Nadie Enciende las Luces

En silencio

El miedo tiene una forma muy específica de sentirse dentro del cuerpo.

A mí me paralizó por completo.

Gael reaccionó antes que yo cuando escuchamos las llaves chocando con la puerta.

—Mierda… Murmuró él en voz baja.

Todo ocurrió demasiado rápido, recogí algunas de mis prendas, mientras intentaba cubrirme como podía con la camiseta de él.

Lo raro, es que por más que lo intenté me seguía sintiendo desnuda.

Mi mente se movía lentamente, como si todavía no entendiera completamente lo que estaba pasando.

—Ve a mi habitación.

Dijo él apresurado

—¡AHORA!

Y yo corrí.

Su habitación estaba al final del pasillo, pero todo estaba completamente oscuro, no tuve otra opción.

Quería esconderme debajo de su cama, no pude, me escondí detrás de su puerta en silencio.

Los escuché hablando de su día mientras entraron a la cocina y luego, él entró normal, como si nada estuviera pasando.

—Tienes que irte lo más pronto posible. Me dijo, sin importar como estaba yo.

—Asentí con la cabeza.

—Cuando mi madre se duerma, te sales por la ventana.

No respondí nada, solo tenía miedo, me sentía vulnerable en ese momento, nunca me había sentido tan pequeña, porque la vergüenza tiene una forma muy específica de quedarse pegada al cuerpo.

Su habitación no tenía ventanas, lo que significaba que debía salir por la ventana de la sala.

Esa ventana que me generó escalofríos por su aspecto.

—Mierda…

Me acordé que había dejado algunas de mis prendas en el piso de esa sala.

Pensé que no había problema, porque debía salir por ahí.

Me equivoqué…

Tocaron la puerta, mi corazón estaba a mil.

Gael abrió la puerta.

Me paralicé por unos minutos.

—Gael, necesitamos hablar. Dijo su madre.

—Sí, ma. ¿Sobre qué?

—Gael, sé que esa muchachita está aquí, déjame entrar que necesito hablar con ella.

Gael me sacó de un solo jalón, sin siquiera mirar cómo estaba yo.

Ella me miró con cara de decepción, y detrás estaba el mismo hombre sin rostro, en sus manos tenia el resto de mis pertenencias.

—Eres una muchachita muy ingenua. Dijo su madre.

Bajé la cabeza.

—…

—Sabes exactamente lo que haces.

—…

—Y lo peor es que también sabes cómo lo puedes terminar.

—…

—Haces las cosas sabiendo sus consecuencias y aún así, no aprendes.

Ese día, sí aprendí algo.

Aprendí qué, hay personas que no necesitan gritar o hablar para destruirte.



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En el texto hay: misterio, melancolia, romance oscuro

Editado: 12.06.2026

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