Nadie como tú

Capitulo 9

Al bajar del autobús, Alejandro y yo caminamos despacio rumbo a la escuela, no teníamos prisa pues faltaba tiempo para el cambio de clase. Después de lo que había dicho, ninguno de los dos comentó nada, sin embargo, todo el camino tuvo su brazo tras de mí. No hace falta decir que estuve muy nerviosa, pero traté de que mi cara no demostrara nada y me mantuve viendo hacia la ventana.

– Sigo sin entender – Dijo mirando al frente

–¿Qué?

– Tú y Miguel – Bufó mientras negaba con la cabeza – No entiendo.

– ¿Qué es lo que no entiendes?

– Yo juraba, estaba completamente seguro de que él no te interesaba y sin embargo… Novios.

– Él es lindo, amable, inteligente, no entiendo por qué te sorprende que salgamos. – Hizo que nos detuviéramos mientras me tomaba por la muñeca, ya estábamos frente a la puerta de la escuela.

– ¿Te gusta? – Su mirada había cambiado, ya no estaba ese aire despreocupado que siempre lo acompañaba, en su lugar sus ojos se veían firmes, atentos, tanto que me nublaron momentáneamente el pensamiento ¿Por qué me mira así?

– ¿Disculpa? – Lo miré confundida, había perdido el hilo de la conversación por su culpa.

– Miguel… ¿Él te gusta?

– Soy su novia ¿Tu qué crees? – Me crucé de brazos y levanté una ceja.

– No has respondido mi pregunta.

– Acabo de responderte.

– Esa no fue una respuesta mi pregunta estaba hecha para una respuesta de si o no, y tú no me contestaste.

– No te respondí con un sí o un no, pero estoy segura de que puedes interpretar mis palabras. – Me solté de su agarre y comencé a caminar de nuevo.

– Siento que me estas esquivando

– Piensa lo que quieras.

– Siempre pienso lo que quiero… Y siempre lo consigo. – Me susurro esto último en el oído.

Al momento de entrar, nos tocó esperar un poco para el toqué de la clase, en algún momento Mariana apareció y ya no se separó de Alejandro. Al toque de cambio de hora apareció Miguel.

– Hola, pensé que otra vez no venias. Me quedé esperándote en la entrada hace rato.

– Se me hizo tarde, la alarma no sonó.

– Lo bueno es que ya estás aquí. – Me dijo sonriente

Me despedí y subí a clases, durante las horas previas al receso, no pude evitar pensar en lo que me dijo Alejandro ¿Me gustaba Miguel? Lo cierto es que, como le dije, él es lindo, muy lindo conmigo, atento y encantador sin duda alguna, pero… Algo no se sentía bien con él, me sentía mal por haberlo aceptado sin estar segura de mis sentimientos, pero si ya notaba todas esas características tan buenas en él, sería cuestión de tiempo para que me convenciera de que realmente él me gustaba.

Estaba en la cafetería, cuando mi celular vibró en el bolsillo oculto de mi uniforme, ya todas mis amigas sabían que tenía celular, y ya tenía todos sus contactos registrados, de igual manera, ya me habían agregado en el grupo de WhasApp y me habían mandado solicitudes de Facebook, saqué el celular y era Gustavo.

Gustavo

Ya sé que hacer cuando nuestras

ebrias madres se reúnan

 

Candice

¿Qué haremos?

Sonreí, por lo de ebrias madres

 

Gustavo

Este fin de semana lo sabrás,

Mientras te dejaré con la duda

(Puso una emoji de diablito)

 

Candice

No me gusta esperar,

Soy demasiado impaciente… Dime ¿Si?

 

Gustavo

Entonces es buen momento para

practicar la paciencia

 

Me reí y al levantar la mirada, él estaba frente a mí, pero del otro lado de la cafetería con su típica sonrisa.

– Ya tienes celular, vaya… Que bien. – No sé en qué momento Miguel había llegado a mi lado.

– Si, mi mamá por fin me unió a la era de la tecnología.

– ¿Y con quien mensajeabas? – Su pregunta me tomó por sorpresa

– Con Gustavo – Dije con una sonrisa

– ¿Gustavo? ¿El que va en tu salón? – Su ceño estaba ligeramente fruncido

– Si

– ¿Y cómo es que él tiene tu número, y yo que soy tu novio aún no lo tengo? – Tenia una sonrisa forzada en el rostro

– Pues a ti no te había visto hasta ahora. – Soltó el aire fuertemente, supongo que estaba procesando lo que dije.

– Tienes razón y ¿piensas dármelo? – Su rostro nuevamente había cambiado, ahora estaba sonriendo felizmente. Es extraño como cambio de humor tan rápido.

Durante el receso estuve con Miguel, me contó su fin de semana y yo le conté casi todo del mío, omití el hecho de que había dormido en casa de Gustavo, creo que no le agrada y si le contaba eso, no sabría cómo lo tomaría.

Tener un celular tenía sus ventajas, estabas con mayor comunicación y te enterabas de los chismes de forma casi inmediata. La única desventaja era que podían encontrarte muy fácil, y lo digo por Miguel, me mandaba mensajes casi todo el día, y admito que a veces no le respondía pronto, me tenía fastidiada hasta cierto punto tanto mensaje. Lo divertido, mis amigas con sus mensajes, era divertidísimo el chat con ellas y sus stickers, ni hablar de Gustavo era quien me surtía de stickers, lo juro, tenía uno para cada ocasión.




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