Elaine
23 de marzo, 2019
—¿Cuántas veces te lo tengo que decir Abigail?
—Ya estoy cansada de lo mismo—solté con rabia— ¿Tú te crees que yo quiero que esto termine así? ¡Pues claro que no! Pero no me pidas que lo dé todo por ti cuando parece que a ti te importa una mierda lo nuestro.
Silencio. Respiro agitada.
Luego que termino de decir el último diálogo de la audición, todo marcan algo en sus hojas y no puedo evitar notar que el director, Daniel Martín, no me quita los ojos de encima.
La escena tenía que ser emotiva, un momento de ruptura suave, contenido.
Y yo lo he convertido en una pelea de pareja digna de una telenovela venezolana.
Bien jugado, Elaine. Bien jugado.
—Gracias, Elaine. Si llamamos dentro de dos semanas a su representante sabrá que ha quedado para el papel—informa el señor Martín con esa sonrisa educada que no dice nada—puede retirarse.
—Gracias a ustedes por su tiempo. —respondo, forzando una sonrisa igual de educada. Me inclino levemente con la cabeza y salgo. Caminando rápido. Demasiado rápido.
Dios mío, ¿será qué lo he hecho bien?, esta es la primera vez que hago una audición para un protagónico y a pesar de que ya acabé con la audición sigo muy nerviosa, tan nerviosa que estoy que tengo que mear ya mismo.
Me meto en el baño más cercano con urgencia. No hay nadie, gracias a Dios.
A pesar de ser ya mayorcita, me sigue dando vergüenza que las personas escuchen cuando estoy orinando.
Me encierro, hago lo mío, y cuando salgo me miro al espejo. El corazón me sigue yendo a mil. Me lavo las manos despacio, intentando calmarme.
Realmente lo hice bien, creo que plasmé, no a la perfección, pero sí de buena manera lo que es el personaje.
—Vale, ya está. Lo diste todo. Lo hiciste bien —me repito en voz baja—. Si no sale, no pasa nada. No es el fin del mundo.
Y entonces vuelvo a pensar en que sí, que esta es la primera audición que hago para un papel protagónico en una serie grande. Que sí es importante. Y que sí me muero un poquito si no me llaman.
Salgo del baño apurada. Giro tan brusco la puerta que le doy un golpe a alguien de lleno.
—¡Ay! —se queja el chico al que casi le rompo la nariz.
—¡Perdón! No te había visto —digo, roja como un tomate—. Si ibas a entrar al baño, ya está libre.
—Gracias —responde él, con un tonito que no sé si es burla o ironía.
—Bueno… nada. Perdona otra vez —digo antes de salir casi corriendo.
Ni me fijé bien en su cara. Qué vergüenza. Bueno, otra anécdota para contar cuando vuelva a casa. “¿Qué tal la audición, Elaine?” —“Casi desvío la nariz de un desconocido.” Genial.
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A pesar de tener mi propio apartamento, paso más tiempo en casa de mi hermana que en el mío. Está más cerca de todo, y aquí también vive Ana… y mamá. Digamos que es más fácil sentirse acompañada. Y comer gratis.
—¿Cómo te fue? —grita mi hermana en mi oído.
Le hago mala cara, ella es feliz molestándome, aunque realmente no me molesta, pero creo que ella cree lo contrario y soy feliz haciéndola creer eso.
—Creo que me fue bien. No fue perfecto, pero creo que logré captar la esencia del personaje —respondo mientras organizamos las compras que hice de camino a casa.
—Seguro te llaman, además te pareces mucho al personaje—comenta mientras se come un chocolate, que por cierto no sé de dónde ha salido.
—Solo lo sabré si llaman a Alicia dentro de dos semanas— le informo—si no la llaman dentro de dos semanas es porque no quedé ni para hacer de árbol—me rio, pero a mi hermana no parece agradarle mi comentario porque golpea mi brazo.
—Por cierto, ¿dónde está mamá y Ana? — pregunto, viendo que no están por ahí.
—Mamá la acompañó a firmar con una nueva agencia. ¿Sabes quién está en esa agencia?
Cabeceó, indicándole que no sé cuál es la respuesta.
—Gabriel—dice en tono dramático.
—¿Y?, él ya es pasado, pero bien pasado y pisado.
—“¿Y?”, dices. Elaine, no me digas que no te removió nada.
—Ya te dije. Es pasado. Bien pasado y pisado —respondo sin pensar demasiado.
—Sí, claro. Como si la última vez que lo viste no te dejara hecha polvo. Aunque, bueno, seguiste hablando con él, ¿no? Después de irte.
—Basta —le corto, un poco molesta—. Sí, hablamos durante un tiempo. Pero se acabó. No fue nada. Solo un capricho, y se acabó. Luego no volví a saber nada más de él. Solo lo veo en los anuncios publicitarios. Ojalá pudiera decidir qué es lo que quiero ver y que no, así como ese capítulo de Black Mirror.
—¿Seguro?
—Segurísima.
—Ajá, lo que digas— rueda sus ojos.
Gabriel Navarro, de solo darle vueltas en mi cabeza a ese nombre me dan ganas de hacer una cantidad de cosas impensables.
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Editado: 12.01.2026