Namásium. El legado del tiempo

CAPÍTULO 15: REVELACIONES

En la oscuridad de la noche se vislumbraba cientos de antorcha. Iluminaban los puentes que conectaban cada extremo de las montañas rocosas.

Roy apenas podía mantenerse consciente para ayudar a Estrella y Elas, mientras Frewin abría camino varios metros adelante. Intentaban mantenerle despierto o no podrían llegar acarenado con su peso, pero Roy sucumbió ante el dolor y la pérdida de sangre. Sus brazos quedaron lánguidos, como un muñeco de trapo, deslizándose por los hombros de Elas y Estrella, que lo agarraron sin éxito. No tuvieron más opción que dejar a Roy apoyado sobre el tronco de un árbol. La frente del herido parecía derretirse entre sudores fríos. Elas, desesperado por el bienestar de su amigo, intentó despertarlo con suaves toques en la mejilla. Le ardía la piel y la consciencia solo regresaba cuando se le escapaban débiles lamentos. Elas rajó el pantalón para dejar la herida al descubierto, aquello pintaba muy mal. Estrella y Frewin hablaron con la mirada mientras comprendían que no llegaría vivo si no hacían algo rápido.

—Amigo, por favor, despierta. Ya casi estamos llegando, no puedes rendirte ahora —Elas no podía evitar que las lágrimas se escaparan. Tenía el corazón encogido. Sabía que no lograría soportar una nueva losa si Roy moría.

Frewin asintió ante lo que transmitían los ojos de Estrella. Prefería arriesgarse y saltarse la norma de no usar magia, para no ser descubierta, a no hacer nada por intentar salvarle. Alguna vez había sanado pequeñas heridas, pero esta vez la situación era muy seria.

Elas observaba desesperado cada movimiento. Ella respiró hondo, se agachó frente a Roy, apoyo las rodillas en el suelo y se sentó sobre las piernas. Comenzó a meditar. Después de un par de minutos, alzó los brazos y abrió las manos. La plenitud comenzó a inundar sus venas mientras la energía del universo se filtraba por la piel. Emitió un leve resplandor cuando suplicó al cosmos su favor. Apoyó las manos sobre la herida, a lo que Roy emitió un quejido de dolor. Estrella tembló ante la intensidad de su magia. La sangre de Roy se mezcló con el resplandor que emanaba de sus palmas. Los tejidos quebrados de la piel se hilvanaron de forma pausada. El halo aumentó su intensidad y Elas dejó de parpadear para no perder detalle, envuelto en un espectáculo mágico como jamás había visto. La leyenda de que Namásium disfrutó de aquel don tiempo atrás, empezó a convertirse en una realidad ante sus ojos. La lesión apenas quedó como la cicatriz de un arañazo y Roy volvía en sí mientras Estrella perdía fuerzas hasta el desmayo.

Hubiera dado con la cabeza en el suelo de no ser por la rápida intervención del muchacho, que la agarró entre sus brazos. No pudo evitar fijarse en las facciones de su rostro, en la piel blanquecina de su cara cubierta de varios mechones rebeldes de pelo rojizo; en sus labios gruesos en los que descansaba un pequeño lunar, solo visible acercándose lo suficiente. De inmediato, Estrella abrió los ojos de par en par y un intenso sol resplandeció en su iris azul, mientras el ojo negro titiló con un leve fulgor rojizo. Seguidamente los volvió a cerrar agotada.

—Tranquilo, se pondrá bien —Frewin leyó en los ojos de Elas los sentimientos recién despertados.

—¿Quién eres? —Preguntó Elas a la pantera. Roy fue a contestar, preocupado por la extrañez de la pregunta, cuando contempló que hablaba con el animal.

—Antes, una guardiana de Luz. Ahora… su protectora.

Roy se incorporó. Rebosante de salud se sintió mejor que nunca. En el aire percibió un leve olor fresco y dulce debido al rastro de esencia y energía, que todavía borboteaba del interior de Estrella. La esperanza rebosó en su corazón y la felicidad inundó sus sentidos. Acababa de descubrir en Estrella a una salvadora. La recogió del regazo de Elas, era el más fuerte y debían continuar el camino hasta la tierra de los Drilas. Un kilómetro después, se adentraron por el sendero rocoso que daba la bienvenida al poblado. Aquel ser que los persiguió pasando desapercibido, prefirió quedarse sobre la copa del último árbol. Expectante a su regreso.

Antes de llegar a la primera cabaña donde comenzaba el poblado, Keyla ya los había interceptado un par de puentes más arriba. Bajó a su encuentro, mientras observaba que traían compañía. Elas le suplicó hablar con Tiana, lo cual aceptó mucho más hospitalaria que la primera vez y Roy le guiñó un ojo como agradecimiento. Llegaron a la última cabaña de la cima y Keyla anunció la llegada de los visitantes. El interior estaba cargado por la humareda proveniente de decenas de inciensos. Recorrieron el largo pasillo hasta llegar a la sala donde Tiana esperaba. Estrella aún dormía y la jefa del clan no dudó en ofrecer un sitio para poder descansar. Elas quiso hablar para contarle lo sucedido, cuando las miradas de Tiana y la pantera se cruzaron. Una fugaz revelación la sacudió. Vio quién era y, cortando las explicaciones del joven, se postró ante Frewin. La pantera advirtió que aquello no hacía falta, pero Tiana no la pudo escuchar. Elas se puso frente a ella e hizo de interlocutor. No sabía porque él podía escucharla y otros no, pero sintió que, por fin, la lucha que llevaba combatiendo hacía años empezaba a tomar rumbo. Tiana les ofreció cobijo, pero prefirieron no separarse de Estrella. Se acomodaron como pudieron en aquella sala y dispusieron que sería mejor descansar.

El cielo pintaba los colores del alba cuando Estrella despertó. No sabía dónde estaba, pero vio a Frewin, Elas y Roy aun dormidos, estos dos últimos de forma muy incómoda. En una mesa redonda de madera, Tiana esperó en vela durante toda la noche. Observaba a Estrella impaciente por mirar en su interior.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.