Narel

Capítulo 6

17 días antes del secuestro.

Alena Morgan

—¿No hay nada? —preguntó mientras llego a la comisaria.

—Nada, ya los peritos analizaron las pocas pruebas que se han encontrado y regresamos a lo mismo: es él. Pero fuera de, sabe esconderse bien, llevamos siguiéndole el rastro desde hace más de 4 años, y siempre desaparece…

—A excepción de noviembre, diciembre y enero… Los tres meses preferidos para nuestro cazador.

—Es correcto, también nos han avisado que ya hay cuatro autopsias… —lo interrumpo.

—Espera… ¿Qué? ¿Como que cuatro autopsias de treinta y cinco cuerpos?

—Morgan, sé que es estresante la espera, pero mandaron un informe en donde dicen que, en su mayoría los cuerpos ya están en estado de descomposición, las cuatro autopsias que ya están son de las victimas más recientes, también, el practicar una autopsia en un cuerpo que ya está en estado de descomposición, lleva tiempo.—comenta mientras caminamos hacia una d las oficinas.

—Tiempo es lo que nos hace falta —murmuró tomando las llaves de mi auto—. Mientras más tardamos, más víctimas se lleva el cazador. No podemos seguir así.

—Lo sé, pero debes de mantener la calma, lo mejor sería ir a la morgue y que nos den bien los informes.

—No por nada traigo las llaves. —digo y con eso nos encaminamos al lugar en donde nos darán respuestas.

Una vez llegando, cuando me dispongo a salir del auto, pero Andrés me detiene.

—Alena…

—Hay más. —no es pregunta, es afirmación.

—Lo hay, entre esos cuerpos, se encontraron señoritas de alrededor de veinte años embarazadas… les quitaron a sus hijas no más de siete meses —me mira—. Te digo esto porque, se lo que te afecta, y enserio, si quieres puedo hacerme cargo de este caso, no quiero exponerte ya has hecho mucho con…

—No. No abandonare esto, no cuando hay una posibilidad de que él sea el responsable de todo lo que paso.

—Se que es imposible que te des por vencida, pero esto poco a poco te ira matando. No puedes vivir con la idea de que lo encontraras. Sabes bien que quizás ya está muerto, la persona que encontramos… ¡fue el!

—No, no fue el. —niego una y otra vez.

—Alena… es la única persona que coincide en todos los registros de hace tres años. Él lo confeso.

—¡Es que no Andrés! Entiéndeme —me sobre exaltó—. Mi instinto como madre me lo dice. No fue el. Jamás fue el.

—La psicóloga…

—¡Que se vaya al carajo la psicóloga y sus jodidos expedientes! No fue el —grito exaltada—. Andando.

Se bien que, Andrés se preocupa por mí y agradezco eso, pero que me quiera convencer de algo que no es verdad, me enerva.

Se bien lo que dijo la psicóloga.

Me sé de memoria la maldita declaración de esa persona.

Pero algo me dice que no es el.

No fue el.

Entramos y todo esta como siempre: solo.

Sin ningún ruido.

Cuando recién comencé con mi trabajo, la primera semana que vine y me dieron el expediente, no pude dormir una semana entera.

El ver los cadáveres, leer los expedientes, imaginar todo lo que sufrieron antes de morir… es una pesadilla.

Recuerdo que, mi superior, hablo conmigo y me dijo: Si no eres capaz de sobrellevar esto y hacerte a la idea de que vivirás día a día estas situaciones, no eres apta para el trabajo.

Aunque estuve a punto de irme, resistí.

Tenía que hacerlo, primero porque, fue una promesa que me hice a mí misma en ese lugar: atraparlo.

En segundo, porque desde pequeña me gusto esto, afrontarlo era parte del proceso, y el proceso me ha traído hasta este lugar.

—Señorita Morgan, joven Andrés… Los estábamos esperando —dice Squiapelli, el patólogo forense—. Hasta el momento hemos obtenido cuatro autopsias de las treinta y cinco personas, todas mujeres, y entre ellas, quince embarazadas, de ocho meses, eso sí… no solo eran esos cuerpos —dice mientras comienzo a leer los expedientes—, dos bebes de tres meses.

—¿Qué dijiste? —preguntó concentrado mi atención en él.

—Si, revisando más allá, encontramos dos pequeños bultos —respira profundo—, mismas marcas, mismo patrón que el de todas.

—Es él. —murmuran a mi lado.

—Llévame con ellas.

Caminamos por varias puertas con diferentes cuerpos e historias, pero todas con el mismo final.

Llegamos a una en específico, Squiapelli la abre y me deja pasar primero.

Escucho el ritmo de mi corazón, mi respiración se vuelve más erradica, todo en mi entra en un estado de tensión, es como volver al pasado.

Un pasado tormentoso e irreversible.

—Fueron sacadas del vientre de las madres de manera abrupta, de algún manera, a nuestro cazador, porque fue el —lo miro atenta—, le gusta ver la agonía de sus víctimas. En las primeras dos autopsias que tienes —señala los documentos en mi mano—, ahí podrás leer el trauma psicológico que vivieron, también ahí están los datos de las chicas, en la segunda hoja.

Comienzo por revisar cada uno de los datos expuestos:

Información general: nombre, edad, nacionalidad, genero.

Examen externo: descripción del cuerpo, marcas, cicatrices, tatuajes, etc.

Examen interno: análisis de sus órganos y las muestras de tejidos.

Leo todo, hasta que algo más llama mi atención:

—Cambio el modo operandi, mira… —le muestro a Andrés.

—El cazador siendo cazado… después de tres años, casi cuatro con la misma forma de operar, ha decidido renovarse.

—No solo en el MO vean esto… —busca la última hoja y nos la muestra—, miren la firma de hace tres años con la firma actual de las victimas encontradas.

N.E (firma pasada) E.N (firma actual)

—Hace tiempo llegamos a la conclusión de que es su nombre.

—Está jugando con nuestra mente, sabe cómo tenernos ocupados, el poner ambas iniciales e invertirlas, para alguien nuevo sería difícil descifrarlo.




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