El invierno en Tresva ya se dejaba notar. Imara terminaba de escribir las últimas frases que narraban la historia de Zeta, recogidas en un libro encuadernado, por ella misma, de terciopelo color verde y la estrella de ocho puntas en el centro. Lo colocó sobre una estantería, donde Sagor guardaba los frascos con ungüentos de colores llamativos. Había redecorado la casa árbol con algunos muebles nuevos para que ella, Frewin y el bebé pudieran vivir cómodamente, el resto lo dejó tal y como el viejo Sagor lo tenía. Su alma seguía allí.
—¿Ya has terminado el libro?
—Sí Frewin. Le echo tanto de menos…—suspiraba Imara, mientras intentaba acomodarse todo lo que su enorme barriga le dejaba.
Aquella noche el alumbramiento llegó sin esperas. Frewin dejaba en brazos de Imara una niña sana, de piel clara y una pelusilla sobre su cabeza que dejaba entrever que era pelirroja. Sin duda se parecía a su madre, excepto por un detalle que dejó ver la pequeña al querer observar lo que había a su alrededor, un ojo negro como las profundidades del universo y otro azul claro acariciado por la magia de su padre.
—¿Cómo se llamará?
Imara meditó durante unos segundos.
—Ella es hija de las estrellas. Su nombre será Estrella… Estrella Rissal.
Justo al terminar la frase, una intensa luz blanca se notó tras la puerta, entrando por las rendijas e iluminando todo. Imara salió fuera con la pequeña en brazos, Frewin iba detrás. La luz bajó su intensidad. Comenzó a tomar forma: piernas, brazos, un torso. Aquella silueta alzó uno de sus brazos y acercó su mano hasta acariciar la cara de Imara. En ese instante se personificó. Zeta había vuelto. Imara no pudo controlar las lágrimas, dejó a Estrella en brazos de Frewin y se abalanzó a sus brazos. Entre sollozos preguntaba cómo había vuelto, era imposible, había muerto.
—Muerto no es la palabra. Todos somos energía y en el universo estaba la mía. El Cosmos me ha brindado su favor.
Frewin y Zeta se miraron, mientras Imara seguía aferrada a sus brazos, los dos sabían qué significaba aquello. Ahora eran hermanos.