En el nacimiento del universo infinito se crearon las galaxias, las estrellas, los planetas, el tiempo y la magia.
La magia reside en la energía invisible, pero perceptible que equilibra el universo, haciendo que todo funcione en perfecta armonía bajo la protección de tres Guardianas de Luz. Ellas son las hijas personificadas del cosmos, seres superiores e inmortales, pues ellas son magia y esta nunca muere.
Eones atrás, las Guardianas decidieron hospedarse en Namásium, el planeta más antiguo de todos los planetas habitables, que se esconden en las profundidades de las galaxias que forman el firmamento. Está coronado con tres lunas, una grande y azulada que ocupa gran parte de su horizonte, otra un poco más lejana de color rojizo que señala los días con cada una de las vueltas alrededor del planeta y, por último, otra más lejana y plateada que brilla con luz blanca señalando los años con cada traslación. Su cielo nocturno es un espectáculo estelar digno de ver, cuando la luna rojiza tapa la luz de su sol y trae la oscuridad, deja ver las maravillas astronómicas de una forma inigualable: surcando la bóveda celeste, un manto de estrellas, unas más grandes que otras, brillan rojas, blancas y amarillas sobre una ancha nebulosa trazada en púrpura, por la mezcla de colores.
Las Llanuras de Mikas fue el lugar elegido por su paisaje despejado con grandes lagunas. Las tres Guardianas unieron las palmas de sus manos llevando a cabo un ritual y tras una explosión de luz crearon la piedra Cósmica, cuya forma era de dodecaedro, blanca, brillante y capaz de hipnotizar a cualquier ser que tuviera el privilegio de verla. La entregaron como ofrenda a los Áureos, raza colonizadora de entre todos los seres que vivían en aquel remoto lugar y, con ella, les fue entregado el don de la magia. Desde entonces, aquellas llanuras pasaron a ser Tierra Sagrada. Las Guardianas levantaron de la nada un imponente palacio donde salvaguardar la piedra.
La familia Rissal, que habitaba aquellas Sagradas Llanuras, fue la elegida por las Guardianas de Luz para proteger la piedra cósmica, desde entonces, aquella responsabilidad pasó de padres a primogénitos. Su primer mandato como soberanos, fue romper las fronteras impuestas que dividían el planeta en diferentes regiones según las razas, ahora todos eran uno a lo largo de todo el planeta, sin más regentes ni soberanos que la familia Rissal.
Los milenios pasaron en relativa paz, pues algunas razas pretendieron hacerse con el poder de la piedra para apoderarse de su magia, pero los Áureos siempre consiguieron protegerla, y dichas razas encontraron su extinción en guerras que no pudieron soportar. Hasta que un igual se enfrentó al soberano y, a traición, se hizo con el poder. Esclavizó Namásium sellando sus fronteras y arrebató el don de la magia a todos sus habitantes, siendo él y sus secuaces los únicos portadores.
Ahora nadie podría parar sus crueles intenciones…