—Dime que todo salió bien —esperaba Jacob a su hermano en un auto con cristales negros estacionado discretamente en una calle secundaria, fuera del perímetro visual de la mansión, con el motor encendido y la mirada fija en el retrovisor.
—¿Cuándo te he fallado, hermano? —sonrió Samuel con suficiencia, ajustándose el nudo de la corbata de seda mientras encendía el motor y metía primera con total parsimonia—. El tonto de Leonardo se tragó el anzuelo entero, sin masticar ni dudar un solo segundo. Se creyó a pies juntillas que nuestro padre quería negociar con él aquel viejo proyecto sin futuro que llevaba meses acumulando polvo en un cajón. Mañana a primera hora estará conduciendo tres horas hacia la costa para una reunión que solo existe en su imaginación y en su patética desesperación por dinero y poder.
La tensión en el habitáculo del vehículo era palpable, cargada de una fría anticipación que cortaba la respiración. Jacob respiró hondo, apretando los puños con tanta fuerza que sus nudillos se volvieron blancos, mientras sentía el tic-tac implacable del reloj del tablero. Su mente estaba fija en una sola persona, en un solo pensamiento : Eleonora. La idea de que estuviera encerrada, incomunicada, sufriendo malos tratos y a merced de un desequilibrado narcisista como Leonardo le quemaba la sangre desde el día anterior, cuando el escándalo familiar había estallado en la comida dominical. Antes de eso solo había visto a Eleonora como la mujer de su amigo pero ahora que sabía lo que estaba pasando sacarla de aquella casa se había vuelto algo personal.
—Más te vale que el plan salga a la perfección absoluta, Samuel. No podemos permitirnos errores, ni retrasos, ni falsos pasos. Si algo le llega a pasar a ella... —advirtió Jacob con voz grave, temblorosa de rabia contenida, mirando de reojo a su hermano con una severidad que hizo que este borrara la sonrisa burlona de su rostro.
—Tranquilo, cálmate. Todo está calculado milimétricamente, cada segundo medido como en un reloj suizo —respondió Samuel, pisando el acelerador con suavidad para perderse entre el tráfico matutino de la periferia y ultimar los últimos detalles de la operación clandestina que cambiaría el destino de todos los involucrados para siempre.
El sol de la mañana siguiente se alzó implacable y radiante sobre los lujosos tejados de la mansión de Leonardo, aunque por dentro las paredes parecían exudar la podredumbre moral de sus habitantes. El reloj de pared del recibidor marcaba exactamente las nueve en punto cuando el rugido inconfundible del motor del deportivo de Leonardo se escuchó en el patio principal, rompiendo la quietud matutina. A través de las persianas cerradas del segundo piso, observé con el corazón en la garganta, conteniendo la respiración, cómo su coche se ponía en marcha con un chirrido de neumáticos, enfilaba el pesado portón de hierro forjado y desaparecía velozmente por la carretera comarcal en dirección a la costa. La farsa había comenzado y ya no había marcha atrás.
Apenas unos minutos después de que el eco lejano del vehículo se desvaneciera por completo en la distancia, un movimiento sigiloso y coordinado comenzó en la parte posterior de la propiedad, donde los altos muros de piedra flanqueados por la espesura de los árboles frondosos ofrecían un punto ciego perfecto para evitar las cámaras de seguridad exteriores. Samuel y Jacob, acompañados por un par de hombres de confianza expertos en seguridad y rescates privados, habían escalado el muro lateral aprovechando que el personal de servicio de la planta baja se encontraba distraído en las dependencias de la cocina y el ala este preparando el desayuno.
El plan era audaz, sumamente peligroso y bordeaba la ilegalidad, pero era absolutamente necesario. La prioridad absoluta y no negociable era sacarme de entre esas cuatro paredes antes de que Leonardo descubriera la farsa del proyecto y regresara hecho una furia ciega.
Mientras Jacob y uno de los hombres se deslizaban con agilidad felina y absoluta discreción hacia la puerta de servicio trasera para abrirse paso con las llaves maestras que Samuel había conseguido duplicar clandestinamente, Samuel se encargó personalmente de la distracción táctica. Con un bidón de líquido acelerante de alta combustión que habían ocultado cuidadosamente en el maletero del coche de apoyo, Samuel se dirigió con paso firme hacia el ala principal y la imponente entrada delantera de la mansión.
Con manos firmes y una fría determinación que rayaba en la frialdad absoluta, derramó un rastro estratégico de combustible a lo largo de los kilométricos pasillos del gran recibidor y las escaleras principales, asegurándose de dejar un charco denso y altamente inflamable justo en el rellano superior de la gran escalinata de caoba. Sin dudarlo un solo segundo, extrajo una caja de cerillas, encendió una llama y la arrojó sin mirar atrás.
En cuestión de segundos, las llamas comenzaron a devorar con furia voraz las pesadas alfombras persas importadas y los tapices antiguos que adornaban las paredes, generando de inmediato una densa columna de humo negro y acre que empezó a invadir rápidamente los pasillos principales, activando de golpe los sensores de humo y las alarmas contra incendios con un estridente chillido metálico que ensordecía a cualquiera.
—¡Fuego! ¡Dios mío, hay un incendio descontrolado! ¡Auxilio, fuego en la entrada principal! —gritaron los empleados despavoridos desde la planta baja, corriendo en todas direcciones presas del pánico, buscando cubos de agua, extintores y las salidas de emergencia mientras el caos absoluto se apoderaba de la planta baja.
En su habitación del ala este, Verónica despertó sobresaltada, con el corazón latiéndole a mil por hora, alertada por el alboroto ensordecedor y el olor inconfundible a humo caliente y madera quemada. Su rostro maquillado palideció instantáneamente de terror puro. Al abrir con torpeza la puerta de la alcoba, comprobó horrorizada que el pasillo delantero estaba completamente envuelto en una espesa neblina gris y asfixiante, y que las primeras lenguas de fuego ya lamían con violencia los marcos de las puertas cercanas.
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Editado: 08.09.2026