Nadie es Digno

Capítulo 8. El sabor de la resaca

Valeria

La luz de la mañana se filtraba por las cortinas de mi habitación como si fueran punzones directo a mis sienes. Abrí los ojos y el primer recuerdo que me golpeó no fue el dolor de cabeza, sino la imagen de Julián en el estacionamiento, con su traje impecable y esa mirada que oscilaba entre la furia y algo que, por un segundo, me atrevería a llamar preocupación.

— ¡Maldita sea, Valeria! —Murmuré para mí misma, enterrando la cara en la almohada—. ¿"Perfume caro y frustración"? ¿En serio le dijiste eso?

Intentar recordar el resto de la noche era como armar un rompecabezas con piezas que habían sido bañadas en tequila. Recordé con claridad el trayecto en su coche; cuando llegamos a mi edificio, él fue lo suficientemente caballeroso —o quizás simplemente controlador— como para apagar el motor y preguntar si necesitaba que me acompañara hasta la puerta de mi apartamento. Mi instinto de autosuficiencia, incluso entre la neblina del alcohol, se activó de inmediato: le dije que no, que estaba perfectamente bien. Fui lo suficientemente hábil para bajar del auto, caminar con paso firme y entrar a mi edificio, cerrando la puerta a mis espaldas antes de que él pudiera siquiera bajarse del vehículo.

Sabía que Nicole me vería mañana con una sonrisa cómplice y que Diego probablemente se burlaría de lo ocurrido, pero lo que realmente me aterraba era el momento de cruzar la puerta del hotel. ¿Cómo se mira a los ojos al jefe después de haberle pedido, en estado de ebriedad, que bailara conmigo?

Tomé una ducha fría, esperando que el agua arrastrara no solo el cansancio, sino la vergüenza. Me puse el uniforme con movimientos mecánicos, intentando convencerme de que si actuaba con suficiente profesionalismo, quizás él fingiría que nuestra interacción en el estacionamiento nunca existió.

Cuando llegué al hotel, el ambiente en la cocina era un caos controlado. Nicole me miró de reojo mientras yo intentaba disimular mi estado con un exceso de café.

—Buenos días, "jefa fuera de servicio" —susurró Nicole con una sonrisa burlona mientras pasaba a mi lado—. ¿Cómo se siente el mundo el día de hoy?

Antes de que pudiera responder, la puerta de la cocina se abrió con un golpe seco. Julián entró, manteniendo esa postura rígida que tanto me irritaba... y que hoy, después de lo de anoche, me ponía los pelos de punta. Sus ojos recorrieron la estación de trabajo con esa precisión de francotirador que detestaba, y cuando se detuvieron en mí, el silencio en la cocina se volvió espeso. Sentí que el aire me faltaba. Mis manos, que sostenían el cuchillo para empezar a picar, temblaron apenas un milímetro. ¿Iba a despedirme? ¿Iba a mencionar lo que dije?

Cerré los ojos un segundo, respiré hondo y decidí que mi mejor defensa era el ataque frontal: ignorar el evento, concentrarme en la producción y tratarlo con la misma distancia gélida que él siempre me ofrecía. Pero mientras él caminaba hacia mi estación, su mirada no se despegaba de la mía, y supe que este servicio no iba a ser nada parecido a lo que estábamos acostumbrados.

Caminó hacia mi estación con pasos lentos, casi calculados, ignorando los saludos de los demás cocineros. Cuando estuvo a mi altura, se detuvo tan cerca que pude notar el aroma de su loción, ese que anoche, bajo los efectos del alcohol, me había parecido "caro y frustrante".

—Chef —dijo, usando mi título con una frialdad que me hizo erizar la piel—. Necesito un momento en la oficina. Ahora.

La orden fue lo suficientemente baja para que el resto del equipo no escuchara el trasfondo, pero el tono no admitía réplicas. Nicole, que estaba a pocos pasos, dejó de picar las verduras y me lanzó una mirada de "estás en problemas". Intenté mantener la compostura, dejé el cuchillo sobre la tabla con un sonido seco y me limpié las manos en el delantal, sintiendo que cada par de ojos en la cocina estaba clavado en mi espalda.

—Enseguida, señor Alcázar —respondí, intentando que mi voz no delatara la tormenta interna que me causaba la resaca y la ansiedad.

Caminé tras él, atravesando la cocina hasta el ascensor que nos llevaría al piso 30. El trayecto fue una agonía silenciosa; los números del panel luminoso ascendían lentamente, marcando cada piso como si fuera una cuenta regresiva hacia mi propio juicio final. Al abrirse las puertas en su planta, el ambiente se transformó: el ruido de la cocina se desvaneció, reemplazado por la atmósfera impecable, fría y excesivamente silenciosa de sus oficinas.

Él caminó con paso firme hasta su despacho, abriendo la puerta y cerrándola tras nosotros con un sonido seco que resonó en el amplio espacio. Se giró hacia mí, apoyándose contra el borde de su escritorio, sin quitarse la chaqueta, manteniendo esa barrera infranqueable entre nosotros.

—Valeria —comenzó, y por primera vez en toda la mañana, su voz no sonó a jefe, sino a algo más complejo y difícil de definir—. Espero que hoy, a la luz del día, tengas una explicación lógica para el comportamiento de anoche, o al menos, la decencia de reconocer que cruzaste una línea que no podemos permitirnos ignorar.

Sentí el peso de su mirada, pero esta vez no desvié la vista. La resaca todavía me punzaba en las sienes, pero la vergüenza empezaba a ser reemplazada por una punzada de honestidad que me resultaba imposible de contener en aquel despacho tan aséptico.

— ¿La explicación lógica que buscas? —respondí, sintiendo cómo mi voz ganaba firmeza a pesar de mis manos entrelazadas—. No la tengo, Julián. Lo que viste anoche fue simplemente el resultado de acumular demasiadas horas de servicio y demasiada presión bajo tu mando. Si buscas una disculpa formal por haberte dicho lo que pienso, me temo que no la vas a obtener. No me arrepiento de lo que dije, me arrepiento de haber perdido el control, pero mis palabras... mis palabras siguen siendo ciertas.

Me acerqué un paso, invadiendo el espacio de su escritorio, rompiendo la distancia de seguridad que él tanto protegía.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.