Nadie como tú

Capitulo 19

Tenía una sensación extraña, una que no había sentido, era una mezcla de nervios, alegría, vergüenza, inseguridad, acabo de aceptar ser novia de Alejandro ¡Qué mundo es este! Alguien como él… conmigo…

Al terminar de bailar, fui al baño con mis amigas, todas estaban histéricas de lo que habían presenciado.

Mabel: ¿Ya son novios?

Xiomara: No creo que sean novios, Alejandro no tiene novias.

Brenda: Yo creo que con Candice es diferente, ustedes mismas han visto como siempre está al pendiente de ella.

Anel: Me cuesta reconocerlo, pero, es verdad, él se comporta diferente con ella… Yo creo que esta vez se enamoró.

Mabel: ¡Ay! ¡Ya! Quítanos la duda mujer

Todas se me quedaron viendo, incluso Alicia, quien no había dicho nada, ni una sola palabra.

– Tienen razón… Acabo de aceptar ser su novia.

Mabel: ¡Ah! Lo sabía, lo sabía, sabía que le gustabas, se le nota

Anel: Si, honestamente es muy obvio

Xiomara: Esperemos que no tengas problemas con su club de fans.

Mabel: Tranquila – puso sus manos sobre mis hombros – nosotras estaremos contigo cuando te estén dando una buena golpiza, te echaremos porras.

Todas estallamos a carcajadas – Gracias por el apoyo – comenté mientras salíamos. Caminaba con Mabel a mi lado, mientras las demás estaban entretenidas conversando sobre sus vestidos delante de nosotras.

–Candice ¿Podemos hablar? – Juro que Miguel es una persona extraña, se supone que ya no iba a hablarme, que ya estábamos bien, sin embargo, aquí está, otra vez tratando de hablar.

Por mi experiencia con él, sé que esto no va a resultar bien, si soy amable me mal interpreta, si no lo soy, se molesta, e ignorarlo lo enfurece, aun así, opté por no responderle, solo negué con la cabeza, me giré y traté de alejarme, pero me tomó del brazo.

– Tengo que hablar contigo – dijo mientras me sacaba del auditorio.

– Suéltame, Miguel, dijiste que ya no hablaríamos – le recordé, pero otra vez estaba en ese estado, su voz, su mirada, ese alter ego suyo que tanto me intimidaba estaba presente.

– ¡No escuchaste! Déjala – Mabel trato de ayudarme, pero, Miguel la arrojó al suelo y fue donde comencé a pelear más, me resistía con todas mis fuerzas, pero no estaba funcionando.

Cuando abrió la puerta del baño y tiró de mí, me apoyé del marco de esta, mi corazón se quería salir del pecho cuando pude ver a Alejandro viniendo hacia nosotros, quería gritarle por ayuda, pero me daba miedo que Miguel lo lastimara. De un solo tirón, venció mis fuerzas y me encerró en el baño con él.

– Candice, él te está engañando, él no es una buena persona, se la pasa de chica en chica – me tenía sujeta por las muñecas – Tú no puedes estar con él. Tú no eres como las demás.

–Miguel, por favor suéltame, me estas lastimando – traté de que mi voz se escuchara tranquila a pesar del miedo que tenía.

– ¿Estas escuchando lo que te estoy diciendo? Tú y él son muy diferentes, él solo quiere usarte como a las demás.

– Osea que es igual que tu – no sé cómo tuve el valor para decirle eso, comencé a escuchar la voz de Alejandro mientras golpeaba la puerta.

– ¡él y yo nunca seremos iguales, Candice! – me empujó contra la pared – Yo si te quiero, él no, él solo está jugando contigo.

La puerta se abrió de golpe y mis ojos se dirigieron de inmediato hacia Alejandro, por unos instantes todo se volvió confuso para mí, no escuchaba sonido alguno, solo los veía, estaba totalmente paralizada. Le pedí a Alejandro que nos fuéramos y me hizo caso.

Al entrar a mi casa, a pesar de que Alejandro me pidió que no dejáramos que este día se viera empañado por nada, no pude contenerme, comencé a temblar, tenía miedo, Miguel me daba miedo y no sabía qué hacer, no sé si estoy exagerando, tal vez no sea para tanto, pero… Tal vez, sí.

Entré a darme una ducha, al salir, tenía un mensaje de Alejandro.

¿Cómo éstas?

Alejandro

 

Bien ¿y tú?

Candice

 

También, de hecho, estoy pensando en ti,

Creo que ya te extraño

Alejandro

 

Creo que yo también

Candice

El corazón se me detuvo unos instantes cuando tocaron la puerta – Candice, ábreme – era él, Miguel estaba en la puerta de mi casa – Sé que estás ahí, ¡abre la maldita puerta!

El celular casi se me cayó de las manos ¿Qué hago? Comencé a escribirle un mensaje a Alejandro, pero, me arrepentí, no quiero meterlo en esto, además si le digo que está aquí, podría venir y entonces sí, nadie los podría detener.

– ¡Candice! – Seguía gritando en la puerta

Comencé a escuchar voces, él había parado de tocar y de llamarme, me acerqué a la puerta para poner atención, era mi mamá, no me di cuenta de la hora, esta es la hora a la que regresa del trabajo. Sin dudarlo abrí la puerta y ambos giraron a verme.




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