Narel

Capítulo 9

15 días antes del secuestro.

Bárbara Ferrer

Escucho a lo lejos el pitido de una máquina que marca el ritmo de mi corazón, ese aparato cada vez suena más rápido, indicando que algo va mal.

Intento abrir mis ojos, pero no puedo. Es como si una venda estuviera alrededor de ellos impidiéndome ver.

Escucho el grito de Alexander, quien dice a lo lejos que manden a traer al alergólogo.

Habíamos charlado sobre los riegos de la anestesia, y quedamos en que el doctor estaría para llevar el control de la operación y buscaría una manera más efectiva sin que hubiese algún daño colateral.

Le hemos llamado. Pero no llego.

La cesárea estaba programada para la semana siguiente o en dado caso, el parto seria hasta que llegara el momento adecuado, pero bueno… no siempre todo lo que planeamos sale tal y como lo esperamos.

Comienzo por luchar para que el oxígeno llegue a mis pulmones, pero no lo consigo.

Y en un arrebato, abro los ojos.

🍼🧸

—Muy bien, ahora mira hacia arriba —hago lo que me indica—, bueno pues al parecer todo está en perfecto estado, no hay alteración alguna, no descartando la dificultad que hubo en la cesárea, como saben, no podemos realizar estudios hasta que no pase un lapso de 72 horas, entonces… mi recomendación seria que estés aquí hasta que nos aseguremos de que todo salió bien. —comenta entrelazando la mirada entre Alexander y yo.

—¿Cómo está mi hija?

—Esta triste, porque no ha podido sentir los brazos de su madre, pero… —mira a la enfermara quien sale al recibir un asentimiento por parte del doctor—, eso se puede solucionar en cuestión de minutos.

—Muchas gracias por venir. —menciona a mi lado.

—No deben de agradecer nada, soy yo quien les debe una disculpa por no llegar a tiempo, es solo que…—sonríe—, nuestros hijos siempre harán hasta lo inimaginable por querer que nos quedemos un momento más a su lado, es algo que entenderán con el paso de los años.

Cuando estoy a punto de hablar, entra la enfermera que salió, con una cobija de color rosa pastel.

Observó con emoción y lágrimas en los ojos como se acerca a paso medio y una pequeña y delicada mano se alza mientras balbucea cosas ilegibles.

—Miren quien estaba ansiosa de ver a su mami…

—Hola mi amor… —susurro con voz entrecortada al momento en el que la sostengo.

Observo como abre sus ojitos y una pequeña sonrisa comienza a adornar su rostro a media que sus mejillas se ponen rojizas cuando ve a su padre.

—Es una mini copia tuya, delicada y hermosa.

—Lo es, pero sacara la fuerza y al mismo tiempo la fiereza de su padre… eso es seguro. —nos quedamos callados y solo nos dedicamos a observarla.

Es una pequeña de cabello negro, ojos como los de su padre: azules con pequeñas notas verdes en su iris, su nariz es tan pequeña… es lo único que ha sacado de mí, porque incluso la boca es de Alexander.

¿De donde dice que es una copia mía?

—Mi padre ya ha de venir en camino, cuando le dije me reclamó sobre porque no le llamamos en cuanto ingresamos al hospital.

—Le pediré una disculpa por eso, es solo que… venia cegada del miedo que no me puse a pensar en otra cosa más que no fuera en nuestra hija.

—Tranquila, que aquí la miré, se le pasar el enojo. —me guiña el ojo y reímos.

—¿Se puede…? —dice a la vez que entra la misma enfermera— Solo venía a decirle que la hora de comida ha llegado para la pequeña, por si gusta que la ayude.

—Claro que sí…

Me indica como debo de acomodar a mi hija para su alimento y observo como Alexander pone atención hasta en el más mínimo movimiento, tanto de mi parte, como en la de la enfermera.

Una vez acomodada mi hija, procedo a descubrir mi seno para acercarlo a mi hija.

Se aferra a mi piel como si no hubiera mañana, como si supiera que su padre esta más que celoso al verla porque no es el quien está en su lugar…

—Deja los celos de lado por favor… es tu hija.

—Intente por meses mentalizarme que tendría que compartirte… pero dios… que envidia.

Suelto una carcajada al oír lo que sale de sus labios.

—Por favor… Es nuestra hija.

—Solo porque es mi niñita la perdono.

—Y aunque no fuera niña, lo perdonarías por el simple hecho de ser tu hijo. —comento con la mirada en él.

Suspira mientras sonríe. —Tienes razón.

Pasan los minutos y mi hija cae rendida sobre mis brazos y los de su padre.

Quedo embobada en su pequeño respirar que trae consigo sin fin de esperanza a mi ser.

A medida que la observo dormir, comienzo a cerrar mis ojos por él cansancio que llega repentinamente.

Y sin más, caigo sobre mi esposo dormida.

Nota de autor

Querido lector... No saben lo que me emociona leer a mi querida Barbs y a Alexander en modo papás... son tan... tan... tan no se como...

En fin, esperó que disfruten este capítulo, nos vemos en la próxima actualización

Me pueden encontrar en Instagram como: sinai.rosales.r y en tiktok: @sinai_rosales para adelantos o cualquier aviso sobre la historia.




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