Reina.
La auto nombrada reina de los Lobos estaba frente a mí, y acababa de amenazar todo lo que me importaba en mi mundo. Pero esa imagen etérea e intemporal no iban a salvarle la vida de ninguna manera, este día seria ella quien debía caer no nosotros, jamás nosotros.
—Mírate, solo, débil, despreciado por su gente... odiado por aquellos que deberían amarlo y protegerlo.
¿A caso me dijo débil? Sé que esa no era la parte central de toda su palabrería, quizá tenía razón, pero, fue lo que me pareció más relevante.
—¿Ya terminaste con toda esa basura?
—No... No es posible...
La sorpresa se reflejaba en su rostro, me observaba de pies a cabeza y sinceramente no tenía idea de por qué.
—Vamos, se supone que esto sería “la batalla épica” y te quedas allí como una estatua, me aburres.
—Él nunca lo dijo... nunca te menciono.
¿Él? Por todos los dioses. Me estaba cansando de tanto maldito secreto e historias que se enredan entre sí. Detallitos que para mí desgracia me incumbían, por que daba la casualidad de que eran de mí.
—Sorcha, ¿De qué demonios estás hablando?
—¡Jamás vuelvas a llamarme de esa manera!
—Ese es tu nombre, ¿no?
No sabía si el hecho de burlarme de ella era buena idea o no, pero no podía evitar hacerlo.
—¡Nunca, nunca más! Ya no soy esa... Yo, soy la Reina de los Lobos, la única con derecho a mandar sobre ellos, la única con el poder que desciende de Zaítsev.
—¿Podrías explicarte? Me duele la cabeza y estoy harto de historias ocultas y secretos estúpidos.
Su mirada antes segura, ya no era lo que había sido, de alguien seguro de sí mismo, se veía un poco extraña, desquiciada será la mejor manera de describirla.
—¡Tú no tienes por qué sonar como él! ¡Tú no debes tener su energía! Solo eres un maldito perro.
—Sí, bueno, eso ya lo he oído antes. ¿Qué te puedo decir?
—¡Deja ya de burlarte de mí!
—Mujer, tu eres quien viene a una de mis casas de veraneo y me insulta.
Me tomo por sorpresa la quietud del bosque, no me había percatado de ello hasta ese momento. Eso me hizo saber que quizá era el blanco de más de un cazador. Mi temor era no tener suficiente poder para salvar a los que amaba... pero, si había una parte de esos bastardos Cazadores en mi sangre entonces tenía una mínima posibilidad.
—No eres más que un charlatán, Henrriette debió haberte eliminado en el momento mismo que supo de ti, sin embargo, decidió regresar a ello en lugar de jurarme lealtad.
—¿Qué?
—OH, ¿Qué no lo sabias? Sí, yo ayude en su liberación, pero el maldito de Isidro se encargó de llevarla a “los suyos” para que la mataran. A mi lado habría tenido una única oportunidad de salvarse...
—A cambio de mi sangre— La interrumpí. —Dudo que Henrriette eligiera vivir sobre la vida de su hijo.
Eso lo sabía con la certeza que ahora tenía de que ella me había estado protegiendo por muchos siglos.
—Ella es lo mismo que tú, para mí. Nada, solo basura, el desperdicio de una raza en decadencia, marchita y agonizante.
Comencé a sentir una extraña presión en mi cabeza, como un ligero sucumbido que precede a un gigantesco dolor de cabeza. Entonces entendí, la “reina” estaba tratando de crear un vínculo directo a mi cabeza, quizá deseando obtener información, debía saber con certeza cuales eran mis debilidades. Pero también conocía ese truco, y tenía en mi favor que había leído su diario.
—Ese es un truco muy viejo Sorcha, no sirve en mí.
—Quizá no, pero esto sí.
Levanto las manos dibujando un patrón con ellas, jamás había visto que un Lobo usara ese tipo de patrones mágicos. Lo que hacía evidente el hecho de que ella había tenido siglos para aprender y perfeccionar cada encantamiento que hubiese podido aprender, cosa que no era nada buena para mí.
Del patrón que había dibujado con sus manos emergieron una especie de hilos de vapor de un color gris terroso, eran bastante siniestros y la forma en la que se retorcían parecían dedos huesudos dirigiéndose a mí. No me moví, no por ser “valiente” simplemente no pude moverme, contemplaba esas cosas y sentía temor, pero a su vez estaba sorprendido por lo que ella había hecho.
Los hilos de gas comenzaron a enterrarse en el suelo justo en el límite de la propiedad de Mikhail, ¿Esto era parte de su plan? O tenía más que ver con el hecho de que el viejo Lobo colocase fuertes salvaguardas a la propiedad.... No tenía ni idea, pero no me podía confiar bajo ninguna circunstancia. Un paso, solo un paso que di hacia enfrente fue todo. Los hilos de gas grisáceo comenzaron a emerger a mí alrededor, enredándose en mí con letal rapidez.
Podía sentir como subían por mi cuerpo, como miles de serpientes que se enredaban en mí y comenzaban a apretar tratando de asfixiarme. El aroma de estos hilos era fétido, insoportable al olfato incluso de los Humanos, como Lobo me estaba reventando las fosas nasales. Tuve que hacer un esfuerzo sobre humano para contener las arcadas y continuar ocultando mis emociones detrás de una máscara, pero no sabía por cuanto tiempo toleraría esa presión o el olor.
Una extraña sonrisa se formó en los labios de la mujer, un brillo demasiado peculiar enmarcaba su rostro.
—¿Qué te hace pensar que puedes soportar cualquier cosa que yo te haga?
No le respondí, sentía que si abría la boca esa peste y los hilos se meterían en mi sistema. Me pareció que el hecho de que yo no respondiera la estaba enfureciendo, los labios se le contraían cada vez más mostrando sus colmillos. Si, señal inequívoca de intimidación entre perros. Lo que ella no entendía era que, yo no le tenía miedo, temía por los que estaban a mí alrededor y los que amaba.
Fue entonces que lo pensé, si ella estaba utilizando magia de los Cazadores para contenerme... ¿Qué me detenía de no hacer lo mismo? Teniendo yo como ventaja el hecho de que en mi sangre se mezclaban a la perfección ambas especies, eso podría darme la ventaja.... solo esperaba no equivocarme.