El camino de tierra hasta la finca aislada parecía no tener fin. El aire rural, denso y cargado con el perfume a pino mojado y tierra húmeda, contrastaba violentamente con el nudo que llevaba en mi estómago. Tras horas de conducir con la mente hecha trizas, crucé las imponentes rejas de hierro forjado que protegían el refugio del temido Max Domínguez.
Max me recibió en un estudio sombrío, rodeado de estanterías llenas de libros. El patriarca rural, con el rostro surcado por arrugas de dolor y una enfermedad que se le metía en los huesos, me analizó con ojos clínicos. No hubo rodeos.
—Sé quién eres, muchacho. Sé que tu familia está al borde del abismo y que tu estúpido hermano los vendió —espetó Max con voz ronca pero firme—. Y sé que vienes por mi dinero y por mi apellido. A cambio, tú quieres salvar a tus hermanos.—yo jamás imaginé que ya el rumor de la deuda de mi hermano había llegado hasta sus oídos, en una zona tan distante. Por un momento creí que todo había salido mal y que el plan para ayudar a mi familia estaba arruinado totalmente.
—No vengo a burlarme de su confianza, señor Domínguez —respondí con un nudo en la garganta—. Sé que tiene una hija con muy buena reputación, estudiada, inteligente que nunca ha tenido pareja. También sé que no tiene más herederos yque su hija no sabe como manejar su empresa si llegara a heredarla, su legado se perdería.
Max guardó silencio unos segundos, evaluando el peso de su única hija.
—Eleonora es una buena muchacha. No tiene malicia. Vivir en este aislamiento y con su timidez no le ha traído muchos pretendientes; la mayoría solo busca la herencia de los Domínguez o se burla de su físico, porque no encaja en los moldes frívolos de la ciudad. Pero tú... tú tienes la decencia que a otros les falta. Sé que has hechos buenos negocios y que ahora tu padre te puso al frente de su empresa. Hasta mis oídos ha llegado las donaciones que haces a los hospitales y que creaste un centro de protección animal, esas cosas convinan mucho con mi hija. Te permitiré conocerla y ella decidirá si se casa contigo o no. Después de todo si muero y ella no tiene a nadie más creo que no lo superaría. Si ella te acepta te casarás con ella y mi fortuna respaldará tus deudas, con una condición: la tratas con respeto, o te ma to con mis propias manos antes de que lo haga la ma fia.
—Tiene mi palabra de que así será, respeto y amor nunca le faltarán a su hija.
Minutos después, la puerta se abrió con timidez. Eleonora entró sosteniendo una bandeja con té. Era una joven de baja estatura, con el cabello castaño oscuro recogido en una trenza desordenada y un suéter de lana holgado que intentaba disimular su complexión robusta. Al verme, sus mejillas se tiñeron de un rojo intenso y bajó la mirada, abrumada por mi presencia, en su mundo solitario no estaba adaptada a recibir visitas y menos de hombres.
—Hola, Eleonora —murmuré forzando una sonrisa amable, sintiendo una punzada de culpa al saber que la estaba arrastrando a mi infierno personal.
Ella apenas balbuceó un saludo, con las manos temblando ligeramente sobre la bandeja. A pesar de su torpeza y su evidente inseguridad, había una dulzura genuina en sus ojos marrones .
—Hija, Leonardo es un invitado, ha venido a conocerte y a visitarnos, dice que en la ciudad se habla mucho de tu inteligencia y de lo hermoso que tocas el piano. —así me presentó su padre y ella sonrió algo apenada.
—Me encantaría escucharte—mencioné, ella caminó despacio y se sentó en el piano y empezó a tocar la melodía más hermosa que había escuchado, dejándome asombrado con su delicadeza. Esa noche hablamos de libros y de arte, me enseñó su colección de novelas y algunas de las poesías que había escrito. Es cierto que su físico no llamaba la atención pero había algo demasiado hermoso en ella. Me pasé el fin de semana en la finca del señor Max Domínguez siendo muy bien atendido.
—Eleonora desde que te conocí me he dado cuenta que eres una mujer impresionante, inteligente y talentosa, me gustaría mucho seguir conociéndonos, si me lo permites, me gustaría mucho que fueras mi novia—dije tomando sus manos.
—Nos conocemos de solo hace dos días—pronunciò.
—Lo sé, pero Romeo y Julieta se vieron solo una vez y fueron capaces de dar la vida por amor, hay cosas que el corazón no puede explicar, no es el tiempo es la persona—pronuncié tomando sus manos.
—Vamos a conocernos, pero despacio—respondió
—Tengo todo el tiempo del mundo—mentí, solo tenía un mes para conquistarla y pagar esa deuda pero no podía presionarla más.
De regreso en la ciudad, la realidad me golpeó como un portazo. No pude soportar el peso del secreto y invité a Verónica en un reservado privado de un restaurante elegante. Con la voz quebrada, le confesé todo: la deuda, la muerte del perro de sus hermanos, la amenaza de la mafia y la exigencia del matrimonio arreglado.
Verónica, que hasta ese momento había mantenido una expresión de shock, cambió de semblante con una rapidez escalofriante. Sus ojos brillaron con un cálculo frío; pertenecía a un mundo donde el dinero mandaba, y la idea de que los Cruz perdieran su imperio no entraba en sus planes de futuro.
—¿Casarte con esa gorda insípida y acomplejada del campo? —bufó Verónica con una sonrisa cínica, acariciándole la solapa del saco— Hazlo, mi amor. Es un sacrificio absurdo, pero necesario. Con el dinero de los Domínguez salvas la empresa, y cuando todo este circo termine y la mafia esté fuera del juego, te divorcias y nos quedamos con todo.
—Verónica, no entiendes... ella es una buena mujer, no quiero usarla —protesté sintiendo asco de mí mismo.—El físico no es tan importante, es inteligente, reservada, amable, desinteresada...
—¿Te estás enamorando de esa gorda?
—No, te amo, pero me odio a mí mismo por hacer esto, ella no se lo merece.
—Y yo soy la única mujer a la que amas —me cortó ella, besándome con una posesividad calculada—. Juega tu papel de esposo obediente. Métela a tu casa si es necesario, haz lo que te pidan, pero yo estaré esperando en las sombras. Seré tu amante y tu verdadera compañera. Nadie tiene que enterarse. Puedo ser... Su dama de compañía, te esperaré a su lado Leonardo, mi amor, haría cualquier cosa por ti, lo que fuera.
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Editado: 18.08.2026