Aquellas enormes Águilas comenzaron a volar por los cielos, el panorama era hermoso los chicos podían tocar las nubes. Todos iban muy maravillados, Dan y Matius iban comentando lo genial que era volar, mientras Feber iba casi saltando en su ave, Angela lo miro y le dijo,
—Guarda un poco tu compostura no te gustara caerte desde esta altu..—
No había terminado de decir la oración cuando el joven se desprendió de aquel nahual gritando mientras caía al vacío, Angela mandó al ave a traerlo, el joven gritaba como loco.
—AAAAAA NO QUIERO MORIRRR, AAAAAAAAAA AUN NO SE QUE ES EL AMOR, NO QUIERO MORRIIIIIIRRRRR—
Poco antes de que pegara al suelo, el águila lo tomo con sus enormes garras, el ave voló hasta las nubes donde se encontraba el resto los demás niños los cuales se reían de la expresión de terror que tenía en su rostro. La vista era cada vez más hermosa, a medida avanzaban podían ver dos grandes montañas una al lado de otra y en el horizonte se miraba la luz resplandeciente del sol, de un momento a otro ya estaban pasando en medio de aquellas grandes e imponentes montañas, pero no todo era belleza, el pasar en medio de aquellos grandes cerros no era muy agradable, el lugar era algo tenebroso y extrañas criaturas con formas esqueléticas asomaban sus cabezas por las múltiples cuevas que ya hacían entre las piedras.
Angela le dijo a los chicos que no dieran mucha importancia a dichos seres,
—Jóvenes no los miren demasiado, a ellos les molesta ser observados—
Luego de pasar por dicho lugar se podía apreciar un inmenso mar azul y delante de él un castillo enorme, segmentado en varias pirámides, en su entrada había dos estatuas las cuales tenían forma de grifos, la del lado derecho tenía cuerpo de León, su cabeza y sus alas eran como las de un águila, las patas traseras como fuertes patas de León y en la parte delantera tenía garras de águila, la estatua del lado derecho era igual de imponente con la diferencia que era un tanto menos corpulenta, sus alas eran más delgadas y su cabeza era de Halcón sus patas traseras y delanteras eran como de puma con grandes garras afiladas, un campo de césped sumamente verde rodeaba todo el castillo, Los chicos estaban realmente asombrados.
—Wooww Matius mira, es realmente fantástico, exclamó Dan—
-Si es asombroso-
En aquel campo se encontraban algunas personas haciendo espera,
—Jóvenes es momento de bajar a tierra, por favor sujétense muy fuerte—
Las enormes aves comenzaron a descender una por una y de último aterrizó Angela. Cada uno de los que estaba esperando se dirigió a un ave diferente, Angela al estar parada en tierra dijo,
—Jóvenes les presento a nuestros portadores del cielo ellos son los encargados de vigilar cerca de las nubes—
Todos los niños mostraron su asombro y su respeto por dichas personas,
—Pueden tomar sus maletas y seguirme—
Caminaron atravesando las estatuas que ferozmente vigilaban el acceso, llegaron a un pasillo en el que a su lado izquierdo tenía retratos en madera muy fina, cada retrato tenia la foto de una personas, a su lado derecho había la misma cantidad de cuadros pero en ellos se mostraban imágenes de nahuales, algunos tenían una forma muy aterradora, otros muy delicados y otros extremadamente imponentes, Angela se paró enfrente de dos puertas gigantes se dio la vuelta y dijo,
—En este momento serán presentados ante el Consejo de Calmécac, espero se comporten como es debido—, al mismo tiempo que observaba a Feber seriamente.
—En su honor se a preparado un pequeña recepción—
Abrió las puertas del lugar y lo primero que se podía observar era un gran pasillo con una alfombra roja, habían varias mesas al lado izquierdo al igual que al lado derecho, En las mesas ya hacían sentados los invitados, y al lado de cada mesa había grandes bestias los chicos estaban maravillados, podían ver tigres, pumas osos y más aves gigantes en todo salón.