27 días antes del secuestro.
Alexander Ferrer
He sido detenido injustamente por una loca demente que no entiende que lo nuestro fue algo de una noche hace más de 5 años, antes de conocer a Bárbara.
Aquí el que debía de alzar la denuncia tenía que ser yo por sus constantes amenazas, Luc me lo dijo, pero por no querer problemas ahora estoy en uno mucho mayor y grave.
En este momento todo el mundo sabe la gran noticia.
Esto arruinara cada uno de mis negocios. Eso es seguro.
Lo único que me consuela es que Bárbara confía en mí, ella sabe que jamás dañaría a alguien del mismo género que es mi hija.
No podría hacer lo que no me gustaría que le hicieran a ella.
No yo.
He pasado alrededor de 24 horas sin estar al lado de ambas.
Odio que las necesite como el aire mismo para vivir.
Pero también me tranquiliza saber que están a mi lado.
Después de tanta espera, llega Morgan.
Una de las mejores agentes del FBI.
—Señor Ferrer, dado que ninguna prueba ha sido concreta, queda bajo libertad sin restricción alguna. —dice mientras me quita las esposas.
—Le dije que no tardaría más de 48 horas dentro y no me equivoque.
—He de admitir que cometí un error, pero como sabrá…
—La justicia es lo más importante para mí. —susurro cansado de sus mismas palabras de siempre— Fue un gusto volver a verte y saber que estas bien.
—¡Oye! Cuando este en el trabajo háblame con respeto. —reclama.
—Si bueno, en este momento el que exige respeto soy yo. —le digo con una sonrisa en el rostro. Una que solo 3 personas logran sacar de mí.
Suspira. —Bien, tan solo vete antes de que me arrepienta y te encierre una vez más.
—Vaya, si esa es tu manera en decirme te quiero, la aceptare por esta ocasión. —menciono antes de comenzar a salir— Tan solo espero verte cuando mi hija haya nacido.
—Sabes que no podre … aún no estoy lista para dar ese paso, y no quisiera cometer una locura. —menciona nerviosa.
Suspiro. —Nunca vas a rendirte, ¿cierto?
—Cuando tengas a tu hija sabrás lo que es no rendirse por ellas. —responde antes de marcharse, dejándome con las palabras en la boca.
Discúlpame por no haber hecho nada.
🍼🧸
Salgo de la camioneta en cuanto se detiene enfrente la puerta de mi hogar.
Paso ignorando a todos y solo me concentro en buscar a una persona.
Hasta que Stefan se acerca impidiendo que de otro pasó.
—Señor, el joven James se encuentra en una de las habitaciones, fue orden de la señora.
—De acuerdo.
James en casa…
Comienzo a subir los escalones hasta llegar a nuestra habitación, al entrar encuentro el cuerpo de mi mujer tendido en la cama, abrazada a una almohada.
Me acerco lentamente hasta ponerme a su altura y posicionó mi mano en su vientre, en donde enseguida siento a mi hija.
—Hey, alguien estaba esperando a papá —murmuró en voz baja—. También las extrañe pequeña.
—Alex…
—Shh. Todo está bien cariño. —le digo mientras me acercó a su rostro.
—Regresaste… ven y abrázame por favor. —dice con voz adormilada.
Hago caso a su petición y me posiciono a su lado, trayéndola a mis brazos para acomodarla.
Una vez encuentra la posición perfecta, queda profundamente dormida.
Miro cada una de sus facciones y las grabo en mi mente como todas las noches.
Cada uno de los gestos que hace al dormir, su pequeño murmurar, sus labios, todo en ella es tan hermoso.
Aún recuerdo cuando la conocí…
Con un pantalón de pijama rosa, blusa negra fuera de su talla, con el cabello alborotado… como si apenas se hubiese levantado cuando en realidad ya era más de medio día.
Sonrió al recordar ese momento y comienzo a mimarla como le gusta.
Veo la hora y me sorprendo al ver que ya es pasada la medianoche.
Quisiera poder cambiar mi vestimenta, pero decido no hacerlo.
Por esta ocasión.
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Editado: 07.01.2026