Nadie como tú

Capitulo 11

A la mañana siguiente nuestras madres no nos dejaron dormir hasta muy tarde, eran las diez de la mañana y ellas ya estaban frescas como lechuga a pesar de que habíamos llegado casi a las cuatro de la mañana.

¿Y para que nos levantaron temprano? Pues viajaríamos a una cabaña cerca de las montañas para pasar la velada de navidad allá, solo he ido una vez en mi vida y era muy pequeña, pero recuerdo que era bonito. Muy frio, pero bonito.

– Este lugar está increíble – Dijo Gustavo

– Si… es muy tranquilo – Dije mientras miraba las montañas llenas de nieve – Oye, no sé cómo decirte esto, pero… Si recibes algún mensaje de Miguel por favor, ignóralo. Es más, no los leas, solo bórralos y luego bloquéalo.

– Demasiado tarde – Puso cara de fastidio – Ha estado molestando desde la madrugada.

– Ay Dios… Cuanto lo siento, de verdad, es que… Acabamos de romper y vio la foto de los tres en Facebook, ahora cree que tengo algo contigo, de verdad lo siento, lo siento muchísimo.

– No te preocupes, no me afecta, ni me molestan sus mensajes, de hecho, creo que tengo que aprender de esto.

– ¿Aprender que cosa? – Lo miré confundida

– Como no debo comportarme cuando algún día tenga novia y esta me termine. Espero nunca, jamás hacer estas ridiculeces.

– Yo también lo espero. – Puse mi mano sobre su hombro

–¡Oigan! ¡Vamos allá! – Mabel gritó señalando en dirección a un lago congelado que servía como pista de patinaje.

– ¡No inventes! Nunca he patinado sobre hielo. – Gustavo se veía emocionado

– Pues que esperamos, vamos. – Los animé

Nos dirigimos a la pista, los tres pedimos los patines y entramos. Realmente era como los patines en línea, estos pesaban un poco más, lo que me dificultaba un poco poder alzar los pies, pero no tarde mucho en acoplarme a ellos, Mabel y Gustavo parecía que también ya habían encontrado el modo de no caer y al poco rato ya estábamos dando vueltas a una velocidad considerable. Estuvimos payaseando con ser patinadores profesionales, según nosotros hacíamos giros como ellos, saltos y todo lo demás, cabe señalar que éramos malísimos pero muy optimistas.

Al volver a casa, nuestras madres estaban en la sala conversando, nos dijeron dónde estaban nuestras habitaciones, para fortuna de todos, esta cabaña era grande y cada uno dormiría en su propia habitación, también nos dijeron a qué hora nos iríamos para que bajáramos ya listos.

Lo primero que hice fue tirarme sobre la cama, estaba cansada, esto del patinaje es difícil, ya entiendo porque son tan delgados esos deportistas, sentí mi celular vibrar y de nuevo era él, no pensaba contestar, pero recordé lo que me había dicho Gustavo y no pude dejarlo pasar.

– Diga

– Hola, por fin respondes

– ¿Para qué llamaste? Pensé que todo había quedado claro cuando te dije que terminábamos.

– ¿Me terminaste porque estas saliendo con Gustavo? – Su voz se escuchaba molesta, pero estaba controlado.

– No

– ¿Segura? Porque se ven muy felices en sus fotos, conmigo casi nunca dejaste que nos tomáramos fotos, decías que no te gustaban, pero con él sonríes mucho.

– Gustavo es mi amigo, es normal que sonría cuando estoy con ellos, deberías mirar bien las fotos, hay tres personas en ellas, no solo él y yo.

– ¿Y desde cuando son amigos?

– Oye, no voy a seguir con esto, no tengo por qué darte explicaciones, si te respondí, fue para pedirte que dejes de molestarlo, él no tiene nada que ver en esto, e incluso si así fuera ¿no crees que lo mejor sería comportarse con dignidad? Es ridículo que le mandes mensajes. Y por cierto, si te parece que soy una mosquita muerta ¿Por qué putas sigues enviando mensajes y llamándome?

– Por qué te quiero… Y me duele verte tan feliz con otras personas mientras yo estoy aquí como imbécil sufriendo por ti – Lo escuché soltar un fuerte respiro y yo hice lo mismo – Escucha… yo no sé de verdad lo que me pasa contigo, siento celos de todos los que hablan contigo, de los que te miran… quisiera que nadie más te viera, solo yo. De verdad que siento que he perdido la cabeza. Por Dios, pienso en ti todo el día, todos los días, incluso te sueño. Candice, yo… te quiero demasiado, siento que… te amo y no quiero que me dejes.

Me quedé sin palabras, no sabía que decir, ambos estuvimos en silencio hasta que él continuó:

– Perdón por todos los mensajes ofensivos, pero de verdad esto es nuevo, ni siquiera yo me reconozco, me he vuelto posesivo, quiero estar todo el tiempo contigo. Creí que había hecho todo bien, pero estoy dándome cuenta de que no es así.

– Mira, no hablemos más de esto, lo importante ahora es que ambos estamos bien, bueno tu aun debes estar recuperándote, pero estamos bien.

– Yo no estoy bien sin ti, Candice.

– ¿Cómo sigues? – Quise cambiar el tema

– Bien, ya puedo moverme con mayor facilidad, estaré totalmente recuperado para el regreso a clases. Candice ¿puedo pedirte algo?

– Si, supongo que sí.




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