Nacidos entre las sombras, libro 1

Capítulo treinta y ocho

Pena.

No quería hacerlo, pero no tenía opción.

Tenía que hacer algo con la situación con Alekssandra Vasíliev, pero ella seguiría teniendo su lugar en la manada sin importar que ella no pudiera recordarlo. No podía estar cerca de ella o tocarla siquiera sin que sufriera uno de esos episodios, incluso tuve que hacer que Dante regresara con Iris antes siquiera de terminar con su aprendizaje. Retrase el viaje de Ale por el mismo motivo, esto parecía estarse saliendo de control.

La primera celebración de las ocho casas se llevaría a cabo en un par de días, la manda había estado trabajando en ello con un entusiasmo tal que no se había visto en años, estaban relajados, felices podría decirse. Era un ambiente en calma, hasta un tanto amigable, los Humanos participando, ellos serían los que serrarían la celebración. La celebración de las ocho casas había quedado de la siguiente manera: Se comenzaría por la casa más vieja Bellator, esta representaba a todos los Lobos en su forma original ya que todos comenzamos siendo eso, después se seguiría con la Likaos y así sucesivamente hasta terminar con la Holimen, que era el nombre que Grigori le había dado a la raza humana.

Esta fiesta tendría una duración de mes y medio, dejando una semana entre fiesta y fiesta y cada casa debería lucirse una sola noche de esa semana. Como los Lobos habíamos dejado atrás nuestro país natal hacia siglos y subsecuentemente el país que habíamos adoptado como nuestro hogar, este año se realizaría aquí, pero el próximo seria en nuestra tierra natal.

No podía creer que por fin algo bueno le estaba ocurriendo a la manada, las cosas con la raza humana estaban en “buenos” términos, nos estaban dando nuestro espacio y estábamos aprendiendo hasta donde teníamos jurisdicción unos sobre los otros. Ellos estaban aprendiendo mucho de nosotros, pero nosotros nos quedábamos con nuestros secretos más peligrosos, después de todo, no debían conocer nuestras debilidades o todas nuestras fortalezas.

Salí de mi departamento y me dirigí al salón de donde sabia se encontraba Alekssandra e Iris, incluso sabía que Dante se encontraba allí. Pese a que toda la manada sabía quién era yo y todo eso, me dieron mi espacio cuando retome el año escolar... aun cuando había repetido mis estudios varias veces a lo largo de los siglos, solo para actualizar mis conocimientos o por aburrimiento.

Entre a la habitación y la mirada de la mayoría se dirijo a mí, en especial la de Alekssandra que últimamente era más el tiempo que me olvidaba. Solo la observe brevemente, notaba en su mirada cuando ella no podía recordar, ella se sonrojo y desvió su mirada, tal como lo hacía cuando la conocí. Me senté junto a Dante en el fondo del salón, este tenía la mirada clavada en su mujer.

—¿Cómo ha estado hoy?

—Más estable, pareciera que ha olvidado todo lo que vivió en los últimos dos años, incluso antes de llegar aquí, pero nada más— La voz de mi viejo amigo se escuchaba cansada, y sabía que lo estaba, tener que cuidar de ambas y continuar enseñándole a Iris a controlar a su Lobo no era fácil. —Siento que ella no se va a recuperar, temo más por ti que por ella.

—Eso ya me lo han dicho lo sanadores, no encuentran cual es el verdadero daño, solo pareciera que ella quiere olvidar.

—¿La cazadora ha dicho algo?

—Henrriette está investigando todo lo que puede, incluso Dimitri le está ayudando, pero aun todo es desalentador.

—Encontraremos la manera, los dioses no te van a desamparar, ellos...

—¿Cómo esta Iris?

Lo interrumpí porque no podía soportar que alguien más me hablara de tener fe, sobre todo cuando mi corazón y mi alma me estaban siendo arrancados a pedazos. Dante solo me observo, pero entendió perfectamente el mensaje.

—Ella está resistiendo sus ansias de sangre, es una buena estudiante.

—Me alegra saber que ella será un buen miembro de la manda.

—Si existiera la forma de que Alekss...

—Si existe la encontrare, pero debo saber que le pasa a su cerebro antes de ello.

Para la siguiente “cita” me retrase un par de minutos, era lo habitual en mí, pero no lo hacía por querer. Como líder de la manada mis responsabilidades van más allá de las escuelas, y negocios, esto era lo que hacía que en ocasiones no apareciera en todo el día. Cuando estaba por entrar al siguiente salón choque de frente con Alekssandra.

—Lo lamento no te vi.

—Sí, eso es lo que haces mucho últimamente.

—¿Disculpa?

—Está bien, tienes mi disculpa.

Me estaba muriendo, teniéndola enfrente de mí y no poder siquiera rosar la piel de sus manos, o probar sus delicados labios una vez más. Pase a un lado de ella, dejándola allí.

—¿Por qué me odias Frederick?

Me debute de golpe, podía escuchar los latidos acelerados de su corazón... no era ella, no era mi anima mea.

—No te odio Alekssandra, jamás podría hacerlo, solo que el tenerte cerca me hace daño, demasiado daño.

—¿Por qué? — Me tomo del brazo he hizo que me girara a verla. —¿Por qué te hago daño?

—Eso no te lo voy a responder, pero... ¿Te parece si comenzamos de nuevo? Después de todo mi mejor amigo es novio de tu mejor amiga.

—Sugieres una amistada por conveniencia, ¿no?

—Si, como yo lo veo, nos vamos a ver muy seguido mientras esos dos estén saliendo juntos. ¿Qué mejor que buscar un tema seguro y común entre nosotros para matar el tiempo?

—Me parece perfecto.

—OK, entonces es un trato.

“Un trato” ¿Qué clase de mierda era eso? Tenía un jodido trato de “amistad” para hablar con mi mujer...

¡Ah! ¡Esto sí que era una jodida y enorme mierda!

Pero... ¿Qué otra opción tenía en ese momento? Aun cuando me hiciera pedazos tratando de recuperarla, de que ella aceptara quien era yo en su vida, no lo recordaba con claridad. No podía obligarla y no tenía la paciencia para ver como ella se alejaba de mí, era un Lobo enjaulado y eso me estaba volviendo peligrosos.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.