Me desperté y mi cama otra vez estaba vacía. En un mes de matrimonio había tenido intimidad con mi esposo solo en la noche nupcial, cada día había una nueva excusa, una justificación diferente que hacía parecer casual la falta de intimidad entre nosotros. Me levanté y me paré frente al espejo con mi bata de dormir transparente que dejaba mucho que ver y me quedé mirando mi figura preguntándome que había de mal en mí para que el hombre que juraba amarme no sintiera deseo de tenerme. Solo tenía 18 años y aunque era un poco subida de peso mis facciones no eran para nada feas.
—Eleonora—escuché una voz tras de mí y se trataba de mi dama de compañía. La mujer que mi esposo había contratado para acompañarme mientras él trabajaba, su amiga de la infancia con la cual había hecho una amistad cercana desde que nos casamos.
—¿Dónde está Leonardo? —cuestionó mirando la cama vacía donde debía estar durmiendo mi esposo—No me digas que anoche tampoco tuvieron intimidad. —preguntó dejando el desayuno en la mesita de noche y esa pregunta era normal entre nosotras, la hacía cada mañana y mi respuesta siempre era la misma.
—No —suspiré—nosé que sucede—él me trata con amor, parece quererme, pero cuando llega la noche simplemente desaparece o está cansado o estresado o le duele la cabeza.
—No le has preguntado—cuestionó Verónica que más que una empleada se había convertido en una amiga.
—Dice que son ideas mías, que tiene mucho trabajo intentando sacar adelante las dos empresas, pero dime tú ¿crees que es normal que una pareja de recién casados no tengan intimidad? —
—Haz pensado en rebajar, quizás no le gustan las chicas curvis—agregó y yo empecé a comer una tostada.
—Creo que tiene una amante, debe de ser eso—señalé.
—No pienses tonterías, Leo te ama o sino no te tratara con tanto amor no se hubiers casado comtigo. Tal vez no le guste que estás gorda o está estresado por tanto trabajo o quien sabe y tiene un problema hormonal—dijo sin rodeos mientras una sonrisa algo burlona se dibujó en su rostro mirando su figura delgada y perfecta en el espejo.
—Voy a descubrir la verdad—aseguré—si Leonardo tiene una amante lo voy a descubrir.
—Manda a preparar todo, mi padre llega esta tarde, sefún ha dicho solo vendrá a cenar para despedirse de mí pues viajará a Londres a una reunión de negocios esta misma noche y quiero que todo esté perfecto, que pongan las cortinas nuevas y preparen el mejor banquete, también una música feliz, no quiero preocuparlo con nada—expliqué y ella solo asintió .
—Te ayudaré a elegir un vestido para la cena de esta tarde—dijo abriendo mi enorme almario sin esperar que dijera nada y sacando un vestido largo color gris.—mira este que lindo.
—No me gusta—señalé y ella suspiró.
—Este color está de moda y si te puedo decir algo de Leo, que lo conozco de toda la vida es que ama estos colores sofisticados, cuando te lo pongas se va a derretir. Anímate te debes ver encantadora.
—Está bien, te haré caso, después de todo lo conoces mejor que yo—agregué y ella sonrió complacida.
Mi padre llegó temprano y pasamos horas conversando hasta que Leonardo llegó del trabajo . Al llegar saludó a mi padre dándole la mano.
—Señor Domínguez que placer tenerlo por aquí—dijo y acto seguido caminó hacia mí, besándome en los labios.
—Mi reina te vez preciosa—dijo mirándome como si me amara y luego nos sentamos a cenar.
—Hija, dime te ha gustado la casa que compré para ti—preguntó mi padre, el cual me había regalado esta casa y es que mi padre era un hombre muy rico y yo era su única hija, la niña de sus ojos, desde que mi madre murió había cuidado siempre de mí como un tesoro muy valioso.
—Me encantó, deberías quedarte más tiempo con nosotros. Es que creo que lo mejor sería que vivieras aquí papá, estás enfermo.
—Gracias pero sé que estás en buenas manos. Además a mi me gusta estar solo, pensar, quiero que hagas tu vida mayrimonial tranquila,ya tendrás tiempo de cuidarme cuando esté en una cama. Me alegra tanto que Leonardo se enamorara de ti, que fuera hasta nuestra casa que estaba tan alejada a cortejarte y que se casaran, así si un día muero no estarás sola y tendrás quien te cuide.
—Por cierto como está su salud—preguntó mi esposo.
—Igual, unos días bien y otros peor, pero todo será cuando Dios quiera—agregó y es que desde hace años mi padre tenía una enfermedad terminal un tumor en sus pulmones demasiado avanzado que ni siquiera podían operar. —pero ahora que también administras mi empresa constructora tengo mucho más tiempo para descansar—aseguró mi padre y Dimitri sonrió.
—Es un placer ayudar. Eso sin contar que gracias al préstamo que nos hizo los hoteles de mi padre se están recuperando y hemos saldado la deuda que teníamos—aseguró mi esposo.
—Todo queda entre familia—pronunció papá y yo sonreí, feliz de que mi padre y mi esposo se llevaran tan bien. Pero cuando cayó la noche y fuimos a la habitación pasó de nuevo. Esta vez me puse una ropa interior roja bastante llamativa y un vestido rojo corto casi transparente. Leonardo salió de la ducha y me vio acostada boca abajo leyendo una novela eró, tica, se acostó a mi lado bocaarriba con los ojos cerrados para dormirse, yo solté mi libro, me acerqué y besé sus labios.
—Hasta mañana mi amor, estoy cansado ha sido un largo día—exclamó volteándose.
—Necesito que me digas qué ocurre, que seas sincero conmigo , soy tu esposa ¿por qué te niegas a tener intimidad? Acaso ¿ya no te gusto? O es que hay alguien más.
—No es nada de eso Eli, estoy cansado es solo eso...
—Llevamos un mes de casados, solo un mes, y en un mes me has hecho tuya solo una vez ¿te parece que eso sea algo normal? —le interrogué.
—Siempre es lo mismo, solo buscas una razón para discutir—se puso de pie —pero estoy cansado para discutir—exclamó saliendo de la habitación enojado y yo me quedé llorando y cuando empecé a llorar tuve que correr al baño a vomitar. Miré la fecha en mi teléfono y hoy llevábamos exactamente un mes de casados y en un mes habíamos estado juntos solo una vez, pero también llamó mi atención otra cosa y es que hace una semana debía haber tenido mi período pero no lo tuve. Quizás había exagerado, así que me sentí culpable, me levanté de la cama, abrí la gabeta del almario de Leo y tomé la llave de su despacho porque imaginé que había ido allí, así que fui hasta su despacho y abrí la puerta con cuidado
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Editado: 31.07.2026