N.A.R.A

Capítulo 19: un mundo al descubierto

El rugido de los motores de la pequeña aeronave se fue apagando poco a poco hasta convertirse en un zumbido suave y constante, mientras descendía entre los esqueletos de antiguos edificios que se alzaban como sombras sobre la ciudad. Al tocar el suelo, una nube espesa de polvo y arena se levantó a su alrededor, envolviéndola por unos segundos.

Kizara observaba por la ventanilla con mirada pensativa.

—Hace mucho que no venía a este distrito... Solía ser una zona muy vigilada.

Nara consultó al instante los datos que proyectaba en su visor, mientras escaneaba cada calle y esquina a su alrededor.

—Anteriormente, la probabilidad de ser detectadas aquí era del noventa y cuatro por ciento —explicó con calma—. Pero tras la redistribución de patrullas que descubrimos en la base de la IA Central, el riesgo ha descendido hasta el doce por ciento.

Kizara sonrió con satisfacción mientras desabrochaba su cinturón.

—Entonces toda esa información que conseguiste valió la pena de verdad.

Nara simplemente asintió, sin añadir comentarios innecesarios.

Ambas descendieron de la nave. El silencio que las recibió era casi absoluto: no había el zumbido constante de los drones, ni el ruido de vehículos, ni siquiera señales de actividad humana. Solo el viento que recorría las avenidas vacías, moviendo la vegetación que poco a poco iba cubriendo el asfalto y trepando por las fachadas derruidas.

Era extraño, pero agradable. Por primera vez en décadas, parecía que la ciudad volvía a respirar.

Kizara estiró los brazos y las piernas, recuperando la movilidad después del viaje.

—Bueno... —dijo, ajustándose la mochila al hombro—. Hora de ir a buscar tesoros.

Nara ladeó ligeramente la cabeza, corrigiéndola con su tono habitual.

—Corrección: hora de buscar materiales útiles.

—Eso no suena tan emocionante —se quejó la joven con una sonrisa.

—Pero aumenta la precisión de búsqueda en un treinta y siete por ciento —respondió la androide con total seriedad.

Kizara soltó una pequeña risa.

—Está bien... materiales. Vamos.

Comenzaron a recorrer el interior de lo que años atrás había sido un enorme centro comercial. Los escaparates de cristal estaban rotos y vacíos, las escaleras mecánicas inmóviles y cubiertas de óxido, y los árboles y arbustos habían roto el suelo de mármol, reclamando lentamente aquel espacio para la naturaleza.

Nara se detuvo frente a lo que había sido un local de electrodomésticos. Sus ojos, uno azul celeste y el otro dorado, se iluminaron levemente mientras escaneaba el interior en profundidad.

—Objetos de interés detectados.

Kizara se acercó con curiosidad.

—¿Hay algo que podamos aprovechar?

—Mucho —respondió Nara antes de entrar.

Dentro, los estantes estaban volcados y casi todos los aparatos cubiertos por una capa gruesa de polvo acumulado durante décadas. Kizara comenzó a revisar lo que encontraba, levantando primero una vieja aspiradora.

—¿Esta sirve de algo?

Nara la escaneó en menos de un segundo.

—Contiene un motor eléctrico de alto rendimiento, bobinas de cobre en excelente estado y un sistema de turbina reutilizable. Clasificación: aceptable.

—Perfecto, entonces va para la nave —dijo Kizara, guardándola con cuidado en una caja de transporte.

Un momento después, levantó un ventilador de pie.

—¿Y este?

—Motor de corriente continua, rodamientos recuperables y un sesenta y ocho por ciento de su cableado en condiciones óptimas. Clasificación: recomendado.

—Mejor aún.

Siguió buscando y encontró una tostadora pequeña.

—¿Esta también sirve para algo?

Nara observó su estructura por unos segundos.

—Resistencias de nicromo de alta calidad. Son ideales para construir hornos de precisión, o para procesos de fundición de metales a pequeña escala.

Kizara abrió los ojos sorprendida.

—¡Jamás habría imaginado que una simple tostadora pudiera servir para tantas cosas!

—Los humanos diseñaban dispositivos muy diferentes, pero utilizando los mismos principios físicos y materiales —explicó Nara—. Solo cambiaban su propósito final.

—Interesante...

Mientras hablaban, la androide se dirigió hacia el fondo del local, donde un enorme refrigerador industrial quedaba atrapado bajo varias vigas de concreto caídas. Se agachó, sujetó una de las columnas con ambas manos y, con absoluta naturalidad, comenzó a levantarla.

El bloque, que pesaba varias toneladas, ascendió lentamente como si apenas tuviera peso, sin que Nara mostrara el menor esfuerzo.

Kizara levantó la vista, con la boca entreabierta. A pesar de lo que ya había visto, cada vez que presenciaba su verdadera fuerza seguía quedando impresionada.

Una vez retirados todos los escombros, Nara inspeccionó el aparato.

—Compresor en perfecto estado y sistema de sellado intacto. Clasificación: excelente adquisición.

Kizara asintió, tomando nota mentalmente.

—Cada día entiendo menos cómo sabes para qué sirve cada pieza.

—Forma parte de mi base de datos industrial —respondió Nara mientras desmontaba con precisión quirúrgica la puerta y los componentes principales—. Con suficientes de estas piezas podremos reparar o construir todo tipo de equipos.

—¿Como cuáles?

—Sistemas de refrigeración, purificadores de agua, calefactores, cocinas eléctricas, incluso equipos médicos básicos.

Kizara dejó lentamente la caja que tenía en la mano, asombrada.

—¿De verdad podrías fabricar todo eso?

—Sí —afirmó Nara con seguridad—. Siempre que dispongamos de los materiales adecuados.

La joven sonrió, sintiendo una esperanza que no había sentido en mucho tiempo.

—Entonces ya no estamos buscando solo chatarra vieja...

Nara detuvo su trabajo por un instante y la miró a los ojos.

—Estamos buscando el futuro.

La respuesta salió con tanta naturalidad y convicción que ambas se quedaron en silencio por unos segundos.




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