Nadie como tú

Capitulo 18

Habíamos caminado unos pasos cuando volteó a verme.

– Yo puedo regresar sola

– No, ya es tarde, voy a acompañarte.

– De verdad no es necesario

– Sé que no es necesario, pero, quiero hacerlo.

Caminamos por las calles sin siquiera mirarnos, ella caminaba delante de mí, mientras yo solo la miraba, entiendo que no me crea, que piense que solo la utilizo como a las demás, después de todo eso es lo que he hecho hasta el momento ¿Qué debo hacer para que me crea? ¿Cómo cambio esa imagen que tiene de mí?

Llegamos a su casa y antes de que entrara la detuve.

– Candice, quiero repetirte esto, aunque no me creas – tome su mano y le di un pequeño apretón – Me gustas y quiero que seas mi novia, por esa razón te prometo que haré lo que este en mis manos para cambiar lo que piensas de mi ¿crees que solo juego contigo? Te voy a probar que no es así.

 

Decidí caminar un poco, mi cabeza estaba hecha un lio, entiendo que en la escuela los rumores sobre mi sean fuertes, algunos contienen verdades, pero algunos otros son mentiras, había rumores de que yo y Mariana manteníamos una relación, lo cual nunca me preocupe por desmentir, primer error, no pensé en las consecuencias que eso me traería, la desconfianza que Candice me tendría, estaba completamente seguro de que con nuestras salidas sería suficiente para que ella confiara en mí.

Durante el fin de semana me dediqué a pensar en la situación, había dicho que yo la veía a escondidas y hasta cierto punto era cierto, quería mantener lo nuestro apartado de los demás, específicamente de Miguel, pero todo me salió mal, ella malinterpreto mis intenciones, también era cierto que no le enviaba mensajes, pero eso era porque no quería molestarla, no se imagina que a diario lucho con las ganas de saber de ella y lo mucho que me cuesta no llamarla o mandarle mensajes.

Tengo que hacer algo.

 

El lunes por la mañana me dirigí a la escuela con un nuevo objetivo… Candice tiene que creerme. ¿Y cuál era la solución? Ya no iba a esconderme, ya no iba a contener mis intenciones, mis emociones.

Como usualmente lo hacía desde hace un tiempo, me senté tras su escritorio y esperé a que llegara, mientras eso sucedía, hablé con Mabel.

– Oye – dije acercándome un poco hacia ella

– ¿Si?

– ¿Tienen planes para hoy? Me refiero a Candice y a ti

– Hasta el momento no ¿Por qué?

– Quiero salir con ella después de la escuela – Me sonrió pícaramente y levantó una ceja

– ¿Y se puede saber para qué?

– Eres muy curiosa – Me crucé de brazos y sonreí

– De todas formas, si sales con ella me voy a enterar de todo, así que ¿Por qué no me dices de una vez? – Me dio risa su sinceridad, es cierto, ellas parecían muy cercanas.

– Quiero pasar la mayor parte del tiempo con ella, es todo lo que diré de momento.

Candice llegó y pudo notar que nosotros estábamos hablando.

– Buenos días – Saludo sin mirarme

– Buenos días, Candice

Las clases avanzaron de manera normal y para la hora antes del receso, toqué su hombro y giró algo sorprendida a verme, le mostré el pedazo de papel que tenía en la mano y se lo di.

¿Podemos almorzar juntos?

No

Bastante directa, no se andaba con rodeos, pero yo tampoco era de rendirme tan fácil, así que contraataqué.

¿Por qué no?

No quiero tener problemas

¿Por qué los tendrías? ¿Tu novio no te deja hablar con los demás?

Tus “amigas” van a molestarse

Mis “amigas” no tienen por qué molestarse, anda, almuerza conmigo ¿Si?

 

La vi meter el papel en la mochila, al parecer es una negación a mi petición, para este punto, varios de nuestros compañeros se habían dado cuenta de que intercambiábamos papeles. Tomé otro pedazo de hoja, toqué su hombro, pero se inclinó hacia adelante, casi me levanté por completo del asiento cuando el maestro se giró para escribir en el pizarrón y le puse el papel cerca de su mano, al regresar a mi lugar todos estaban observándonos, algunos con curiosidad, otros con sonrisas y otros… con enojo.

No aceptaré un no por respuesta, te juro que cuando salga el maestro, lo diré en voz alta.

Sé que leyó el papel, la vi hacerlo, pero solo lo guardó ¡Bien! Aquí vamos…

Cuando el profesor salió, algunos compañeros comenzaron a levantarse, guardar sus cosas, yo esperé a que ella terminara de hacerlo, cuando se levantó, inmediatamente me levanté y juro que desde que dije las primeras palabras, todos guardaron silencio.

– Oye, Candice… ¿almorzamos juntos? – Toda su cara se volvió roja

– Ahh… – me miraba nerviosa – si

– Bien – Sonreí complacido

En el salón, todos se quedaron estáticos viendo lo que ocurría, salimos de ahí y mientras caminábamos le pregunté:

– ¿Qué quieres almorzar?




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