Estrella recorrió el templo, ensimismada. Atravesó un pasillo largo que, cuyas paredes, representaban a las tres deidades taoístas en un elegante mural pintado a mano. De soslayo miró las imágenes. Había tanta semejanza entre aquellas divinidades y las guardianas de Luz, que dedicó una sonrisa cariñosa a Frewin, mientras seguía silenciosa sus pisadas.
Era de madrugada. Se oía el suave sonido del viento y el canto de los grillos. Pensó en lo que hizo, en cómo pudo llegar hasta Namásium e introducirse en la mente de Axel. La magia era parte de ella, algo tan normal como respirar. Hasta ahora, solo jugaba con la energía para ofrecer algún espectáculo visual, de los cuales sus compañeras disfrutaban mucho, pero jamás llegó a plantearse hasta qué punto podía alcanzar.
El instante en que Axel la poseyó, el tiempo dio un salto en su memoria. No conseguía recordar lo sucedido, hasta el momento en que Frewin saltó sobre ella. La sensación le provocaba escalofríos, no podía permitir que la usara para hacer daño. Más preocupaciones acudían a ella. “¿Y si Axel es capaz de controlar también mi magia?” El miedo la invadió. “¿Cómo he podido entrar en la mente de Axel?” Ser testigo de esas imágenes, proyectadas a una velocidad descomunal, habían conseguido revolverle el estómago. “Tengo que acabar con esto.”
Fue hasta la habitación de Melbek, dio un par de golpes en la puerta y abrió despacio, esperaba que no estuviera dormida. Allí no había nadie, pero supo dónde estaría. Al llegar a la sala del gong, la encontró sentada, de espaldas a la puerta. Miraba el paisaje iluminado a la luz de la luna llena.
—Melbek… —dijo en voz baja.
—Te oí llegar, recuerda que puedo escuchar a mucha distancia —La áurea dio un par de palmaditas al suelo, invitándola a ponerse junto a ella. Estrella se sentó a su lado y Frewin las vigilaba desde atrás.
—Tengo que hacerlo… —Melbek le dedicó una entrañable sonrisa, mostrando la cara amoratada. Estrella sintió un pellizco de culpabilidad—. No puedo permitir que me utilice para haceros daño. Tú y Frewin sois todo lo que tengo. Ya me quitó a mis padres y, con ellos, la posibilidad de tener una vida normal.
—No hubieras podido tener una vida normal —Melbek le acarició la trenza—, porque tú no eres normal.
—Quizás, a veces…, he sido un poco anormal —Melbek soltó una leve carcajada, pues le encantaba como ironizaba Estrella ante la adversidad.
—Eres extraordinaria, pequeña. Puede que tu destino sea acabar con lo que tu padre no pudo. Aunque no niego que preferiría que te quedarás aquí, a salvo, conmigo.
—A salvo…. —suspiró Estrella—. Ya nada está a salvo, mientras él tenga poder.
—Sí, me duele pensar que eso es verdad. Escúchame bien —Melbek se posicionó frente a ella y apoyó las manos sobre los hombros de Estrella, mirándola fijamente a los ojos—, no quiero que te enfrentes a él de forma directa.
—Pero…
—Debes estar muy atenta. Si ha conseguido capturar la magia de los guardianes de Luz, derrotando a tu padre y apresando a Frewin en el cuerpo de un animal, no puedes subestimarle. Tienes que ser inteligente. No dejes que te encuentre y mucho menos que te posea. Esas son sus armas, tienes el poder para conseguirlo.
—¿Qué debo hacer, maestra?
—Encontrar la fuente que alimenta la magia arcana y acabar con ella.
—Pero, ¿cómo voy a conseguir eso?
—No lo sé, pero confío en el cosmos y en tu destino. Ya te lo he dicho, eres extraordinaria. Siempre he velado por tu seguridad y ya te has hecho mayor. Solo te pido que pienses con la cabeza y no con el corazón. Pensar con él corazón y enfrentarse a alguien que carece de él, no servirá de nada. Debes ser más inteligente que él.
—¿Si me descubre?
—No dejes que te vean y si lo hacen, ¡huye! —Melbek zarandeo un poco a Estrella, con intención de que sus consejos calaran hondo—. ¿Cuál es su punto débil?
—El mismo que le hace poderoso —Recapacitó Estrella—. Su sucia magia…
—Justo el lugar dónde hay que atacar.
—Y, ¿dónde está?
—Eso es lo que debes encontrar, pero ni se te ocurra enfrentarte a él cara a cara.
Durante el paseo, Estrella había reunido la valentía suficiente para plantarle cara a Axel, pero Melbek trastocó todos los planes con sólo una conversación. Era un plan inteligente y tenía mucha razón. ¿Cómo había pensado que podía acabar con él, así sin más?
—Pensé en darle una buena paliza, ¿sabes? —Estrella bromeó.
—Ja, ja, ja. Te he enseñado todo lo que sé y sin duda le ganarías en un combate en igualdad de condiciones —Melbek la abrazó— Ahora descansa, necesitas reponer fuerzas. Mañana te irás de viaje.
—Por papá, mamá y Frewin; por Toss y Surak; por Riux, por Sagor y por todos los que han sufrido y sufren bajo su yugo.
Aquellas palabras hicieron que los ojos de Melbek se inundaran.
—Y por ti, mi vida.
Se sumieron la una en los brazos de la otra, aquello era una despedida. La imponente pantera se acercó a ellas, restregó su enorme cabeza y las tres se quedaron bajo el cobijo de aquel abrazo durante un largo rato. Estrella regresó a la habitación, por última vez, e intentó descansar tal y cómo le había dicho Melbek. Se tumbó y muy lejos de encontrar un descanso reconfortante, se sumió de nuevo en sus sueños.