Nadie como tú

Capitulo 25

Cuando entramos a casa de Gustavo, nuestras madres estaban con un montón de botellas de cerveza en la mesa, se estaban contando cosas entre lágrimas y quejas, Gustavo y yo, entramos lentamente, sin que nos escucharan.

–Te lo juro le di todo a ese hombre – decía mi mamá – no sé qué más quería de mí, ¿sexo a todas horas? ¿Qué lo esperara con ropa sexi a diario?

– Te lo digo y te lo firmo donde quieras, los hombres solo piensan en sexo ¿quieres tener a un hombre feliz? Cógetelo a diario y veras – Decía arrastrando las palabras la señora Mariana – es más, diario no es suficiente, es diario y cada 4 horas como si fuera comida… Malditos hombres, son como animales – tomó de su bebida

– Supongo que por eso se fue con ella, debe darle cada 3 horas, y metérsela por todos los hoyos que tenga – Esa información era nueva, estaba casi segura de que mi papá se había ido por otra razón, pero ahora lo confirmo, dejó a mi mamá por otra.

– Si, sí, eso es… por eso les encantan las menores, ellas son más libertinas para esas cosas, si se la pudieran meter en el oído, créeme que lo harían.

– No puedo creer que me engañara, te lo juro, sigo en negación, bueno, estoy consciente de ello, pero una parte de mi se niega a aceptar, que después de todos estos años, de las subidas y bajadas, de los problemas económicos, de nuestra hija, de las veces en que nos apoyamos mutuamente… Nada de eso importó… Al final, a pesar de darlo todo… o por lo menos de lo que yo creía era todo, me dejo por otra que lo único que le da es sexo. ¿Desde cuándo el sexo es tan importante? – La señora Mariana tomó la mano de mi mamá y dijo:

–Desde siempre, ese es el problema, nosotras asumimos que, al tomar el rol de familia, ya sabes, de ser ama de casa, mujer trabajadora, de ser madre, eso complementa al hombre, pero no…. NO, NO, NO, para ellos todo eso no importa, nada importa, solo les importa que ya no tienes ganas de sexo, ¡¿Quién putas va a tener ganas de sexo después de estar todo el día trabajando, y luego llegar a casa y seguir trabajando en las labores domésticas?! ¡¿Eh?! ¡¿Quién?! ¡Nadie!... Oye, nosotras somos fuertes, mucho más resistentes, pero por el amor de Dios, ¡También nos cansamos!

–Exacto, somo mujeres agotadas, no queremos sexo… ¡Wey, queremos descansar!

– Siiiiii, merecemos descansar

Gustavo y yo solo las escuchábamos desde las escaleras, lo miré y se encogió de hombros – Creo que ser mamá es mucho trabajo.

– Si, eso parece, ¿y sabes qué? Acabo de descubrir que no quiero ser madre.

– Si, creo que yo tampoco quiero ser madre – Coincidió Gustavo y nos reímos por su comentario

Antes de que comenzaran a llorar o decir cualquier otra cosa, nos reunimos con ellas, ambos abrazamos a nuestras madres y ellas, como cualquier persona alcoholizada, comenzaron a decirnos que éramos lo mejor de su vida, que nos amaban y ya saben, todas esas cosas que dicen. Gustavo tuvo la grandiosa idea de cambiar de música, comenzó con música que a ellas les gustaba y poco a poco las cambió por sonidos más nuevos pero que igual les gustaba bailar.

No sé cuantos minutos pasaron, pero nosotros seguíamos en lo nuestro, la mamá de gustavo nos dio una cerveza a cada uno y mi mamá dijo –Solo una– Asentí y la tomé de a poco. Está por demás decir que me mareé un poco y para mi sorpresa cuando me la terminé mi mamá me ofreció otra, me guiñó el ojo, creo que me tiene mucha confianza para ofrecerme más.

Cerca de las 3 de la mañana, por fin se rindieron, estaban ya muy borrachas, las llevamos a la habitación y como ya era costumbre, Gustavo y yo nos tiramos en el suelo.

–¿Qué tal todo? – Preguntó

–Bien, todo bien ¿y tú? – me giré hacia él

– Mmm, no me quejo… oye he tenido una duda, bueno, más que duda es una certeza

– Dime

– ¿Alejandro tiene algo contra mí? – Me quedé sin palabras unos instantes

– No, bueno… creo que esta algo… –no sabía si decírselo, pero creo que es bueno que lo sepa – celoso de ti.

– ¡¿Qué?! –Levantó la voz y se sentó, yo hice los mismo y le pedí que guardara silencio – ¿Celoso de mí? – Asentí con la cabeza – ¿en serio?

–Si, es en serio, muy en serio

– Estoy sin palabras… jamás pensé que yo pudiera ser el causante de tales sentimientos.

–Pues ahora lo sabes, causas celos. – ambos reímos

– ¿Vas a dejar de hablarme?

– Por supuesto que no, y él lo sabe.

– No quiero que me golpee –me eché a reír – es en serio, él tiene esa fama, no quiero ser uno más de los derribados por él.

– No lo hará, te lo prometo, además tiene mucho que no golpea a nadie ¿o sí? – la duda llegó a mi mente

– Pues no, pero ya sabes lo que dicen “hasta fama y échate a dormir”

– Algunas veces es cierto, lo cual me parece triste, porque ¿qué tal que la persona ya cambio?, ya no puede hacer nada, esa fama lo seguirá siempre.

– Tienes razón, ¿Cómo vas con la otra fama?

–¿Cuál de todas? – levanté la ceja sonriendo




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