Nacidos entre las sombras, libro 1

Capítulo treinta y siete

Olvidos.

Una fecha importante se acerca nuevamente, había sido una tradición para la manada por siglos. Pero las cosas estaban cambiando a pasos agigantados, ya nada era lo que debía ser, la dirección que estaban tomando las cosas de la manada aún no terminaban de llevarnos a algún lugar determinado. Aún estábamos en medio de un despertar que debió haberse dado hace siglos, y con ello el rechazo y temor que nos profesaban tan fervientemente los Humanos.

Los Lobos estaban temerosos de que los obligara a celebrar una vez más al falso y traidor de Isidro. Sin embargo, y a pesar de esto, era una fecha importante por otra razón: fue la fundación de las casas de los Lobos. Este hecho quedó debajo de la gran, mágica y lujosa celebración que organizó Isidro padre en su nombre. Las cosas en el Vulpak estaban marcando bien en manos de Ewah, pero yo no retomaría mi lugar como Alfa en este lugar.

Pese a ello, estaba sentado en el escritorio de su oficina, revisando los avances, retrocesos y cualquier cosa que se hubiera hecho en mi ausencia. No había dormido bien en varias semanas; Alekssandra apenas si despertaba de vez en cuando. Siempre que lo hacía tenía una sonrisa en sus labios, y en su mirada había amor, pero, me sentía culpable.

Tal vez debí estar con ella cuando la bruja la atacó, no patrullando el área como lo haría cualquiera. Aunque eso no podíamos saberlo, solo habíamos aumentado la vigilancia por seguridad de todos. No queríamos más muertos a manos de esa mujer. Aleck seguía lejos de nosotros, y Adrik se notaba cada vez más fuera de control.

Era este tema el que estaba discutiendo con Dimitri por teléfono.

—Quizá debas dejarlos marchar, que vuelvan a la casa de los Custos.

—No sé si Adrik esté preparado para ello, menos por la forma en que tendría que volver... creo que tendremos que enviar a Aleck a casa con un grupo de Centinelas, me temo que tendré que utilizar a Adrik en otra cosa.

—¿Qué es lo que no estás diciéndome?

—No lo sé aún, Dimitri... Solo... es algo que está molestándome, no sé cómo explicarlo.

—Está bien, tus motivos debes tener. Arreglaré todo aquí para enviar a alguien por Aleck... prepara a Adrik para la separación, según sé jamás han estado lejos el uno del otro.

—Eso es lo que estoy temiendo.

—Todos estamos contigo, y sabes que también con él.

—Eso lo sé yo, pero, ¿Lo recordará él?

En la línea se escuchó algún intercambio de palabras, voces femeninas y masculinas, se escuchaban molestas.

—Ah, esto es molesto... pero Henrriette quiere que te diga que "ya no soporta a tu pulgoso".

—Dile a Henrriette que tengo cosas más importantes que tratar en este momento.

—Y también dice que "Lo de Patty debe ser pronto o los Cazadores la encontrarán".

—Bien, es por ello que te dejé allí, eres mis ojos, oídos y voz, además de que tienes mi voto en estos momentos en todo lo concerniente a Rusia. Buena suerte, Dimitri.

No esperé una réplica; simplemente finalicé la llamada. En este momento no quería saber absolutamente de nada más, solo volver a su lado, al lado de mi mujer.

Fue eso exactamente lo que hice. La encontré sentada en la cama comiendo una gelatina de chocolate. Se le veía feliz, en paz.

—¿Cómo te sientes, anima mea?

Lo siguiente que pasó me erizó los pelos de la nuca; cuando ella volvió su mirada a mí, lo que vi fue devastador.

—¿Es usted el médico?

En su mirada no había reconocimiento alguno, era como si no me hubiera visto jamás.

—No, Alekss, no soy el médico. ¿Realmente no sabes quién soy?

—Me parece familiar, pero no sé de dónde... se supone que Iris estaría aquí conmigo. Su hermana y yo tuvimos un accidente en coche... es todo lo que recuerdo.

Cerré mis ojos, más por ira en contra de la maldita puta de Sorcha que otra cosa. Esto se lo había hecho ella, este había sido el peor de sus golpes. En las últimas semanas había tenido demasiados episodios como este, me había alegrado que hacía un par de días no había pasado, pensé que la pesadilla había terminado. Respiré tratando de calmarme y anclar mis pensamientos a la realidad: ella estaba aquí y quizá su amnesia era solo temporal.

¿Qué demonios?

Ella estaba observándome con preocupación en su rostro, había dejado la gelatina a un lado en la cama.

—Estoy bien... es solo que... ¿Me reconoces?

—Tonto, ¿por qué no habría de hacerlo? —Me respondió con una dulce sonrisa en sus labios—. Fue que te vi parado allí con los ojos cerrados, como si estuvieras pensando o conteniéndote por algo.

—No, yo... —¿Qué iba a decirle? "¿Tú no me recuerdas o ¿solo era una broma tuya?" Estaba más confundido que ella—. Estaba tratando de imaginar qué fue lo que ocurrió en esa habitación.

—Déjame contarte entonces.

Asentí lentamente con la cabeza y me acerqué a ella para sentarme a su lado en la cama.

—Alguien dentro de la casa de Mikhail nos dio la alarma de que los Cazadores estaban rodeando la propiedad, dijo que nos superaban en número. Una de las hijas... creo que era Úrsula, me escoltó a la habitación de su padre, se suponía que era uno de los lugares más seguros. En ese momento solo podía esperar, tener fe en que ellos no derrotarían a nuestra gente. Un par de horas o minutos después, no estoy muy segura, entró Vladmir escoltando a una mujer.

—¿Nos traicionó?

—No lo creo, ni siquiera se veía como él mismo... ella comenzó a hablar sobre su lugar en la manada, que era ella y no yo a quien debían servir, habló por mucho tiempo, dijo muchas estupideces. Solo de escucharla me asqueé, pero sabía que si se trataba de luchar con ella nunca lograría sobrevivir... Aunque lo impensable sucedió solo un poco después: la gemela de Vladmir, Irina, entró en la habitación. Eso distrajo a esa bruja lo suficiente para que Vladmir volviera a ser él mismo y estaba furioso cuando se percató de la presencia de esa mujer... la atacó sin aviso ni advertencia.




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