Karla estaba sumergida en sus pensamientos mientras caminaba por la banqueta, armando lentamente un plan contra quienes se atrevieron a hacer llorar a su hermana, pero se detuvo por un momento recordando una cita que su madre alguna vez le enseñó.
“No tomen venganza, queridos hermanos, sino dejen el castigo en las manos de Dios, porque está escrito: «Mía es la venganza; yo pagaré», dice el Señor” (Romanos 12:19).
—Perdóname, Mamá… pero a veces tienes que tomar venganza por tu maldita cuenta. —Murmuró apretando los puños hasta que los nudillos se le pusieron blancos — Esta vez… no voy a esperar un puto milagro.
Fue a la ferretería de la cuadra siguiente; con el dinero conseguido ese día compró una cinta industrial. La tomó en sus manos mientras pensaba en lo que estaba a punto de hacer, guardó la cinta en su mochila con resignación en la mirada.
Sin perder más tiempo, Karla se encaminó a la escuela, llegando antes que todos los estudiantes se fueran.
Había algunos niños cerca de la escuela aún con sus uniformes puestos. Karla caminó alrededor de las canchas que se encuentran fuera de la escuela; ahí encontró a la líder, la chica alta con el cabello castaño claramente teñido, la cual estaba hablando con un chico de la secundaria — se notaba que era mayor que ella.
—Esa maldita zorra… —Murmuró entre dientes, frunciendo el ceño hasta que le dolió la frente antes de fingir mirar un reloj inexistente en su muñeca, fingiendo estar esperando a alguien.
Después de unos minutos, Karla vio cómo ella se despidió del chico. Esa era su señal. En cuanto ella se encaminó a una calle menos transitada, Karla la siguió manteniendo distancia escondiéndose entre los carros estacionados, quería dejarla en paz pero no paraba de recordar el estado en el que encontró a su hermana.
Ella se detuvo frente a una casa blanca de dos pisos que lucía casi elegante, con portón negro; sacó unas llaves de su mochila y entró. Karla se quedó detrás de un auto tratando de fingir que no le afectaba la casa perfecta que estaba viendo.
Karla decidió esperar a que ella saliera de casa para seguir con su plan, el resto del día transcurrió con tranquilidad; Karla veía de lejos cómo los niños jugaban en las calles casi vacías y se apartaban cuando pasaba algún carro.
En cuanto anocheció, los niños se despidieron y se fueron a sus casas. Karla aún estaba esperando para poder seguir con su plan, pero poco a poco perdía la esperanza, su cuerpo se sentía pesado por el cansancio y por el frío comenzó a tiritar. «No creo que salga», pensó mientras se sentaba en el suelo.
Justo cuando sus ojos estaban a punto de cerrarse por completo, escuchó el portón abrirse, al instante Karla abrió los ojos, se tensó al escuchar el ruido de los pasos de alguien; Karla salió de su escondite lentamente y la vio salir de su casa con monedero en mano, era obvio que iba a la tienda.
Al instante sacó el martillo de su mochila, apretó el mango con fuerza antes de comenzar a seguirla. Cuando estuvo a su lado pasó el martillo a su mano derecha y sin titubear la golpeó con presión en un punto detrás de su sien, en la parte lateral de la cabeza, al instante ella cayó al suelo con un ruido sordo.
—Esto fue por mi hermana, maldita... —Dijo con desdén mirándola con frialdad, tomó el monedero que ella tenía y lo guardó en su mochila junto con el martillo.
Revisó su ropa encontrándose con el iPhone, que también guardó en su mochila; soltó un suspiro antes de levantarla y cargarla en su espalda, ella estaba pesada, pero Karla podía cargarla gracias a la fuerza acumulada de años de trabajo.
Karla caminó de regreso a casa, al ser de noche ya no había tantas personas, las personas no sospecharon nada al verlas juntas, ya que parecía que estaba cargando a su hermana dormida; en el camino Karla tuvo que tomar algunos descansos antes de seguir.
En cuanto llegó a su casa abrió la puerta rápido, en el instante que la abrió la tiró dentro de la casa dejándola tirada en el suelo. Cuando por fin la soltó se enderezó y se estiró antes de cerrar la puerta.
Karla la piso sin molestarse, se dirigió a su cuarto encontrando a su hermana dormida en la cama, su uniforme estaba tirado en el suelo, la envoltura de las galletas a un lado de su hermana; Karla sonrió antes de cerrar la puerta con cuidado y agradecer que su hermana tiene el sueño pesado.
—Esto lo hago por tí… mi niña. —Susurró alejándose del cuarto y dirigiéndose a la cocina, tomando una silla del comedor.
Lleva la silla al cuarto de sus padres; después la arrastra hasta llevarla a la silla y la sienta con cuidado. De su mochila saca la cinta industrial, le ata las manos y los pies con la cinta, por último le pone cinta en la boca.
Cuando termina se sienta en el suelo, Karla tomó su mochila y sacó el iPhone que le quitó a ella. Lo miró con curiosidad antes de encenderlo.
—Vamos a ver qué escondes — dijo antes de desbloquear el celular, para su suerte no tenía contraseña.
Al instante le llegó un mensaje de alguien: «Evelyn, pásame el vídeo de esa perra». Karla la volteó a ver.
—Entonces, te llamas Evelyn… —Murmuró para sí misma, sin embargo le llamó la atención la mención de un vídeo.
Entró a la galería, pasó algunas fotos antes de encontrar un vídeo, era el grupo de niñas que molestaban a Jessica y al parecer Evelyn estaba grabando; en el vídeo se podía apreciar cómo Jessica estaba llorando, gritando que la dejen en paz, Karla quería apartar la mirada pero se forzó a verlo completo, apretó los dientes al ver que la arrodillaron frente a un chico, este se abrió el pantalón tomó a Jessica del cabello con fuerza, Karla no pudo más y tiró el celular a un lado.