Elas salió de la reunión con Tiana peor de lo que entró. Él se mantuvo en silencio, mientras la fornida mujer les escoltaba hasta la salida del poblado. Roy lanzaba miradas coquetas y algún guiño de ojo al guardaespaldas. Su carácter guasón daba a entender que su pretensión era molestarla. Ella se mantenía seria, sorda ante los comentarios.
—Al menos dime cómo te llamas —dijo Roy.
—Keyla —contestó ella, desde atrás y sin mirarle, esperando que así la dejara en paz.
—¿Sabes, Keyla? Cuando llegamos parecías más simpática —Elas le miró de reojo por el comentario, con el semblante muy serio, pero no le dio importancia.
Keyla le dio un puntapié a la base de la lanza y con un ágil giro de muñeca, apuntó su arma hacia la parte trasera del áureo. Solo le hizo falta un pequeño empujón para pincharle y Roy no pudo evitar dar un pequeño salto hacia adelante, que provocó la risa de la mujer y la de Elas, liberando por un momento la presión que le acompañaba.
—¡Eso te pasa por listo! — Elas palmeó la espalda de su compañero.
Roy dedicó una mirada a Keyla, con cara de asombro, debido a su peculiar y estrambótica carcajada.
—Tienes una sonrisa preciosa —comentó Roy, mientras se pasaba la mano sobre la zona afectada por la lanza.
La mujer les acompañó hasta el límite del poblado, allí donde las gigantescas rocas terminaban dando paso a la espesa arboleda. Continuaron a solas, no sin antes de que Roy se despidiera dedicándole una última mirada acompañada de un guiño. Las pisadas de Elas eran apesadumbradas, parecía que su cuerpo pesaba el triple de lo normal. Sus energías se habían agotado tras aquella visita. No había sacado nada en claro, no veía la salida y el agotamiento psíquico se reflejaba en las facciones de su rostro. Cada vez se le marcaban más los pómulos, sus escleróticas estaban grisáceas y tenía el pelo enmarañado.
En el camino, hasta salir del poblado, Roy se había tomado lo ocurrido como si aquello hubiera sido una expedición fallida más; pero la situación en la que vio al joven Elas le hizo entender la importancia que en realidad tenia. Aunque intentó consolarle e infundirle ánimo, Elas le explicó muy bien la situación. Esta era la respuesta que necesitaba, era todo o nada, y para su gran pesar la oportunidad había muerto, al igual que Nimán, por nada. Roy intentó animarle, asegurándole que seguirían buscando hasta el final, pero Elas explotó airoso. Alzó la voz lo suficiente como para que las pequeñas aves de los arboles salieran en estampida.
—¡Yo no soy Nimán y no tengo ni su don, ni su experiencia! ¿Esperas que encuentre la solución por arte de magia? —Una sonrisa sutil se dibujó en los labios de Elas, tras la ironía de su pregunta. Roy se mantuvo serio—. Estoy cansado…
Roy siguió tras los pasos de Elas, que le tomó distancia tras su confesión. Era casi mediodía y el cielo se ocultó tras un cúmulo de nubarrones, el aire se volvió frio y la lluvia comenzó a caer con bastante intensidad. Roy y Elas aligeraron el paso para llegar al barco antes de acabar empapados, pero un extraño sonido atrajo la atención de Roy. Intentó avisar a Elas, pero este se mantenía concentrado en llegar cuanto antes. “Habrá sido algún pequeño animal entre los arbustos.” Pensó Roy para evitar la preocupación y aumentó la intensidad de su carrera para alcanzar a Elas, sin percatarse de que una columna de niebla oscura, similar a una serpiente, ganaba velocidad tras sus pisadas.
—¡Elas, espérame! No corras tanto, vamos a llegar empapados igual…
En ese instante la bruma se enredó en sus tobillos, le apretó con fuerza y tiró hacia el lado contrario. Roy cayó con tal fuerza, que apenas pudo poner las manos entre él y el suelo. Asustado y con el labio partido, gritó para llamar la atención del muchacho. Elas fue en su ayuda, pero unos metros antes de llegar, la bruma negra tiró de Roy hasta ocultarlo tras la maleza. El pánico se apoderó de él y, sin dudarlo, le siguió. No podría soportar otra muerte más sobre su espalda. Se tiró al suelo y reptando atravesó la vegetación. No conseguía ver nada, más que hojas y ramas. Estiró la mano y rogó a Roy que la cogiera. Sintió un gran alivio cuando le agarró, pensó que era él. Intentó tirar para sacarle de allí, pera la niebla también le había atrapado. Serpenteó desde la mano hasta el codo, sin poder hacer nada por evitarlo. Un doloroso tirón que le dislocó el hombro le llevó hacia el otro lado. Su brazo quedó inerte, incapaz de hacer ningún movimiento. Cuando levantó la vista reparó en la presencia de tres áureos que reían de forma maquiavélica ante su trofeo. Roy permanecía atado de pies y manos por la niebla, con abrasiones en la cara y el labio hinchado. Elas luchó por incorporarse con rapidez, cuando uno de ellos se acercó a él y golpeó su brazo herido. Un intenso crujido acompañado de un lamento de dolor, recolocó la extremidad en su sitio de una forma muy dolorosa. Tras aquel flaco favor, el agresor empezó a mover los dedos que se desintegraron en más niebla oscura hasta atrapar a Elas, encadenándolo. “magia arcana…”
—¡Dejadnos marchar! —Elas alzó la voz enfurecido.
—¿Crees que hemos hecho todo esto para, ahora, dejaros ir tan tranquilos? —Rio uno de ellos.
—No somos nadie y no tenemos nada, ¡por favor!
—En eso estamos de acuerdo, cierto es que no sois nadie —carcajeó el que tenía a Roy.
—Pero sí tenéis algo… —contestó su captor, mirándole fijamente a los ojos a un palmo de distancia—. Un limpio y espeso líquido rojo que nos dará el favor y el poder que necesitamos.