Nadie como tú

Capitulo 32

Existe un límite para todo, como cuando comes mucho y te dan ganas de vomitar por el exceso, o cuando te ejercitas demasiado y te mareas, tu cuerpo te dice que estas en el límite de tu capacidad, así sucede con el amor, o por lo menos en mi caso, estoy al límite con Alejandro.

Creí que él de verdad solo se había emborrachado y que posiblemente Mariana lo hubiera besado, eso es aceptable, dudoso, pero cabe dentro de las posibilidades, y tal vez podía lidiar con eso, pero, el saber que no solo hubo besos si no también sexo, eso sí me rebasa.

No importa cuánto me diga que no lo recuerda, o cuanto me diga que me ama según él, no puedo perdonarlo. Me gustaba pensar que yo era especial para él, que a pesar de la cantidad de mujeres mucho mejores que yo, a él le bastaba conmigo, pero… aún no sé qué fui para él, ¿un experimento? Como en las películas, donde el chico guapo hace una apuesta y se mete con la más fea, ridícula y patética de la escuela, no soy una belleza, tampoco me considero patética o ridícula, aunque francamente, justo ahora, así me siento.

Sin duda, el me ha marcado de una manera muy dolorosa, pero… no pasa nada, no será la primera vez que me equivoco, creía en el ratón de los dientes, creía en los cuentos de hadas, en los reyes magos, en el amor… creía que el amor de verdad existía, ese que te dicen que te hace sentir mariposas, que te quema la piel, y que te inunda el corazón, donde todo es ternura, cariño y comprensión, e igual que todo lo demás, resultó ser falso.

Una linda ilusión que dura solo unos instantes, momentos mágicos que terminarán destruyéndose, lo sé, ya lo he vivido, esta sensación de tristeza y desconfianza la tengo desde que papá se fue, después de todo, ¿Qué puedes esperar del resto del mundo, cuando una de las personas que se supone debe estar contigo por el resto de tu vida, te abandona?

No puedo dejarme caer, no quiero que me pregunten como estoy, no quiero su lastima, prefiero que solo me ignoren, hacer como si nada hubiera pasado. Y eso haré… aquí, nada pasó.

No hubo llamadas, ni mensajes, ni ningún otro intento de acercarse a mí por parte de Alejandro, he estado tratando de distraerme con cualquier cosa, lo que sea es bueno, a veces me iba a casa de Mabel o Gustavo y pasaba casi todo el día con ellos, ya me había vuelto un ente más en sus casas, en la mía no hay nadie por lo regular, mamá pasa casi todo el tiempo trabajando la pobre.

Mañana tendríamos que viajar, estaba emocionada, sería un fin de semana ocupado, mi mente se ocuparía en muchas cosas, menos en Alejandro, quien afortunadamente no irá, fue de lo primero que me aseguré, porqué si él iba, yo no. Fui al centro comercial y compré algunas cosas para el viaje. Esa noche, nuestro grupo de WhatsApp era una locura, todas estábamos pensando que hacer por la noche, si bien los maestros iban a estar cuidando de que no saliéramos de los cuartos, siempre hay una manera de hacer de las nuestras. El plan ya estaba hecho.

Cuando llegué y comencé a subir las maletas al autobús, el corazón casi se me detiene, Alejandro estaba ahí ¡¿Qué demonios hace aquí?! ¡Maldita, perra y puta vida! No, no, no, no… Este viaje se fue al carajo.

Durante el viaje, me senté en la parte trasera con mis amigas, íbamos cantando y haciendo todo el ruido posible, y a pesar de que trate de no verlo, mi mirada constantemente buscaba a Alejandro, los malditos celos estaban a millón, un grupo de mis compañeras estaban conversando con él, y no me molestaba que conversaran, el problema es que era obvio como estaban tratando de llamar su atención. No me importa. A mí no me importa. «Ahora repítelo, hasta que te lo creas» – pensé.

En el hotel, lamenté mucho no poder quedarme con Mabel, y no quería pedirle a Anel que cambiáramos, porqué Alicia podría sentirse mal, los últimos días ha estado muy unida a nosotras, tenemos nuestro limite con ella, hay cosas de las que no hablamos si ella está presente, Mabel cree que es hipócrita conmigo, y yo, honestamente no sé que creer, no sé si realmente quiere ser nuestra amiga, pareciera que sí, pero… no sé, lo dudo.

– Oye, quería que supieras por mí que Miguel va a venir – Me quedé con el rizador de pestañas en la mano, ya estábamos cambiándonos para salir a bailar, no supe que decir, bueno, quería preguntarle ¿Qué demonios tiene en la cabeza? Sin embargo, dije:

– Pensé que solo seriamos nosotras

– Es que me dijo que él estaría en casa de sus papás este fin de semana y ya sabes… quiero verlo el mayor tiempo posible – Admitió sonrojada

– Entiendo, pero, no sería mejor, ya sabes, que te fueras con él, estar tiempo a solas, o algo asi.

– Estaremos un tiempo a solas, pero más tarde – me guiñó el ojo y continuo en lo suyo.

Bien, es oficial, este viaje se fue al carajo, ¡Al puto carajo!

Mabel me envió mensajes casi al mismo tiempo que yo conversaba con Alicia, me decía que Anel sabía que Miguel estaría aquí, y que a ella tampoco le parecía una buena idea. Al salir de hotel, Miguel estaba esperando por nosotras, me resulta tan incomodo ver cómo me mira, tal vez sean alucinaciones mías, pero, su mirada sigue siendo muy penetrante y hacia mí, no hacía a Alicia, a quien se supone debería ver así.

– Necesito decirte algo – susurró Mabel antes de subir al coche.

El lugar al que nos llevó era normal, un bar con música a todo volumen, justo lo que necesito para liberar estrés, me senté en la orilla de la mesa, lejos de Miguel y Alicia, quienes se sentaron al centro de la mesa viendo a la pista, estuvimos  un rato sentadas, Miguel había pedido varias botellas de alcohol, mismas que fueron servidas por el mesero, yo pedí tequila, resulta ser que, últimamente, esto me ayuda a no pensar mucho y solo liberarme, y esa sensación me gustaba.




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