Nacimos del odio

Capítulo 2

Gabriel

23 de marzo, 2019

Definitivamente creo que va a ser un muy mal día.

Echo un vistazo a el despertador y son las 11 a.m., más dormido no puedo estar, se supone que tenía que encontrarme con los demás en la agencia a las 10, pero cuándo no yo, llegando tarde a todo.

Hoy me matan. Creo que es de esos días que tengo que hacerme el baño de la “T”.

Sí, señoras y señores: el baño de la “T”.

Este consiste en solo lavar mis partes íntimas y mis axilas. Eficiente, rápido, necesario.

Digno de un hombre desesperado.

Me miro al espejo. Genial, justo lo que faltaba. La camiseta que pensaba ponerme tiene una gran mancha de labial.

Joder… No recuerdo haberla usado con ella, ¿o sí? Tal vez sí me la puse ayer, pero con tanto estrés, ni me acuerdo.

Con una velocidad extraordinaria me la cambio y bajo a galope las escaleras, solo espero que no me vayan a decir nada.

Llego al parqueadero y busco las llaves en mi bolsillo, pero no están. Mierda, seguramente las tengo en el maletín.

Mientras intento encontrar las llaves del coche, que por desgracia parece que no está en mi maletín, me llama Julieta. —No, Julieta, ahora no —murmuro al aire mientras revuelvo todo—. ¡Joder! —grito, frustrado.

Descuelgo la llamada mientras corro hacia el ascensor. Lo más probable es que haya dejado las llaves en el apartamento.

—Bueno, ¿qué quieres Julieta?

—Ostras, nos hemos levanto con buen humor, ¿eh? — dice en tono burlesco.

—Ve al grano, voy justo de tiempo.

—Solo quería saber cómo estabas luego de la tremenda fiesta de anoche.

— No debí acompañarte. Por culpa de esa fiesta me he despertado tardísimo, y tengo la agenda llena. Lo sabes.

— Yo te dije que no me acompañaras. Bueno, te dejo. Que te vaya bien con todo lo que tengas que hacer. Te quiero.

— Yo también. Perdona por cómo te hablé.

— No pasa nada. Adiosito.

Efectivamente, mis llaves estaban en el apartamento. Ahora sí, directo a la agencia.

En el trayecto que hace el ascensor hasta el parqueadero, me llega una notificación de Twitter. La abro y es una noticia sobre la fiesta de ayer. Mejor no sigo leyendo, que seguro dicen de todo y de todos… yo incluido.

Por si aún no queda claro lo que pasó ayer, lo explico.

Le dije a Julieta que tuviéramos una cita. Ella dijo que sí, pero aclaró que no era el día adecuado para salir. No le presté atención —obvio— y fuimos igual. Cené con ella en un restaurante retro que gritaba “Julieta” en cada esquina.

Durante la cena, me llegó un mensaje invitándonos a una fiesta. Yo quería ir. Le sugerí terminar de comer, pagar y pasar por la fiesta. Y fuimos.

Y como siempre, cuando hay una fiesta llena de famosos, influencers y egos flotando en el aire… siempre va a dar de qué hablar.

Subo al coche y me voy de ahí manejando a toda velocidad esperando al menos llegar no tan tarde porque ya es imposible no hacerlo, y como si toda conspirara en mi contra hay un tráfico terriblemente horrible el día de hoy.

Oprimo con todas mis fuerzas el claxon como si así mágicamente este tráfico asqueroso fuera a mejorar, sin duda me asesinan hoy, ya veo las primeras planas, “El joven modelo y actor Gabriel Navarro fue asesinado por su agencia por llegar tarde a firmar su nuevo contrato”.

Hostias, el nuevo contrato, se supone que tengo que conocer a la nueva modelo que va a estar junto a mí en esta campaña.

Declaro oficialmente el 23 de marzo como el día más estresante que he tenido en lo que va del año.

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Como era de esperar, me regañaron en la agencia por llegar tarde y lastimosamente no pude conocer a mi compañera que ahora sé que se llama Ana Zahínos.

Ahora igual de retrasado como antes debo dirigirme al salón en donde están haciendo las audiciones para la nueva serie, ojalá no me vaya a ir mal como me ha estado yendo el día de hoy. Con suerte, el karma se apiada de mí.

Entro al sitio, pero antes… necesito ir al baño. De verdad. Si no, me reviento aquí mismo.

Busco y busco, pero no encuentro ningún baño, ya me voy a dar por vencido cuando veo una señalización que indica que el baño está hacia la izquierda. Gracias al cielo.

Voy corriendo y me apresuro a abrir la puerta cuando alguien más lo hace desde adentro y me da un golpe en la nariz con la puerta.

—¡Ay! —me quejo, llevándome ambas manos a la cara, dejando solo los ojos al descubierto. En serio, no puede irme peor.

Ahora qué dirán si me llego a torcer la nariz, hoy no parece mi día, ¿será este el fin del hombre araña? Madre mía, qué tonterías pienso cuando estoy jodido.

Miro a la persona que me golpeó con la puerta y.… no puede ser.

Sigo tapándome el rostro, porque si no la puerta no me ha torcido la nariz, seguro que ella sí lo hace.




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