Mientras tanto, en Calmecac, Elizabeth Crow se encontraba ante las puertas del castillo que daban al salón del consejo. Al abrirlas, se escuchó la madera chirriar con furia.
"Hermanita, ¿qué haces tú aquí?" cuestionó Victor Crow al ver a Elizabeth entrar en el salón del consejo.
"No sé quién está más sorprendido, si tú al verme aquí, o yo al verte sentado en la silla de Vladimir".
"Solo estaba un poco cansado y quería descansar un momento sentándome. Imagino que no estás aquí para limpiar, ¿verdad, hermana?"
-Acertaste, los días de este perverso consejo han llegado a su fin, querido hermanito menor.
-Déjame decirte dos cosas: una, aunque se divida el consejo, siempre habrá quienes, desde las sombras, seguirán nuestros pasos. Y dos, solo eres mayor que yo por un minuto. Hoprus, sal de allí -ordenó Victor con una voz autoritaria.
De repente, la habitación se llenó de luces y destellos, y un cuervo apareció. Sin embargo, su aspecto había cambiado radicalmente. Ahora, Hoprus se había materializado en una forma humanoide, con piernas fuertes y garras en lugar de pies. Sus brazos eran igualmente musculosos y tenían garras en vez de manos. El pecho de Hoprus estaba cubierto de plumas negras, igual que el resto de su cuerpo. Su cabeza de cuervo infundía miedo con sus grandes alas negras y ojos rojos como el carmesí. La figura de Hoprus estaba tan imponente que resultaba difícil de soportar para cualquiera que lo viera.
" - ¡Lo lograste! ¡Pudiste unirte con el alma de tu Nahual! Nunca hubiera imaginado que alguien como tú, que solía pensar que los Nahuales eran meras herramientas, fuera capaz de crear un vínculo tan fuerte.
¿Y quién ha dicho que pienso lo contrario? Ahora es cuando más pienso que es así, pero lo que importa aquí es que esta noche morirás.
Víctor, tú y yo no concordamos en nada, pero si hay algo en lo que nos parecemos.
¿Y qué puede ser eso? preguntó Víctor.
En que a los dos nos apasiona luchar, dijo Elizabeth mientras sonreía frenéticamente.
¿Luchar? Esto no será una lucha, será una masacre, mátala Hoprus
"Mientras Hoprus, el cuervo semihumano, volaba hacia Elizabeth con rapidez, una luz brillante invadió el lugar. "¡Graja!", exclamó Elizabeth. En un instante, un cuervo blanco con silueta femenina y un antifaz apareció en el lugar y detuvo a Hoprus con su garra.
"¿Qué es esto? ¿Cuándo tú...?"
"¿Por qué te extrañas, hermanito?" Graja agitó sus alas, elevándose y, a continuación, lanzó a Hoprus por los aires. Este cayó de rodillas al lado de su portador.
"Creo que no es conveniente que nos matemos aquí hoy", declaró Víctor.
"Yo pienso lo mismo, y odiaría tener que decirle a mamá que maté a su hijo querido".
La noche era tenebrosa en la montaña. Los árboles se agitaban con la brisa fresca y las estrellas brillaban en el cielo nocturno. De repente, se escuchó una voz que rompió el silencio.
BERIAS, se escuchó un grito y, seguido, un estruendo como de rayo. Las hojas de los árboles se movieron y un dragón de escamas rojas se materializó en el sitio. Era del mismo tamaño que Tiamus. Sus alas eran largas, sus ojos grandes y entrecerrados. Tenía dos cuernos a cada lado de su cabeza, a diferencia de Tiamus que solo tenía uno en el centro y era de color negro. Los dos dragones tenían espinas en su espalda y una gran cola. La presencia de Berias en la montaña hacía que la atmósfera fuera aún más intensa y tensa.
Roger miró incierto a un hombre de edad avanzada que se encontraba ante él. Con un tono de duda en su voz, preguntó:
"¿Dazel, de verdad eres tú?"
Aquel hombre lo vio con una amplia sonrisa y respondió con confianza:
"Por supuesto que soy yo. ¿Quién más haría entradas tan geniales como esta?" dijo con orgullo en su voz. "Hola Dan, ¿cómo estás?"
Dan saludó al anciano, algo desconcertado. Era un hombre mayor con una larga cabellera blanca y una túnica blanca que caía suavemente sobre sus hombros. Sus ojos brillaban con sabiduría y conocimiento, y su presencia transmitía paz y serenidad.
"¿Eres tú el que vimos en la cueva la vez pasada?" preguntó Dan.
"Ya veo que me recuerdas, Dan
"¡Hola, mi viejo amigo, Dazel!" interrumpió Vladimir con un tono de voz un tanto molesto.
"Hola, Vladimir. Hace mucho tiempo que no nos vemos cara a cara" respondió Dazel con una sonrisa en su voz.
"No puedo creer que hayas aparecido después de tanto tiempo" exclamó Vladimir, sorprendido.
"¡Jaaa! Y tú crees que puedes hacer alguna diferencia, viejo decrépito" pronunció Karper con énfasis.
"Ya lo veremos" respondió Dazel con seguridad.
La tensión podía sentirse en el aire mientras los tres personajes se enfrentaban cara a cara bajo la luz de la luna.