Nacimiento de una penumbra

Capitulo 1 "Cuando el tiempo fue tiempo"

*Epoca medieval.

Ya había amanecido, pero antes de que el sol se fuera acercando con sus colores, ya había perdido lo que me era importante.

Lo que me daba razón a quedarme más tiempo.

El viento soplaba cada vez más, en conjunto con el humo que hacía lagrimear mis ojos y me impedía seguir observando el cuerpo inerte. No podía sentir nada; ni odio, ni culpa, ni dolor, ni nada. Sabía lo que era no sentir nada porque así era como había nacido, porque el sentir tales o cualquier emoción era motivo para que tuvieran de creer que pudiera pertenecerles.

Y lo que no podían creer y aceptar es que ya le pertenecía a alguien, a quien me enseño que hay más en mi de lo que podría llegar a descubrir por mí misma.

"Solo un poco más..." pensé.

El humo quemaba mis pulmones. Pero no importaba, esperaría a que todo llegara a su fin, quedándome a su lado.

Pensaba que desperdiciaba el tiempo en mi búsqueda, pero solo fue que al tiempo nadie lo espera, y fue que, por esos momentos, esas decisiones que me hicieron llegar a lo que más he amado. La razón, no, el sentido que le había dado a mi vida para seguir soportando todo lo que la vida tenía para arrojarme, para ofrecerme y para arrebatarme.

El sentido para amar para toda la eternidad.

Que destino tan cruel el de nosotros, pero tú fuiste quien dio rienda suelta a estas almas condenada. ¿Qué más podía decir ahora que ya todo este hecho, que más?

Con el sol, estaba el invierno presente, ¿o no? ¿Tal vez se debiera a las cenizas de las llamas pasadas? La temperatura no prevalecía en mi cuerpo.

El suyo pareció humearse cada vez más, columbrarle a su tez blanquecina muerte. Había cerrado sus ojos sin necesidad de ver su miranda perdida, colocando su mano derecha sobre su regazo y sosteniendo la otra, con firmeza.

"A qué esperas?... a que el cielo de lluvia?" por qué no llegaba mi fin, el suyo ya había llegado, por que hacerme esperar más?

Pasando la miranda por los alrededores hasta la tierra misma estaba teñida de negro, y el aire en humo. Madera quemada, con leves destellos de chispeantes estrellas de fuego estallando debes en cuando avivados por las desgradadas y olvidadas ramas secas arremolinados junto a las fogatas aun perdurables del fuego recorrido del campo, chozas, casonas, establos, molinos y mas allá de los pastizales y campos. Todo había ardido llevado a la nada, hasta por las personas misma por salvar lo insalvable. No hubo nadie que no muriera en cenizas, y huido de ellas.

"- ¡Todo se ha ido al infierno! -" Decían algunas personas, corriendo a todos lados sin que más hacer ante la escasez de agua, sin posibilitar ideas de apaciguar las llamas.

"- ¡Es toda tu culpa, maldita, bruja! -" Me gritaba entre otras palabras maldiciendo mi existencia, mi descendencia, mis padres, mi familia y ... mi amado.

Arrojando piedras, palos, tierra, y hasta antorchas de la misma madera de los hogares que se incineraban. Nada podía crearme gran herida, más de la que sentía en mi alma. Si, solo allí era donde se podía localizar el más incipiente de los dolores que si sus palabras y acciones fueran a llegarme. Tu perdida perduraría una y otra veces, por los siglos de los siglos en los que abriéramos de vivir y perdernos mutuamente.

Aun con las iniquidades, guerras, razas, tribus, países, continentes y demás que hubiera por separarnos, sé que seremos capaces de encontrar el camino que nos llegue a unir.




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