Namásium. El legado del tiempo

CAPÍTULO 21: PERDIDA

PARTE 2

El viaje en el tiempo, mi cabeza reviviendo a Frewin envuelta en un charco de sangre y el bosque de las Almas ardiendo han revuelto mi estómago. Respiro despacio e intento controlar lo inevitable, llevándome la mano a la boca. Imposible, el fuego recorre mi esófago hasta expulsar de mi cuerpo restos de bilis. Gateo hasta la orilla de un lago. El agua me devuelve el reflejo. Tengo la cara hinchada, Melbek me dio una buena paliza y la sangre reseca de la nariz apenas deja pasar el aire hasta mis pulmones. Necesito enjuagarme la cara y la boca, porque me sabe a rayos.

El sol del alba oculta los astros tras la luz de un nuevo día. No sé hasta qué punto habré regresado atrás en el tiempo y mi cabeza palpita con cada movimiento. Observo mí alrededor y reconozco el imponente palacio que se alza entre lagunas. Seguro que estoy en las llanuras de Mikas.

Busco la vara de madera para que soporte mi peso al levantarme, ¡mierda! La he perdido. Estoy demasiado magullada y cada paso que doy hace que una punzada recorra mis músculos. Camino hasta adentrarme en el pueblo intentando pasar desapercibida, pero muchas miradas curiosas se clavan en mí. Normal, con las pintas que llevo parece que me he caído por un barranco.

El aire está impregnado de una fragancia dulce y agradable. No sé si ellos la perciben, pero aquí huele a magia. Veo como los áureos recorren las calles ignorantes de la realidad, felices, haciendo sus vidas. Una plaza adoquinada de un blanco impoluto, con fuentes conectadas en canales, me da la bienvenida al centro de la capital. Un joven áureo con pelo azulado, a juego con su túnica, está dando un espectáculo en mitad del lugar. Sus manos crean figuras luminosas, con los colores del arcoíris, haciendo peripecias y malabares que los espectadores, tanto niños como adultos, disfrutan contemplando.

Reprimo las lágrimas y en la garganta se me ha formado un nudo que apenas me deja respirar. Miro abajo, hacia un lado, y Frewin no está a mi vera. Ella era mi guía, mi bastón, mi mitad… Necesito salir de aquí. No soporto las risas de los viandantes. Un grupo de niños correteando se chocan contra mí y, en otra ocasión, me hubiera reído; pero me dan unas ganas tremendas de levantarlos en el aire colgados de las orejas. Estoy desubicada y ¿qué esperaba? No pertenezco a este tiempo. Una idea se forma en mi cabeza, si estoy en el pasado… ¡Frewin está viva! Un impulso me lleva a correr hacia el palacio, seguro que está allí. Llego hasta el puente de cristal que cruza el inmenso lago hasta la enorme puerta ornamentada. Poso un pie sobre él, pero un fulminante pálpito hace que recule. ¿Qué pretendo? No me recordará. Es más, ni siquiera existo. Deshago el camino andado para alejarme de este lugar. Sí, mis ancestros están aquí, pero ¿qué van a solucionar ellos si no lo han hecho antes? Las abarrotadas calles me agobian. Me voy de aquí.

Antes de cruzar la última colina echo un vistazo atrás. La ciudad se ha hecho pequeña a mi espalda y vuelvo a llenar mis pulmones de aire con aroma a magia. Debo convertir mi impotencia en soluciones, con el coraje que embarga mi alma, traeré la libertad a este planeta. Creo que la mejor opción es regresar a dónde esta locura comenzó. Si no recuerdo mal y sigo por estos caminos en unas horas llegaré al templo.

Recapitulo lo acontecido en estos días y quizá debería de haber aprendido algo, pero ¡sigo más perdida que un pollo intentando alzar el vuelo! He visto a mi padre e intenté buscar su consuelo. Ahora lo único que tengo es un cabreo monumental. Me han arrebatado a todo el que quería y aquí estoy, apretando los puños como si el cuello de Axel estuviera entre ellos, esperando escuchar el crujir entre mis manos. ¡Maldito desgraciado! ¡No debí marcharme! Tendría que haber regresado para matarlo, o quizá morir… En ambos casos el dolor que siento se hubiera terminado, pero no. No porque soy… ¿Quién demonios soy? Tengo mucho odio en mi corazón y no dejo de imaginar finales alternativos a toda esta tragedia. Todos relacionados con la muerte. Sin embargo, el rostro de Elas aparece entre la hecatombe de mis pensamientos y, de nuevo, no puedo controlar las lágrimas. Qué asco me da tener que estar llorando por culpa de... ¿Axel? Si es así, no entiendo por qué el remordimiento me martiriza.

El ajetreo entre los ramajes de los árboles me distrae de la furia contenida. Siento la electricidad y la fuerza de las energías recorrer mi cuerpo. Mis manos se iluminan con un fulgor rojizo, me preparo para atacar… Las hojas moradas de las copas se agitan con fuerza y llego a ver un pequeño animal de cuerpo negro y peludo con la cabeza blanca. ¡Es Yumi! Espera, no hay solo uno… ¡Es toda una manada! Me miran durante unos segundos y siguen su camino. No sé por qué, pero decido seguirles. Me duelen demasiado los pies y no consigo alcanzarlos. Se escapan sin remedio cuando un calambre recorre mi cerebro. Siento el titilar carmesí de mi ojo negro. Me agarro con fuerza la cabeza, me mareo… No sé qué me ocurre. Mis piernas pierden fuerza, mis brazos se acaloran y un escalofrío sube por mi columna vertebral hasta la nuca. Caigo al suelo y todo se vuelve oscuro.

Comienzo a notar el aire fresco y despierto. Sigo aturdida y ya se ha hecho de noche. Estoy rodeada de árboles, en medio de un claro iluminado por la luz de las lunas que parecen observarme expectantes. Atisbo mí alrededor y en la lejanía veo un puente de piedra, atestado de vegetación, que cruza el río. No puede ser… He llegado, estoy en el sitio exacto donde debería estar el templo de las Estrellas, pero aquí no hay nada. Resoplo frustrada. No tengo dónde ir. Me vuelvo a tumbar en el suelo y me acurruco en mitad de la nada. Estoy demasiado cansada, no puedo más. El sueño me vence.




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