Nadie como tú

Capitulo 10

– ¡Alejandro! ¡Ya déjalo! Esta inconsciente, por favor, para.

No sé cuántos golpes le había dado, pero ya eran muchos para alguien que estaba totalmente perdido y tirado en el suelo. Al ver que no me hacía caso, mientras lo pateaba, me acerqué a él, lo tomé por el brazo y noté que la intensidad de sus patadas disminuía, lo aparté un poco y me puse delante de él, busqué su mirada, pero tenía los ojos puestos en Miguel, parecía debatirse entre seguir golpeándolo o hacerme caso.

– Alejandro, mírame – Dije tomando su rostro entre mis manos – mírame – Me hizo caso y su agitada respiración comenzó a calmarse.

Me quedé en esa misma posición unos momentos y cuando lo escuché suspirar, retiré mis manos de sus mejillas, pero algo pasó… sus manos tomaron las mías y las dejaron donde estaban, acto seguido, se agachó hasta colocar su frente sobre la mía. Sé que debería retirarme, pero no podía. Me sentía bien así, teniéndolo tan cerca de mí, sintiendo su aliento, sus manos… Yo me había mantenido con la mirada al suelo, no estaba segura de mí, no sabía cómo iba a reaccionar si alzaba la mirada y lo veía tan cerca. Así que, con la cabeza agachada, hablé:

– ¿Ya estas mejor?

– Si – Vi su pecho inflarse, exhaló – Mejor… Aunque quiero golpearlo un poco más.

– No creo que debas hacer eso – Me separé de él, aun sin mirarlo y puse mis ojos en Miguel – Míralo, no sé si lo dejaste con vida – Me entró la duda y me acerqué a él un poco – ¿Estará respirando? ¿Y si no despierta?

– Va a despertar cuando se le pasé la borrachera, no te preocupes. ¿Tú estás bien? – Volvió a acercarse y vi en su mirada preocupación.

– Sí, estoy bien, él… creo que se le subió el alcohol y… – No supe que decir

– Intento violarte – Completo la frase echando la cabeza un poco hacia atrás.

– No, yo creo que él… – Bajé la mirada nerviosa, Miguel no haría eso – solo tomó demasiado y se dejó llevar por el momento – Se cruzó de brazos, entrecerró los ojos y con gesto molesto dijo:

– ¿De qué demonios estás hablando? Iba a violarte – Dijo esto último en pausa.

– No… no creo, él no sería capaz. – Ahora me miraba más enfadado

– No puedo creer lo que dices ¿Qué no sería capaz? Estaba encima de ti, metiéndote mano mientras tú le gritabas histérica y te retorcías evidentemente no de placer y aun así, él no se detenía, Candice, si yo no hubiera estado aquí, él te habría violado.

Sus claras y directas palabras me dejaron sin nada que decir, porque era cierto, le pedí que se detuviera y no lo hizo, le grité, lo empujé para quitármelo de encima… era obvio que yo no quería.

– Oye… – Se acercó y levantó mi rostro entre sus manos para que lo viera – Lamento haberte hablado así, pero eso es lo que iba a suceder, aunque tú no lo creas, podrá ser muy detallista, atento y lo que quieras, pero eso no lo hace una buena persona… Y lo acabas de comprobar.

Sabía que sus palabras eran ciertas, y por supuesto que pensaría en ello, pero ahora teníamos que pensar en lo que pasaría con Miguel.

– ¿Qué haremos con él? – Le señalé con la cabeza en dirección a Miguel

– Vete, yo me hago cargo.

– ¿Qué? No ¿Cómo crees? No puedo dejarte aquí a cargar con todo.

– Tranquila, puedo hacer esto, y tu saldrás bien librada.

– No me interesa salir bien librada, en este asunto estamos los tres, bueno, dos conscientes y uno no, pero somos tres. Además… No podría dejarte y cargar con todo después de evitar… – No podía decir la palabra, por alguna razón yo sentía vergüenza.

– Bien, entonces ¿que se te ocurre? – Me crucé de brazos en dirección al cuerpo de Miguel y puse a trabajar mi mente con posibles escenarios.

– Diremos que yo estuve aquí, que discutimos, salí de la casa y que cuando él iba persiguiéndome por la calle se topó con unos tipos con los que comenzó a discutir y aquello termino en golpes, luego apareciste tú, sacándolo de la pelea y luego me ayudaste a traerlo aquí otra vez ¿Qué dices?

Su cara era de absoluta incredulidad y sorpresa – Eres toda una mente maquiavélica, Candice – estaba sonriendo y yo sentí el rubor en mis mejillas.

– Bueno, no seré muy fuerte, pero puedo sacarme de ciertos problemas sin ayuda. – Me encogí de hombros.

– ¿Quién te viera? Uno pensaría que no rompes ni un plato

– Pues no suelo hablar de mis virtudes, pero las tengo por supuesto. – Se rio echando su cabeza hacia atrás.

– Esta bien, me parece que tu versión es buena, y ciertamente creíble

– Lo único malo sería que él recuerde perfectamente lo que pasó aquí y nos desmienta.

– Pff, por favor, estaba muy ebrio y él es de esos que olvida cosas cuando se embriaga.

– ¿Seguro? – Levanté una ceja

– Si, seguro – Estiró su mano para darme un apretón de manos – Esté será nuestro pequeño secretito.

–Y vaya secretito – murmuré

Alejandro me dijo que me fuera, que llamaría a los padres de Miguel y les contaría mi versión, estuve de acuerdo, no quería tener que dar más falsas explicaciones.




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