por más aterradora, desmembrados, torturados, quemados, desangrados… entre ancianos, cachorros, toda la manada fue devastada. Záitsev entro en una furia ciega, sin pensar ataco a los Cazadores, matando a varios antes de caer enfrentando al resto. Golpeado y sangrado lo dieron por muerto, pero allí no terminarían todo. Querían dar con él un ejemplo, uno que hiciera temer a cualquier humano, que les hiciera pensar un ciento de veces antes de meterse con ellos.

Aquí es donde el mito se une con la realidad, me dijeron que los dioses se presentaron a Záitsev en forma de hermosos Lobos, que fue justo en este momento cuando los dioses le otorgaron su poder y sus inigualables dones a través de su sangre, un único y poderoso intercambio de sangre. Záitsev se puso de pie, liberando su furia, y fue esta furia lo que le dio forma al Bellator.

Nadie pudo encontrar pieza o pedazo alguno de los Cazadores, y por muchos siglos no hubo Cazadores en la zona, hasta su muerte. Así que él fue el primero, no sé cómo surgieron las otras casas, pero es algo que pretendo saber en un futuro no muy lejano.

Mi único consuelo es que está noche serán las benditas pruebas, de hecho, estoy frente al lago donde se encuentra la estatua de mi abuelo. Me escolta dos Bellator que obviamente me odian y no quisieron decir su nombre, pero no importa, nada de eso importa. Según dijo Yurik, la estatua es tamaño real, y por los dioses mi abuelo era inmenso. La sola palma de su mano es del tamaño de mi cabeza sin contar sus dedos, podría fácilmente tomar a un hombre promedio del tórax y partido en dos.

El brazo de la estatua se desciende del hombro y la garra queda a la altura de mi estómago, esto no me gusta, menos la sonrisa sarcástica de estos perros. Pero eso no importa, puedo hacer esto y demostrarle a mi abuelo que soy digno, puedo demostrárselo a todos. Entonces sentí como mi sangre se calienta, pero es un calor extraño y entonces lo entiendo.

Dejó que mis huesos se contradigan y que la piel del Lobo surja, mi mirada se vuelve perfecta, puedo ver y sentir cosas que como humano me son casi imposibles. La energía que emana está piedra, es la de un Lobo sumamente poderoso, como sí el aún estuviera allí.

Quizá lo está.

Entonces inclino mi cuerpo y colocó mi nariz en el suelo ligeramente detrás de mi pata derecha, inclino un poco la cabeza para exponer el cuello. Sentí como una enorme garra me levantaba del suelo tomándote por el cuello, pensé en pelear, pero reprimir rápidamente ese hilo de acción. La garra me levanto hasta la altura de su pétreo rostro.

"Sangre de mi sangre, distinto a todos, único en tú especie" —Comenzó a escucharse a través de la senda telepática común de los Lobos, su voz era un tanto extraña. "Futuro líder por derecho de sangre, pero dime Frederick, ¿Eres digno?”

¡Un momento! ¿Me llamo Frederick? ¿Mi ancestro utilizo el nombre de otra familia, que me dieron mis padres adoptivos? No, algo estaba podridamente mal aquí… pudo haberme llamado “cachorro” “lobito” “extranjero” o incluso “Grigori” pero no lo hizo. Tenía que saber que era lo que estaba sucediendo, y solo había una manera de hacerlo. Cerré mis ojos y dejé que los latidos de mi corazón se tranquilizaran.

En el pasado hice esto una o dos veces, se requiere de mucha concentración y de muchísima fuerza, y un poder que solo yo tenía como Alfa y como hijo de Henriette. Una vez que pude poner mi mente en blanco, mis pensamientos bajo llave y conectarme realmente a esa red telepática, comencé a “caminar” de regreso por donde había venido esa misteriosa voz.




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