En momentos de mi niñez anhelé ser normal. Cuando alzo la vista y contemplo el infinito iluminado por millones de estrellas, formo parte de él como una extensión del universo. No soy una hija del cosmos, como papá y Frewin, pero tampoco un ser humano, como mi amada madre. No sé quién soy… Nunca había nacido nadie de la semilla de un guardián de Luz y en mis ojos dispares llevo reflejada la esencia. La energía corre por mis mágicas venas, como la lava que se oculta en el interior de un volcán. Ansía dominarme, tengo que canalizarla, pues si entra en erupción puedo perder el control.
En la vida todo existe como opuestos inseparables: el amor y el odio, la juventud y la vejez, el hombre y la mujer o la luz y la oscuridad. Uno jamás existiría sin el otro y presiento ser la llave que abre un resquicio entre dos mundos: el terrenal y el celestial. Soy mitad humana y, aunque parezca extraño, es mi parte más poderosa. Con ella tengo la fortaleza, pero también la debilidad, y solo mi mente tiene el poder de elegir entre uno de los dos.
Conozco mi origen y, aunque crecí escuchando los relatos de lo ocurrido en Namásium, llevo su historia insertada en cada célula que compone mi cuerpo. Es mi legado y mi turno para luchar.
El destino es incierto, pero yo lo pienso cambiar y, aunque tenga que dar mi vida en el intento, acabaré con la magia arcana y oscura que ansía dominar los secretos del cosmos.
Soy Estrella Rissal, hija de Zeta e Imara, y aquí comienza mi historia.