Los chicos siguieron caminando hasta que en un costado de aquella arboleda encontraron un camino que daba hacia otra dirección, decidieron seguirlo, entre caminatas y corridas se iban adentrando más y más al bosque, cada vez llegaban menos rayos de sol, siguieron hasta donde había un ser un tanto pequeño media un metro aproximadamente, tenía una forma humanoide pero su cabeza era la de un lagarto y su piel era escamosa y rojiza, con sus dos manos sostenía una espada que era tan larga como la mitad de su cuerpo, tenía una hoja afilada que brillaba con el poco sol que entraba al lugar, ese era el único paso para seguir adelante.
—¿Quiénes son ustedes? y ¿Qué hacen aquí? — habló aquel ser, con una voz ronca y mirada atemorizante.
—Somos estudiantes de Calmécac señor, estamos en una prueba, necesitamos atrapar a un Curit, ¿no lo ha visto por aquí? —
—Mi nombre es Ardus, soy el Kobol guardián de este camino, se ve que son unos chicos sinceros— le respondió a Matius.
—Pero no pueden cruzar por aquí, hay peligros que no imaginan, así que regresen inmediatamente por donde vinieron—
Los chicos se vieron entre sí.
—Está bien señor— dijo Gina con voz suave y algo apesarada, los chicos regresaron por el lugar, algo molestos por haber perdido tanto tiempo.
—Miren eso. — Dan vio un camino al lado izquierdo que no habían visto antes.
—Chicos será mejor que regresemos, ya casi no hay luz y no me gusta este lugar, — exclamó Gina, y con justa razón, aquel lugar de hermoso pasaba a ser aterrador, el viento comenzaba a soplar más fuerte haciendo que las ramas danzaran a un compás desentonado y espeluznante, los sonidos que emitían las hojas con el roce entre ellas empezaba a volverse inquietante.
—Tenemos que atrapar ese animal— dijo Dan,
—Pienso que Gina tiene razón, no hay porque exponernos, — Habló Matius con seguridad, al parecer la votación se dio sin planearla, el aventurero chico aceptó retirarse, no caminaron ni dos metros cuando un árbol gigantesco cayó frente a ellos obstaculizándoles la salida, a Gina se le escapó un grito, pero rápidamente con sus manos se tapó la boca.
—No queda de otra— dijo Matius, —avancemos por aquí – señalando el camino que habían visto, la noche cayo, pero para alivio de ellos la luna parecía brillar más que nunca. Los árboles que estaban enfrente separaban sus ramas para dejar pasar los rayos de luz que esta proporcionaba.
Por otro lado, el ganador ya era anunciado.
—Bien hecho— dijo el maestro Rodger a Alexa y sus dos compañeros, Steven y Welder, —han hecho un excelente trabajo—
Rodger sacó su trompeta y comenzó tocarla para que todos escucharan, luego de un momento la mayoría de estudiantes estaban reunidos, pero faltaban 3, Gina, Dan y Matius. Luego de varios minutos de espera, Angela se dirigió donde Rodger,
—Esto me está alarmando, iré a buscarlos mientras tu llevas al resto de estudiantes al colegio— Rodger asintió con la cabeza,
—Siganme chicos y no se separen si no quieren tener una mala noche—